Tiene la palabra
Carta en respuesta a abogado vasco sobre la ETA
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Al leer la entrevista que LA REPUBLICA le realizara el 16 de abril al abogado vasco Joseba Agudo sentí que había llegado la hora de expresar el punto de vista no sólo mío sino de muchísima gente de izquierda, militantes de toda la vida, acerca de la relación entre los hechos del Filtro, la izquierda uruguaya, la ETA y el conflicto vasco. Como soy de los que creen que el que calla otorga, escribí un extenso artículo que fue contestado por Agudo el 18 de mayo. Tendrá que perdonar el diario el abuso, pero esta polémica merece el espacio utilizado, por lo tanto solicito a usted la amabilidad de publicar esta carta en respuesta a la que le enviara el abogado Agudo. Le saludo con mi mayor estima y respeto.
Para contestar la carta de Agudo, publicada el 18 de abril, respondiendo a mi artículo en torno a su presencia en Uruguay, la ETA y la izquierda, lo primero que tenemos que preguntarnos es cuál es actualmente el principal problema para el pueblo vasco. Dice este abogado que es «el de los nacionalismos totalitarios español y francés». Vamos por un instante a aceptar esta afirmación como una hipótesis. Hagámonos entonces una segunda pregunta: ¿cómo se expresa ese totalitarismo?, ¿son discriminados los vascos por los españoles?
Más de un desprevenido se sorprendería al saber que el País Vasco se rige por un estatuto aprobado por referéndum que crea sus propias instituciones de autogobierno y que goza de un marco de competencias exclusivas amplísimo, lo que le otorga a sus ciudadanos una autonomía superior a la de cualquier otra región europea, incluidos los länder alemanes.
Además, esta Comunidad Autónoma disfruta de una capacidad propia de recaudación de impuestos, de una policía autónoma vasca, así como de una televisión y radio públicas vascas que emiten en vasco, que se reconoce como lengua oficial. Por si esto fuera poco, aquí gobiernan ininterrumpidamente los nacionalistas vascos, solos o en coalición, desde que entró en vigor la Constitución, controlando esos medios de comunicación y la educación, además de haber establecido la bandera, el himno y hasta el nombre de Euskadi. El Parlamento se renueva periódicamente por voto popular, la libertad de expresión es irrestricta y no creo que ni al más recalcitrante ultranacionalista se le ocurriría decir que los ciudadanos vascos son discriminados con respecto a los andaluces, gallegos o asturianos (por nombrar algunos).
Hagámonos entonces otra pregunta: ¿será que a pesar de esas amplias libertades civiles y políticas el País Vasco es presa de la expoliación de sus recursos naturales y sus riquezas a favor de otras regiones, o que sus ciudadanos tienen menores posibilidades económicas que los demás españoles? Aquí puede redoblarse la sorpresa ante la realidad de una Comunidad Autónoma Vasca que es la segunda región española (entre 19) en la distribución de la renta nacional, con un 47% por encima del promedio nacional. Que es la de mayor crecimiento económico. Que es, junto a Cataluña, la que mejor tratamiento recibe del Estado español desde el punto de vista fiscal. Es, además –lo que más importa–, la que tiene el nivel de vida más alto de España.
Creo que este último punto es especialmente importante a la hora de hablar acerca de la solidaridad internacionalista mencionada por Agudo. Para hacerse acreedor de la misma, no alcanza con sacar un cartel que diga «soy de izquierda». La lucha anticolonialista y antiimperialista que sacude el tercer mundo en los 60 y que origina los movimientos de solidaridad en todo el mundo tenía causas estrictamente económicas, era la lucha de los pueblos explotados contra las estructuras económicas que los mantenían –nos mantienen–en la pobreza. No parece el caso vasco.
Uno se pregunta, entonces… ¿cuál es la expresión de ese «nacionalismo totalitario y jacobino español» que tanto tanto aflige a Agudo? ¿El que el País Vasco no sea independiente? ¡Pero es que para eso primero tienen que convencer a la mayoría de los vascos! y para eso están los mecanismos democráticos, que por otro lado utilizan aunque desprecien. En las recientes elecciones, Euskal Herritarrok, el sector que representa políticamente a la ETA, los que quieren ¡independencia ya! ha obtenido apenas un 7%, lo que exime de mayores comentarios acerca de su apoyo popular. El 93% restante se divide casi a partes iguales entre independentistas moderados y quienes están en contra, pero la discusión de ese 93% es entre partidos que siguen los carriles del juego democrático, lo que implica intentar ganar adeptos (votos) para una u otra posición con argumentos y no eliminar físicamente al adversario. Vuelvo entonces a la pregunta inicial: ¿cuál es en la actualidad el principal problema para el pueblo vasco? Las encuestas realizadas recientemente allí –y un mínimo sentido común– señalan que para los vascos el problema principal no es la independencia sino el terrorismo y la violencia.
Agudo despacha el problema muy fácilmente con un «reconozco que hay una violencia ejercida por vascos independentistas…» (bueno estaría que lo negara) para luego hablar de «la práctica sistemática de la tortura, el trato degradante que se da en las prisiones a los presos políticos vascos y vascas», tema sobre el cual dice yo no quiero hablar. No tengo inconveniente en hablar de ese tema, pero es difícil darle credibildiad a quienes por un lado hablan de derechos humanos y por otro aprueban el terror y el asesinato cuando conviene a sus ideas políticas sin que se les mueva un pelo.
Recomiendo, además, a quien le interese el tema, tomarse el trabajo de investigar en Internet la situación que Agudo denuncia en los webs de Amnistía Internacional, la Comsión Europea de Derechos Humanos o el Comité para la Prevención de la Tortura. La situación que plantean es bastante diferente a la denunciada por el abogado vasco.
En el fondo, lo que me exige Agudo cuando se enoja por el tono de mi artículo es tolerancia, sin darse cuenta de que la tolerancia no tiene que ver con el tono de una discusión, sino con la actitud con que se enfrentan las ideas del oponente cuando no coinciden con las propias. Yo puedo discutir duramente, hasta agriamente con Agudo, pero no se me ocurre ni por asomo que mis divergencias con él me den derecho a darle un balazo en la nuca.
¿Suena exagerado? Pues eso es lo que hace la ETA en España. Es la intolerancia llevada a su extremo más salvaje. Que nadie me venga con el verso de que el «conflicto político entre Euskal Herría y el Estado español» se resuelve ejecutando de un balazo en la nuca a un profesor de derecho, a un concejal o a un periodista.
Ya es hora de que desde la izquierda dejemos de callar ante los demás lo que criticamos en voz baja entre nosotros. Basta de hipocresía. La construcción de una alternativa progresista en nuestro país nos exige también ante estos temas tomar posición con claridad y rectificar posturas aunque sea incómodo reconocer errores.
Si no, no tendremos autoridad para hablar de otros temas mucho más cercanos y dolorosos.
Fernando Salazar – C.I.: 2.796.223-9
Carta al presidente de Antel
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Por la presente Gloria Echeveste, que se ha comunicado con usted en anteriores oportunidades mediante fax vuelve a hacerlo, esta vez ya con el convencimiento de la imposibilidad por parte del ente de solucionar su problema utilizando el sistema Ruralcel.
A pesar de las modificaciones, que incluyen el cambio de mi equipo telefó
nico por el DAK-ONE, y la anexión de una atena, continúo con una velocidad de 4.800, velocidad increíble en estos tiempos. Dicha velocidad impide todo posible acceso a Internet e incluye un sinnúmero de dificultades en la emisión y recepción de E-Mail.
Por lo tanto, sin ocupar más nuestro valioso tiempo, distrayéndonos en vanas esperanzas, imposibles de concretar, solicito a usted se sirva conectarme nuevamente mediante el sistema de doble par físico, sistema que es el contratado por mí en ocasión de firmar el contrato con la empresa que usted preside.
Considero que también usted coincidirá en la justicia de mi reclamo y en la factibilidad de esta solución, ya que mi vecino más próximo, integrado a esa modalidad, se encuentra a una distancia corta, que hace esa solución completamente razonable. Sin otro particular, lo saludo, agradezco su atención y espero su respuesta.
Gloria Echeveste – C.I. 2.764.169-3
Plan Frío Polar
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Nuevamente este año se pondrá en marcha este plan. A paso rápido se están ultimando y puliendo detalles. Las autoridades abocadas al tema piden y solicitan que haya sensibildiad con los necesitados, indigentes, que viven a permanencia en la calle, con poca o ninguna alimentación buena o al menos aceptable, sin ninguna higiene, o lo más parecido a ella, sujetos a todo tipo de enfermedad lastimados en el cuerpo y el alma. Este «plan» apunta a un noble, muy noble fin: sacar (sólo durante tres meses y sólo en horario nocturno) a bebés, niños, adultos, ancianos sanos y/o enfermos, en situación de calle, y brindarles durante ese tiempo techo, abrigo, cena, desayuno y posibilidad de higienizarse. Este plan merece todo el apoyo de todos nosotros.
Haciendo una lectura de esta situación me causa tristeza, pena, angustia, amargura, dolor, profundo dolor y vergüenza propia. (Esta vez hasta me cuesta sentir vergüenza ajena) que haya personas en situación de calle, es una tragedia (nadie se llame a engaño ni mire para el costado o tema nombrar las cosas por su nombre). Saber que hay gente, personas iguales, tan valiosas como uno, por ser hijos de la naturaleza, la vida, la madre y ser, al mismo tiempo tan… distantes unos de otros y no deja de sorprender, asustar, sentir un gusto amargo en la boca, y un latir desordenado del corazón. Unos vivimos en casas, otros en cualquier rincón. A la intemperie. A la buena de la vida, unos comemos, nos abrigamos, hasta nos distraemos.
Los «otros» (iguales a nosotros) no tienen acceso a ello. El gran lujo es este (noble y bendito) plan que parafraseando con la amargura podemos decir que seres semejantes (criaturas de Dios) van a «disfrutar transitoriamente» el «estar alojados» en «hoteles de vida». Pero… aún se están completando los detalels… che ¡¡gente!! ¡¡Amigos!! ¡¡Autoridades, todos!! ¿Hoy no hace frío? ¿Hoy no comen? ¿No se higienizan? ¡¡¡Vamos!!!
Terminemos con esta aberración de «gente de la calle». El plan debe ser las 24 horas del día.
Y en las cuatro estaciones, porque sólo con el frío; además si es «polar», sirve de mucho. Y al mismo tiempo debería ser una escuela de vida y amor al prójimo. Mi reflexión (¿quedará sólo en eso?) es que entre todos, todos y para siempre, podamos, hoy aquí, ahora, ya revertir esta situación.
Todas las personas tenemos infinidad infinita de derechos. Todos, todos. Sin excepción. Y entre esos derechos están a manera de ejemplo, y para enumerar algunos; derecho a la vivienda, derecho al cuidado de la salud; derecho a la alimentación… ¡Ay! Dios mío.
Todos tenemos los derechos humanos. Son para todos, por igual. Es ley de vida, ley de igualdad, de unos y otros.
La Madre Teresa de Calcuta dijo: «Mantengan siempre vivo el amor hacia el más pobre de los pobres. No piensen nunca que dar de comer al hambriento, cuidar a los enfermos, ayudar al que no tiene casa, sea un tiempo perdido».
Si pensáramos e hiciéramos esto…
¡Cuánto bien nos haría a todos!
Sí, a la solidaridad.
Sí, a los derechos de todos y cada uno de nosotros.
Sí, a la vida.
¡Siempre!
Cordiales saludos.
Carmi Rauch – C.I. 866.784-6
A los lectores
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