El padre de los tres niños calcinados cuenta cómo sigue luchando

Vivir y morir en barrio Ellauri

«Es difícil continuar luego de lo ocurrido. Con mi mujer estamos tratando de sobrellevarla. Tenemos una nena y eso nos da fuerzas para seguir luchando», dice José (29), mientras observa, buscando una explicación a tanto horror, los restos calcinados de maderas y chapas de la pieza que habitaba junto a su compañera, Mónica, y sus cuatro hijos, en Teniente Rinaldi 5166.

En el lugar, aún permanece en pie parte de la modesta vivienda que albergaba a la familia Rondán. Uno metros más adelante, en un improvisado galpón, se amontonan colchones, camas, ropa, un armario y una heladera; donaciones que la familia fue recibiendo tras el siniestro.

El lunes 14, cerca del mediodía, la madre de los niños salió de la vivienda en busca de su hija mayor, Jenifer de 6 años, que se encontraba en la escuela, indispuesta. En la finca, quedaron Gonzalo, Mariana y José Luis. Por motivos que aún se desconocen, el fuego se apoderó de la precaria vivienda y de otra aledaña devorándolas, literalmente, en minutos.

Los vecinos, alertados por el humo y los gritos de los niños, nada pudieron hacer. Pese al aviso a bomberos y los baldes de agua arrojados para combatir las llamas, los tres niños perecieron.

Una vez sofocado el incendio, las autoridades de la Seccional 17ª y efectivos del Cuartel Centenario, encontraron los cuerpos carbonizados de los pequeños. Los padres, víctimas de un ataque de nervios, debieron ser atendidos en el lugar.

«A pesar de la tragedia que nos tocó vivir, intentamos sacar fuerzas para continuar luchando. Tenemos una niña que nos da fuerzas, aunque se hace difícil», señala José, quien se desempeña como trabajador informal.

El dolor es tan intenso, dice José, que no pueden volver al lugar del siniestro. De momento, la familia vive en una finca cercana, a la espera de algún predio donde poder mudarse.

«Luego del incendio, mi hija mayor preguntaba por sus hermanitos. Ahora, cuando concurra a clases va a volver a preguntar. Siempre iban juntos a la escuela. Aquí no nos podemos quedar. Ni mi mujer, ni yo lo podríamos resistir», sostiene José.

Lo evitable

La tragedia, puso sobre el tapete la carencia de un destacamento de bomberos en el barrio. Máxime si se tiene en cuenta que, debido a la gran cantidad de viviendas precarias, construidas en su mayoría con chapas, cartones y maderas, las posibilidades de un siniestro de estas características, representa un riesgo potencial.

Al tiempo que los vecinos coinciden en afirmar que de existir un destacamento de bomberos en la zona el hecho podría haberse evitado, las autoridades estiman que se necesitan entre U$S 50 mil y U$S 70 mil para su puesta en funcionamiento.

Cifra poco representativa en el presupuesto total de una cartera de Estado, en este caso el Ministerio del Interior.

«Esto podría haberse evitado. Se paga un precio demasiado caro por ser pobre», dijo un vecino a LA REPUBLICA.

Aída, hermana de José, dijo que la dotación de bomberos en el Cuartel Centenario insumió casi 20 minutos en llegar al lugar. Otro vecino dijo a LA REPUBLICA que, tras el siniestro, los vecinos cronometraron el tiempo estimado desde el cuartelillo propuesto a la finca: apenas tres minutos. Incluso, en reiteradas oportunidades, la comisión de vecinos solicitó a las autoridades la puesta en funcionamiento del destacamento.

«Desde hace 14 años hay un cuartelillo a medio construir en Aparicio Saravia. Incluso, antes de lo ocurrido, mantuvimos una reunión con el ministro Guillermo Stirling, en el salón comunal de la obra del Padre Cacho y se lo solicitamos. Después del incendio, volvimos a reclamarlo pero, hasta ahora, no hemos obtenido respuestas. En estos casos, la diferencia entre vivir y morir es cuestión de minutos», manifestó Aída.

Solidaridad

Pese a la solidaridad de la población que de inmediato acercó a los damnificados ropa y muebles, aún queda mucho por hacer. La pérdidas fueron totales en la vivienda de la familia Rondán y casi totales en la finca contigua.

«La gente nos ha donado muchas cosas que no usan y que para nosotros son de gran utilidad. Nos acercaron una cama para la nena, una heladera, un armario y ropa. Incluso hay donaciones que no hemos podido ir a retirar porque no tenemos locomoción ni dinero para pagar un flete», afirmó José.

Las donaciones se pueden realizar por el 222 6448 o en Teniente Rinaldi 5166.

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