Desde Ecuador, una madre cuenta cómo fueron engañados
Maruja Viñanchi, una humilde mujer indígena de la comunidad de Peguche, madre de María Lucía Arellano Viñachi de 16 años, una de las menores actualmente alojada en dependencias del Iname, relató al diario El Universo de Quito, las condiciones que desencadenaron que su hija se trasladara a nuestro país, bajo la promesa de un «buen trabajo» y un «futuro mejor».
La madre narró que René Chiza, el responsable de la importación de la mercadería en Uruguay, actualmente en Ecuador, convenció a la menor de viajar a Uruguay por un sueldo de U$S 40 mensuales.
Viñachi le dijo a Chiza que no estaba de acuerdo con la paga ya que esa misma cantidad de dinero la obtenía en Otavalo, una localidad ubicada en la provincia de Pichincha, por la venta de ropa, por lo que le sugirió que «al menos debía ganar 1.500.000 sucres», unos U$S 60. Sin embargo María Lucía y su padre fueron convencidos.
Poco después Maruja y su esposo Antonio Arellano, junto con los padres de los demás menores que llegaron a Uruguay, fueron conducidos por Chiza hasta Tulcán. El objetivo era que los padres firmaran ante las autoridades de la frontera, las autorizaciones para el viaje de los jóvenes, con lo cual Chiza les había explicado, que se les garantizaba la salida del país sin inconvenientes legales.
Todo estaba aparentemente bien, hasta que el jueves pasado, día que fue allanado la vivienda de Rondeau 2224, Chiza informó a la familia Arellano que las ventas que lograba la joven eran muy bajas: de dos a tres dólares diarios y que además, «ella no era obediente».
Maruja no pudo precisar la fecha en que su hija salió del país porque es analfabeta. La única forma que tiene para ubicarse en el tiempo es recordar: «Fue en carnaval y se iban a quedar por unos 9 meses», afirmó al diario quiteño.
Chiza les había explicado que María debía vender mercadería que él les proporcionaba.
La familia Viñachi tiene 12 hijos. La hija mayor de Maruja está en Colombia y otra de 21 años, en Italia, aunque desconoce su paradero.
A esta incertidumbre, se suma el temor de que René Chiza le exiga el pago del dinero que invirtió en su hija, como asegura que ya lo ha hecho con los padres de otra menor. «De dónde voy a reponer el dinero, si no tengo. Yo no estuve rogando para que le lleve a mi hija», afirmó la mujer.
El Universo da cuenta que mientras Maruja continuaba su relato, Chiza irrumpió en la humilde vivienda de ésta, y tras comunicarle que su hija regresará en los próximos días le advirtió en lengua quechua que dejara en claro que la menor viajó con su consentimiento.
El colega ecuatoriano Luis Rosero, autor de la nota, narró que Chiza interrumpió por momentos sus explicaciones a Maruja para aclarar que no tiene intenciones de cobrar a las familias de los menores por los gastos realizados, que «los muchachos querían regresar solos», y que él «no tenía recursos para ello». También admitió que María pidió tres veces volver a Ecuador, pero negó haber explotado a los menores.
El artículo agrega que en la comunidad de Agato, las personas que conocen a Chiza se refieren a él como alguien que ha hecho mucho dinero, «desde hace unos cinco años, mediante su actividad de tejedor y de venta de artesanías en Uruguay».
El viernes pasado, el juez William Corujo procesó con prisión a la esposa de Chiza, Elena Morales y a su padre Segundo Morales, por el delito de «violencia privada».
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