Para la Universidad, la laicidad es un instrumento pacificador
El Consejo Directivo Central de la Universidad de la República (CDC) consideró que las prioridades en materia de educación «no pasan hoy por la discusión de la laicidad del Estado uruguayo», sino que existen otros temas a analizar, como el presupuesto para la enseñanza.
El miércoles de madrugada, el CDC emitió una declaración respecto al debate sobre la laicidad de la educación pública instalado por el presidente Jorge Batlle.
En la declaración se señala que «el principio de laicidad fue uno de los instrumentos pacificadores por excelencia del cual se valió nuestra historia y recibió, desde su instauración, una adhesión colectiva que lo coloca en las raíces de nuestra identidad nacional».
«Además de una opción política suprapartidaria, el principio de laicidad constituye un componente clave del quehacer universitario. Su consagración en la Constitución y en la Ley Orgánica de la Universidad garantiza la libertad de enseñanza e investigación, a través de la libertad de cátedra y del reconocimiento, ‘a los órdenes universitarios y personalmente a cada uno de sus integrantes’, del derecho a la más amplia libertad de opinión y crítica en todos los temas, incluso aquellos que hayan sido objeto de pronunciamientos expresos por las autoridades.
En ese plano, la laicidad del Estado es la única postura compatible con un auténtico pluralismo. Cuando en el año 74, con la Universidad intervenida por el Poder Ejecutivo de la dictadura, se quebrantó en forma flagrante dicho principio y se impuso la persecución por ideas a través de la mal llamada ‘Declaración de fe democrática’, donde fueron muchos los universitarios expulsados de los cuadros funcionales de la Universidad de la República por negarse a suscribir una declaración favorable a la intervención y la dictadura».
El comunicado agrega que para la Universidad «la laicidad no supone ni neutralidad ni indiferencia en el plano de los valores sino, por el contrario, un compromiso institucional permanente, tanto para sus órdenes como para sus órganos de gobierno».
Afirma que «siempre es buen momento para revisar y poner al día las convicciones colectivas y someterlas al libre examen y a la discusión, aunque se trate de poner en entredicho el concepto de laicidad. De ese examen sin preconceptos, este cuerpo entiende que la vigencia de este principio no puede sino salir fortalecida».
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