El milagro de San Pancracio
Ayer se produjo una mayor participación de fieles en la fiesta patronal de San Pancracio, comparado con lo ocurrido el 12 de mayo de 2000. Se estima un crecimiento de unos 5.000 devotos, que ya a tempranas horas de la tarde colmaron las instalaciones de la parroquia.
Desde hace unas décadas, los sacerdotes de este lugar convocaron a los devotos, que en vez de ofrendar velas y flores al santo, entregaran alimentos y ropa para los más necesitados. Esta iniciativa, con el transcurso de los años, se convirtió en una tradición.
Además, en esta fecha, la comunidad aporta dinero, el que es utilizado por la parroquia para la compra de comestibles que complementarán las canastas familiares distribuidas tanto en el barrio La Comercial, como en otras zonas de Montevideo y el Interior. Durante los tres días siguientes a la celebración, se reparten las canastas entre 200 familias de la zona y la gran mayoría de los alimentos son trasladados por camiones a otros barrios y departamentos del país.
En las inmediaciones de Inca y Pagola –lugar donde está emplazada la parroquia– viven en casas ocupadas muchos marginados y ancianos sin recursos.
Los surtidos que entregan en San Pancracio, incluyen fideos, azúcar, arroz, grasa, harina, yerba, dulce, lenteja o porotos e incluso, en algunas ocasiones, es suministrado aceite.
Tal es la costumbre de donar alimentos entre los devotos, que en la feria callejera instalada en las afueras de la parroquia arman puestos con comestibles donde se destacan las ofertas. Incluso, la parroquia también recibe donaciones en ropa o comida de empresas o fábricas que cierran sus puertas.
En el interior del templo, se formaban largas colas de creyentes, con la pretención de acercarse a la imagen del santo. Los rostros de muchas de estas personas transmitían preocupación, como si buscaran a través de la fe, una solución a sus problemas terrenales.
Ayer, un grupo de voluntario conformado por 25 personas se encargó de recibir las donaciones y dirigir la masiva celebración, que contó con la presencia de unas 40.000 personas, la más alta cifra en muchos años.
El párroco de «San Pancracio», Javier Fernández, manifestó a LA REPUBLICA que más allá de la preocupación propia de conseguir o conservar un empleo, se notó este año un aumento en el número de casos de madres inquietas por la situación de sus hijos que se fueron a vivir al extranjero. «Muchas veces hacen bendecir imágenes religiosas para enviárselas a sus hijos a Estados Unidos, Australia o Europa, ya que se nota mucho la cantidad de personas que han emigrado del país.
«Tanto se la mandan por carta como por alguna persona que viaja», explicó el sacerdote, que es el primer párroco uruguayo que conduce a la parroquia del «Inmaculado Corazón de María», ya que el templo religioso siempre fue dirigido por españoles y argentinos.
Otras de las actividades de ayer fue la realización de una procesión por el barrio a partir de las 21 horas y la ejecución de una campaña de solidaridad por Walter Santiago, un bebé de 7 meses, de una familia carenciada, que necesita la solidaridad de todos los uruguayos para someterse a un trasplante de hígado en el exterior.
Ante las carencias de esta familia se solicita una vivienda en préstamo o bajo alquiler hasta la recuperación de Santiago, un ropero, camas, ropas de niño y un trabajo o changa para sus padres.
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