Tiene la palabra

Ricardo Lombardo: Soy y seguiré siendo hombre del Partido Colorado

Montevideo, 10 de mayo de 2001

Señor Director deLA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Es de público conocimiento que me he opuesto desde un principio a los artículos 612 y 613 aprobados en el Presupuesto Nacional referidos a la modificación de la Carta Orgánica de Antel.

Como consecuencia de ello, he sido invitado a manifestar mi punto de vista en diversas organizaciones políticas o de otra índole interesadas en el tema. Así, tuve oportunidad de reunirme con dirigentes políticos colorados, blancos, encuentristas y cívicos. Además tengo previsto reuniones en diversos departamentos e inclusive próximamente con la Bnai Brith.

En ese marco, concurrí el martes pasado a una reunión con una agrupación denominada Batllismo Progresista que revista en el EP-FA, donde planteé mis opiniones a un grupo de sus integrantes. A esa instancia se refirió el diario LA REPUBLICA al día siguiente, consignando algunos de los detalles de lo ocurrido. En la portada de dicho diario se señala sugestivamente: «Lombardo se acercó ayer al EP-FA».

Sin perjuicio de que la interpretación de ese titular puede ser diversa, quiero dejar en claro que soy y seguiré siendo un hombre del Partido Colorado, que estoy dedicado a la tarea de impulsar un sector político dentro del mismo y que no ha existido ni tengo intenciones de que exista ningún «acercamiento» con el EP-FA, más que los necesarios para una saludable convivencia democrática.

 

Sin otro particular, saluda a Ud. Muy atte.

Ricardo J. Lombardo

 

Militar sin honor

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

En el diario «El País», del 10 de mayo pasado, se publicó un reportaje al general (r) Julio César Rapela, complementado con tres destacadas fotos suyas, al que se tituló de modo especial.

Si no fuera que uno ya está curado de espanto por declaraciones como las referidas, realmente se indignaría ante la mezcla de cinismo y de desprecio que fluye de sus palabras. Es que, por un lado dice que no se arrepiente de nada y, por otro, justifica lo ocurrido porque «aquello fue una guerra» pero advierte que las fuerzas armadas no intervienen porque sí y que algunas cosas pueden volver a repetirse, lo que no deja de ser un llamado de atención. Además, insiste en el papel protagónico de las Fuerzas Armadas y que ellas pueden gobernar el país porque es como gobernar una empresa. Eso sí, de democracia no habla. Y de respeto a la soberanía popular menos. Por eso es que con un ostensible desprecio expresó que los militares debían entregar el gobierno «porque a la gente le gusta elegir». Y ante ello «hay que darle la oportunidad de elegir».

Véase que así piensa uno de los destacados militares del proceso que, como muchos otros, se vale de la excusa de la guerra para justificar excesos que nada tenían que ver con ella.

Pero así como se divulgan sus puntos de vista, en un ámbito democrático, también sería justo que se conociera la otra cara de la moneda, a través de un dinámico episodio que me tocó padecer cuando el entonces coronel Rapela estuvo al frente del Batallón de Infantería Nº 2. Como los hechos ocurridos en 1975 están respaldados por documentos y no por dichos, los que la opinión pública ya ha tenido ocasión de conocer, aquí sólo resumiré lo que concierne al ex militar referido.

En abril de 1975 veinticuatro inocentes personas relacionadas con la actividad portuaria, y que en lo político adherían a los partidos tradicionales, fueron abruptamente secuestrdas en sus domicilios y conducidas al Batallón de Infantería Nº 2. Allí se nos encarceló por cuatro meses, durante los cuales se procedió a torturarnos salvajemente, lo que provocó la muerte casi inmediata de uno de los detenidos y lesiones irreversibles en la mayoría de los restantes, cuasantes a su vez de otras muertes.

Dado el cargo que desempeñaba, todo lo relacioando con dicho episodio fue dirigido y supervisado por el coronel Rapela, quien tuvo el tupé de afirmar a familiares del fallecido que éste gozaba de buena salud siendo que para entonces ya lo habían matado dentro del mismo cuartel. Además, yo pasé por la ingrata experiencia de que estando tirado en el piso del lugar de detención, muy dolorido por las golpizas recibidas, apareció el coronel Rapela en visita de inspección. Y como no me podía parar, ordenó a dos soldados que me levantaran. Pese a mi dolor y a mi angustia, le denuncié que lo que me ocurría era producto de torturas padecidas ese día y los anteriores, aun cuando no se me escapaba que todo eso ya lo debía saber muy bien. Ante ello el coronel Rapela nada dijo y se retiró. Pero de inmediato ordenó trasladarme a una celda de castigo, en la que permanecí casi un mes y medio. Esa fue la respuesta que dio a quien se atrevió a denunciarle los atropellos y las torturas que sufría en ese cuartel, por múltiples excesos de personal militar a sus órdenes. Pero las torturas siguieron.

Como todo está dicho y aprobado en actuaciones de la Justicia militar, penal y civil, sólo queda agregar que no importa que el ex coronel Rapela no se arrepienta de nada, ya que quien carece de sentimientos humanos no puede arrepentirse. Por eso es explicable su indiferencia, que es una forma de rechazo, ante la esforzada actividad que despliega la Comisión de la Paz. Pero además ¡qué distinto es su proceder en comparación al de Fernández Huidobro! Por lo menos éste reconoce que cometieron errores y pide perdón por los «daños innecesarios» cometidos por el MLN. En cambio, la soberbia de Rapela le impide adoptar una actitud impregnada de un generoso arrepentimiento.

Ante ello, no debe olvidarse que los dichos del general (r) Rapela son los de un reconocido torturador –no material pero sí por razón de mando–al que hoy día ocho cadáveres y los demás sobrevivientes del desgraciado episodio vivido, no dejamos de señalar con dedo acusador.

Y si bien la ley de caducidad ha impedido el castigo de quienes delinquieron abusando de sus uniformes militares, ello no justifica que se silencien sus dichos, sobre todo cuando quien los expone no se arrepiente de nada. Está claro que por lo hecho no tendrá la condena de los hombres.

Pero la Historia y la justicia uruguaya ya lo juzgaron.

Alfonso Sanjuan – C.I. 1.148.449-9

 

Aportando al BPS hasta el final

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Tengo 70 años de edad y a los 14 años comencé a trabajar junto a mi padre que era constructor. A esa edad entré a trabajar como cadete en las oficinas de la Cía. Armour hasta el cierre de los frigoríficos, 10 años más tarde. Pasé luego a trabajar a la empresa General Electric, primero en auditoría y luego como jefe de Control y Facturación. Ocupé posteriormente otros cargos, siempre de jerarquía, en el supermercado Tienda Inglesa, Cooperativa de las Fuerzas Armadas, Ghiringhelli, Julio Lestido, Puma SA y Strauch SA, conformando así más de 55 años con puntualísimos aportes.

Debo agregar a esto, trabajos extra de periodismo en música, corredor de avisos, trabajos en prótesis dental (soy recibido ) e intentos de exportación de artículos uruguayos a Estados Unidos, habiendo hecho exposiciones de vinos y cervezas uruguayas por dos años consecutivos, sin los resultados esperados.

A principios de los años 90 formé una emprea de servicios, que funcionó normalmente hasta el momento que un cliente me dejó una deuda importante impaga, que me originó serios trastornos financieros, e
ntre los cuales una deuda de $ 40.000 (cuarenta mil pesos) menor a U$S 4.000 de la época con el BPS.

Oportunamente intenté refinanciar la deuda con multas, recargos e intereses que sólo en Uruguay (la Suiza de América) se permite calcular con tanta saña. Pero aún así refinanciando no pude tampoco jubilarme, por obra y gracia de la tecnocracia que domina la escena pública, aludiendo que para poder jubilarme debe estar la deuda totalmente cancelada.

Se da asimismo la paradoja de que, para poder apenas subsistir, trabajo en una pequeña empresa de un hermano recientemente fallecido y, por lo tanto, aporto religiosamente al consabido BPS por figurar en planilla como corresponde y con la seriedad que siempre me caractriza. En esta forma, como usted podrá observar, sigo en mi trajinar diario trabajando para poder seguir viviendo y aportando hasta el día que, cansado y a avanzada edad, tal vez enfermo o no sano para poder hacerlo, pierda la cabeza y cometa un disparate, ante un banco sin contemplaciones ni piedad, para los que trabajaron de verdad sin descanso y sin falsos testigos.

T.A. – C.I. 583.179-7

 

Obstáculos para pagar facturas

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El día jueves 19 de abril del corriente año me dirigí a Tienda Inglesa, Lagomar, a pagar la factura de Antel.

Al llegar a la caja, la empleada me pidió: Tarjeta de Puntos Tienda Inglesa, la Cédula de Identidad del propietario de dicha tarjeta y el cheque.

Después de una revisación del cheque más que minuciosa, y casi diría que buscando algún motivo para rechazarlo me repara en un pequeño borrón ocasionado por la tinta de la lapicera con que había sido escrito, por lo cual me rechaza el pago argumentando que el cheque estaba enmendado.

Por este motivo, me vi obligada a volver a mi casa para que mi padre (titular de la cuenta bancaria) salvara la «enmendadura», con los consiguientes inconvenientes, ya que debo desplazarme en bicicleta por las calles llenas de pozos y agua.

No logro explicarme la necesidad de tantos obstáculos para abonar un servicio en el cual ellos sólo ofician de agente cobrador. En ninguna de las otras empresas que ofrecen el servicio en la zona (supermercados, agencias de quiniela, etc.) me piden que tenga la tarjeta, cédula ni nada más, solamente me piden el pago y lo toman.

Estas empresas de capitales foráneos, que buscan maximizar sus ganancias diversificando sus negocios terminan finalmente no brindando el servicio que prometen, establecen una competencia abusiva con las Pymes nacionales del ramo y terminan perjudicando al público uruguayo en general y a los trabajadores en particular.

Esperando que todos tomemos debida nota de las presentes observaciones saludo al señor Director agradeciendo el espacio que me ha brindado.

C.I. 4.124.737-0

 

A los lectores

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