Desde el asiento de los bobos

Modestamente

Por Horacio Buscaglia

 

Seguramente usted se enteró que ayer se realizó un seminario organizado por el Gral. Seregni y que contaba con la presencia del presidente de la República, del Dr. Tabaré Vázquez, Lacalle, Guarga y otros connotados políticos.

El encuentro, realizado en el bacanazo piso 23 del Hotel Sheraton, que está hecho a todo lujo pero cuando uno de los concurrentes quiso ir a hacer pipí, tuvieron que abrirle una habitación porque parece que semejante lugar, no tiene baño. Créase o no.

Bueno, en esta misma edición de LA REPUBLICA usted podrá enterarse de lo que pasó allí. En fin, de lo que dicen que pasó, porque yo tengo la postalina, sé lo que realmente sucedió y nadie se atreverá a contar.

Como se podrá imaginar estaban todos los popes del periodismo nacional: Neber, Cotelo, Sonia Brescia, Gianelli, Carlos Santiago, Traverso, etc. Un segundo antes de iniciar su disertación el presidente de la República Jorge Batlle, miró a los concurrentes uno por uno, y preguntó: «¿Cómo puede ser que Buscaglia no esté aquí?», a lo que Seregni respondió inmediatamente y con cierto nerviosismo en la voz: «Es extraño que no haya venido, yo lo invité personalmente».

«Quizás se confundió de hora –dijo Batlle– ustedes saben como es él, ¿no?». Neber levantó la mano y dijo: «Presidente, yo creo interpretar el sentir de todos nosotros al pedirle que espere diez o quince minutos para ver si llega. Realizar este seminario sin el Corto, no tendría sentido». «Sí, es verdad», acotó Gianelli con voz de semanario de la derecha vernácula, y prosiguió: «Debo confesar que una de las razones de mi presencia en este foro, era la de poder conversar con Horacio para ofrecerle escribir los editoriales de Búsqueda». «Un momento», gritó Cotelo, «Yo le quiero hablar primero, para que se haga cargo de la tertulia de economía. Y desde ya te digo que por el Corto, estoy dispuesto a pagar lo que sea».

Todos hablaban a la vez, mientras Sonia sonreía y Santiago volvía del baño sin entender lo que estaba pasando. Seregni tuvo que ir hasta el micrófono, porque trataba de hablar y nadie lo escuchaba. El micrófono acoplaba. Washington Abdala gritó: «Bueno, ustedes me tendrán que perdonar, pero yo le tengo preparado el rectorado de la Universidad para la Paz, me hablaron para que tratara de convencerlo», Guarga decía algo pero no se escuchaba, todos gritaban y ya estaban por agarrarse a las piñas cuando Tabaré subido a una mesa y levantando los brazos logró que se produjera un silencio que aprovechó para señalar hacía donde estaba Jorge Batlle. Daba pena, parecía un pollito mojado. Achicadito en un rincón, casi haciendo pucheros, mientras todos hablaban de mí.

Le pidieron perdón y volvieron a sentarse. Ahí fue que yo, que había perdido el ómnibus, llegué y vi tan vergonzosa escena.

Me escabullí en silencio. Mi modestia no me permite aceptar algo así.

Esta es la verdad. Dicen que después hablaron de economía y esas pavadas, no lo sé, yo me fui a pasear, humildemente, por el lado de afuera del campo de golf.

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