Brotan en Montevideo grupos comunitarios de producción y consumo

Crean cooperativas barriales para enfrentar el desempleo

El pasado 13 de mayo, Día de la Madre, un grupo de mujeres y hombres vendió flores y plantas cerca de una sucursal de la empresa Devoto. Con actividades como esa, el grupo está reuniendo dinero para instalar un vivero en Curva de Maroñas.

El vivero, según sus impulsores, será un emprendimiento cooperativo, sin patrones ni jerarquías, y formará parte de una red que nucleará y coordinará a otras experiencias similares que ya están brotando en distintos barrios.

Tanto este proyecto como los otros que la red puede abarcar tienen el objetivo de crear fuentes de trabajo para gente que ahora carece de empleo o cuenta con ingresos bajos, dijeron a LA REPUBLICA Marta Camasso, Magalí Burgos, Decler Nogués, Marta Varvatsulis, Devorath Nogués y José Giménez, quienes forman parte del grupo que lanzó esta idea.

La ayuda mutua permitirá que la red planeada se consolide con financiación proveniente de un fondo común nutrido por los aportes que, de acuerdo con lo previsto en el proyecto, brinde cada una de las cooperativas integradas, agregaron.

Hay salidas

Todo parece indicar que esta idea ya prendió en vastos sectores, sobre todo en los barrios más afectados por el desempleo, donde ya hay varias cooperativas en formación según comprobó LA REPUBLICA.

Eso sucede por ejemplo en La Teja, Nuevo París, Maroñas, Cerrito de la Victoria, Belgrano, Malvín Alto, Cerro, Pajas Blancas, Casabó, Ciudad Vieja, Colón y varios asentamientos de otras zonas de Montevideo.

En Cerrito de la Victoria dice Mabel Correa: «Aquí varias personas estamos trabajando para crear una cooperativa chica de tejidos. Por ahora somos nueve mujeres y cuatro hombres. Tres de las mujeres no son del barrio, pero se acercaron porque también están desocupadas. Decidimos juntarnos porque creemos que ya no vamos a conseguir empleo en ningún lado. Esto de la cooperativa es una buena solución o la única que va quedando».

Gonzalo Fleitas Camacho cuenta en Colón: «Yo soy mecánico y desde hace 19 meses vivo de changas chicas que no dan para nada. Me junté con otra gente del oficio y estamos por abrir un tallercito. Vamos a laburar sin patrones, repartiendo entre todos. Tenés que buscar cosas como éstas porque si no terminás en un cante».

Saúl Ruglio, de Nuevo París, cree que las cooperativas y la autogestión constituyen una «excelente salida». Afirma:

«Yo estaba hasta hace dos años en una empresa de limpieza. Soy talabartero, pero de eso olvidate porque ese oficio ya no da para nada. Lo que hice fue juntarme con otros, entre ellos mi cuñado, y estamos haciendo baldosas. El mes que viene ya vamos a empezar los trámites para legalizar la cooperativa. Esto es lo que sirve. No hay mejor salida que esto de las cooperativas, aunque sean chicas».

También están naciendo grupos de consumo. En Malvín Alto informan Marisa Rubio y su esposo Luis Contreras:

«Ya somos 11. Algunos vecinos y otros no. Lo que estamos haciendo es comprar víveres al por mayor para abaratar los costos. Pero lo más importante es que también estamos produciendo verduras y frutas para nosotros mismos. Conseguimos un terrenito en Melilla y plantamos, no para vender sino para el consumo. Eso nos ayuda a sobrevivir, porque tenemos ingresos muy bajos. Y además nos gusta trabajar la tierra».

Crear ahora

Este nuevo movimiento cooperativo, aún incipiente pero con bases muy firmes, abarca a mucha gente afectada por cierres de empresas, reducción de personal o pronunciado declive de la actividad en sectores como la construcción, la industria textil, la metalurgia, la gastronomía, la pesca y la producción de zapatos, muebles y envases de vidrio, entre muchos otros.

El surgimiento de cooperativas chicas y medianas, en su gran mayoría montadas con muchísimo esfuerzo, se gesta casi en silencio, a partir de núcleos vecinales, familias, grupos de personas que sin relación previa se unen para crear su propia fuente de ingresos, y colectivos de hombres y mujeres que durante años trabajaron en una misma empresa.

Algunas de ellas, ya en pleno desarrollo, están obteniendo resultados que prometen muy buen futuro, como la que crearon ex obreros de Niboplast, y muchas otras aún transitan la ardua etapa del despegue. En ese marco cobra fuerza el proyecto de formar una red de cooperativas solidarias que Camasso, Burgos, Nogués, Giménez y Vartvasulis, integrantes de la Comisión de Apoyo a la Autogestión, ven como solución a los problemas causados por el desempleo creciente:

«La gente que ahora está desocupada puede tomar la iniciativa para crear su propia fuente de trabajo, como muchas personas ya están haciendo. No para repartirse ganancias sino para sacar un salario que ahora no tiene», dijeron a LA REPUBLICA.

A juicio de este grupo ya no es tiempo de esperar. Entiende que no habrá cambios significativos en la política económica que genera desocupación y se debe asumir que «si no creamos nuestro trabajo estamos condenados a la marginación o a emigrar».

En su opinión, «si algún gobierno se propusiera cambiar algo no podría hacerlo de la nada», y por lo tanto es urgente «comenzar a buscar ahora mismo alternativas que nos permitan generar ocupación».

Solidaridad

De acuerdo con lo que plantea este programa, cada una de las cooperativas tendrá como objetivo la consolidación de otras, tras cubrir las inversiones para insumos y gastos fijos y pagar los salarios.

Luego de asegurar la reinversión necesaria, todo el excedente será volcado al fondo solidario que servirá de respaldo financiero a los otros emprendimientos ya constituidos o en proceso de formación, cuyas actividades coordinará la red.

El control, la fiscalización y la administración del fondo correrá por cuenta de la red, concebida como un agrupamiento no jerarquizado, sin patrones ni «dueños», orientado democráticamente por las propias cooperativas, que abarcarán no sólo la producción sino además las tareas de distribución y venta.

Todos los rubros imaginables encajan en esta propuesta, abierta a cooperativas, tanto de producción como de consumo, que elaboren, reciclen, vendan, cultiven o intercambien con el propósito de abrir nuevos espacios de trabajo.

«Sólo hay una condición. Esa condición es el ejercicio cotidiano de la solidaridad, porque sólo con la solidaridad podremos abrir este nuevo camino», dice la Comisión de Autogestión.

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