"Yo quiero ser peluquera"
Tal el título que debió llevar «En la puta vida», película oriental recién estrenada con protagonistas argentinos y españoles. El filme narra las dificultades que encuentra una uruguaya, bella y emprendedora, para poner una peluquería en Pocitos. Trabaja en el Mercado del Puerto y mientras se hacen las mollejas en la parrilla ella hace el amor en la trastienda con su patrón, hasta que se enoja y se va porque el muy malvado no le paga y ella quiere poner una peluquería en Pocitos, santita. Emprendedora la muchacha, va a trabajar en un prostíbulo en calidad de prostituta, y cuando le dicen que no puede demorar más de siete minutos con cada cliente, ella dice que es poco tiempo, en clara defensa de los derechos del consumidor. Haciendo la prostitución en un bar del Puerto, para poder poner una peluquería en Pocitos, conoce a un gigoló precioso, un fioca encantador que, al ser interpretado por Silvestre, tiene que tocar la guitarra en la cama. Ella deposita en él toda su confianza, cosa que hubiera hecho cualquiera de nosotros porque tiene una cara de bueno, vecina, que no se puede creer. Entonces él le propone llevarla a ejercer la prostitución a Barcelona, y ella, que quiere poner peluquería en Pocitos, salta en una pata de contenta y ¡vamo arriba! Ahí el fioca le dice que ojo, que allá la cosa es brava, que hay muchos gastos, que no es tan fácil, que no haga cuentas, que allá es otro mundo. Se lo dice, le avisa, le advierte. Parece Churchill ofreciendo nada más que sangre sudor y lágrimas. Hasta el portero del cine tiene ganas de gritarle que no vaya. Pero ella quiere hacer la prostitución en Barcelona para poner una peluquería en Pocitos, así que, si hay que falsificar un pasaporte ¡vamo arriba!, y si hay que dejarle el nene a una vecina como si fuera hasta la feria, ¡vamo arriba! Pero en Barcelona, el tipo sin querer mata a la amiga de ella, y ella se pone fula, y él le pega. Le pega mal, le pega como un chambón, como un gil, porque un fioca profesional no machuca la mercadería. Hasta que ella se entera de que el fioca la viene estafando, y ahí recién se da cuenta de lo malos que son los fiocas cuando no cumplen. Entonces, vecina, ¡no se puede creer!, el policía más lindo de España se enamora de ella. Y ella va y le bate la cana a todo el mundo y no le pasa nada y el joven policía español, una monada, la trae hasta Montevideo. ¡Hay que verla! Ella llega hecha una fiesta, radiante, como si viniera de ganar el título de Mis Universo. Pero de repente se pone seria, y le viene como un ataque de conciencia social. Y le sale una arenga a las mujeres, y un primer plano acusador que a uno le da lástima por Jorge Batlle, porque bastante tiene ya, santito. Parece mentira, por las cosas que tiene que pasar una uruguaya, para poner una peluquería en Pocitos.
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