Desde el asiento de los bobos

Pensamientos crustáceos y angélicos

Por Horacio Buscaglia

 

Iba en el ómnibus pensando en la inmortalidad del cangrejo que, como cualquiera sabe, es una manera de decir que uno está pensando en el sexo de los ángeles pese a que la forma de caminar de estos crustáceos acuáticos nada tenga que ver con las opciones sexuales de los culirredondos querubines voladores. Opción que hoy quizás no importe a nadie pero que allá en la Edad Media se discutía en profundidad a partir de la teología y la metafísica. Discusiones que pretendían sentar doctrina sobre los temas y así se discutía si los ángeles eran masculinos, asexuados, hermafroditas o inmateriales. Como se verá, podían ser cualquier cosa menos del sexo femenino, porque algunos de estos filósofos sostenían que Dios a la mujer no le había concedido alma, mientras que otros, los más progresistas, abogaban por que se les reconociera una… pero muy chiquitita. (Esta idea de la falta de alma en la mujer sigue sosteniéndose en nuestros días, por lo menos para los autores de boleros ellas son unas desalmadas. Para los tangueros también, salvo que sea la «madrecita buena». Aunque Discépolo la compare con un cafetín: «Si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja». Yo nunca vi una foto de la madre de Enrique Santos, pero me la imagino llena de chapas con avisos de bebidas, los ojos como ventanales y con un borracho acodado en el hombro). Sí, ya sé, me fui por las ramas. Me bajo y sigo. ¡Ojo! No crean que aquellos filósofos sólo discutían estas vaguedades, a pesar de que el bondi todavía no se había inventado aquella gente hizo avanzar la filosofía a partir de la investigación sobre otros temas fundamentales tales como: ¿cuántos granos de arena se necesitan para decir que hay un montón de arena? ¿Diez, cincuenta, quinientos veinticinco? ¡Já! Hablar y opinar en aquella época, no era nada fácil. También se debatió cuántos pelos debe perder un hombre para que se le pueda llamar calvo, cuánto tiempo debía pasar para decir que había pasado mucho tiempo. Eso sí, nadie investigó cuántas estupideces debía uno pensar para ser llamado pelotudo. De cualquier manera, debemos saber que esta forma de «filosofar» ha continuado hasta hoy, muchos de los ólogos que surgen en los medios de comunicación son la mejor prueba de ello.

Y volviendo a hoy y al ómnibus y a mis pensamientos, digo que pensaba en la mejor forma de pensar en nada, que aunque pueda parecer fácil no lo es, ya que uno tiende a pensar que piensa en nada. Yo sé que ustedes me dirán que debe ser muy sencillo ya que es lo que hacen comúnmente los programadores de televisión, algunos políticos, los críticos profesionales, los encargados de la sección Informes, los que escriben en «Galería» y tantos otros. Claro que uno podría pensar en las cosas que esa gente piensa, pero se necesita mucho entrenamiento para pensar en lo que piensan los que no piensan en nada.

Así que lo mejor es volver a la inmortalidad del cangrejo que como cualquiera sabe es una manera de decir que uno está pensando en el sexo de los ángeles…

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