Así en la tierra como en el cielo
Por Horacio Buscaglia
Días pasados les informé sobre un ladrón que fue atrapado porque pretendió que en la tienda donde había robado una radio se la cambiaran porque no funcionaba. Si la falta de profesionalidad de este chorro hacía pensar en cierta decadencia del antiguo profesorado de «cachiporra, malandrín y estafador», la noticia que comentamos a continuación parecería confirmarla.
En una zapatería de Medellín ubicada en un centro comercial unos ladrones se llevaron toda la mercancía expuesta. En total, 756 zapatos. Pero resulta que los ladrones no se percataron de un pequeño detalle: todos los zapatos de la vidriera robada eran del mismo pie, el pie derecho. La policía investiga una tal Asociación de Rengos que ofreció comprarle al dueño de la tienda los 756 zapatos del pie izquierdo.
Y hablando de afanes con los pies sobre la tierra, vamos a pasar a otros más sofisticados y «elevados».
La empresa Bentspace ha comenzado a ofrecer un servicio de correo elecrónico con extraterrestres, o mejor dicho, con el espacio. En realidad el servicio que comercializan es el siguiente: usted prepara un mensaje de correo electrónico de no más de 1.000 palabras, paga la cuota de diez dólares y la empresa se ocupa de transformar el mensaje en microondas y enviarlo al espacio. El cliente recibe un diploma que acredita el envío. Y que también acredita que el cliente es un gil de goma. Claro que, de repente, vale la pena gastarse esa guita por si acaso alguien contesta. ¿Habrá laburo por allá arriba como para mandar un currículum?
Pero eso no es nada. En el diario de ayer leo que un norteamericano decidió repartir las cenizas de su madre muerta por los 50 estados de EEUU y por 191 países. No se avivó que podía esparcirlas por todo el universo, ya que desde hace un tiempo hay una empresa en su país que manda cápsulas al espacio con las cenizas de los familiares muertos de quienes la contratan. Y además les dan un calendario con el día y la hora en que la órbita de ellos pasa por donde uno vive. ¿Qué tal? Aquello de que uno se va al cielo termina siendo realidad, claro que no se necesita ser un santo ni mucho menos. Sólo hace falta tener guita. Igual que en la Edad Media pero con más tecnología. Récord para el Guinnes: los camellos pasan por el agujero de una aguja.
Y hablando de guita y de negocios te cuento que en la web //www.lunarembassy.com/ podemos comprar una parcela en la Luna. O en Venus, que es más barato. La empresa asegura que tiene los derechos legales para vender parcelas en varios planetas del sistema solar.
Si andás con poca guita podés comprarte un terrenito en algún cometa. Eso sí, sólo podés ir de vacaciones cada 76 años. Hay gente para todo, hasta para leer esta columna.
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