Tiene la palabra
Respuesta de Amondarain
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Desde Montevideo para usted, señor José Antonio Fernández García.
Leíamos la nota desde Asturias de este señor Fernández García, que por el origen del apellido es obvio tiene todo de español y nada de vasco.
O sea, no me puedo ofender ni escandalizar porque un buen íbero se enoje con los vascos, con los que nada tiene que ver, más allá de la fuerza, razón de las bestias, usada para su avasallamiento.
Este buen señor tilda de mitología toda una historia milenaria que es incontrastable y real. Cuando se carece de argumentos, lo mejor es restar importancia las razones ajenas. Es muy vieja la técnica.
No es mendaz decir que miles de años antes que España y Francia existieran, los vascos estaban en los Pirineos libres y soberanos. No es tampoco mitología que su origen milenario étnico incluso con grupo sanguíneo propio sea desconocido y por ende totalmente diferente del resto de Europa y particularmente del suyo, señor Fernández. Por lo mismo su idioma, no dialecto, el euskera, es propio y sus raíces nada tienen que ver con ninguno del mundo actual. Su cultura, sus costumbres, su música autóctona con sus hermosas corales, nada tienen que ver con el ¡ay, ay, ay! del cante jondo y afines tan hispánicos.
España, es indiscutibe, tiene muy bellas artes gracias al genio moro que la avasalló durante 700 años.
Los vascos –que nunca fueron invadidos por los «infieles», es notoria su tez blanca y su claro pelo lacio, diferente del «amarronado» africano e hirsuto de su cabello, propio del árabe español– carecieron de esa influencia y tienen incluso artes propias. Su historia como nación fue a lo largo del tiempo independiente y respetuosa de las demás naciones. Sólo lucharon cuando fueron invadidos, caso Roncesvalles. Nunca como conquistadores imperialistas. Usted pone el «grito en el cielo» por los excesos que los vascos hacen actualmente. Y lo entiendo. Pero bueno sería que comparase con los crímenes cometidos por su España antes, durante y después del genocidio de Gernika.
¿Por qué no se entera de la historia americana? Capaz que tiene que convenir conmigo en que el peor de los etarras es una niña quinceañera al lado de lo que los españoles explotaron y martirizaron a nuestro continente americano con su «colonización».
¿Por qué no se asombra con el exterminio del pueblo azteca o del inca, con sus culturas superiores en muchos aspectos a la de los europeos dme la época, para llevarse el oro de América para Madrid sin siquiera «amagar» devolverlo jamás?
También se olvida del empalamiento de Caupolicán en la plaza chilena por Almagro, para mayor «gloria del imperio español».
Ni tampoco disimule las decenas de galeones españoles atiborrados de oro americano que por culpa de las tormentas se hundieron y aún hoy son reflotados de las costas oceánicas americanas. Creo que no hubo ningún vasco implicado en esas «inocentadas» infantiles íberas por citar algunas entre tantas. Con respecto al genocidio de Gernika, es «macanudo» su razonamiento.
Los vascos asesinaron, es cierto, a 800 españoles. Pero también es cierto que aún ni siquiera han llegado a la tercera parte de las mujeres, viejos y niños inmolados en Gernika. ¡Pero claro, no era un asesinato sino que estaba dentro del contexto de la guerra! Los asesinatos, señor Fernández, los son siempre dentro del contexto de la guerra y fuera de ella, como los miles que supieron cometer durante el tiempo contra los vascos Marotto, Espartero, Cánovas del Castillo, el general Primo de Rivera, el generalísimo Francisco Franco, tan católico él que hasta curas vascos fusiló, los actuales GAL y todas las víctimas jóvenes cuyos huesos aparecen lejos de su patria, Euskadi, enterrados por querer una ikurriña libre y soberana.
Ataca a Arzalluz porque, según usted, su padre fue franquista.
Admito que desconozco el hecho, pero de ser cierto habla muy bien del hijo de Xavier, que, fiel a su patriotismo vasco, no siguiera los pasos paternos.
Por otra parte, cuando la guerra se pierde y arrecia la persecución y venganzas franquistas es humano que la población inerme quisiera salvar el pellejo y vivir.
Pasó en todas las zonas ocupadas por la República en ese entonces devastada. Es obvio que habitualmente se contempla más las debilidades humanas de los vencidos, tomados en términos generales, que la dureza y crueldad de los vencedores, que tienen las armas y los medios de poder.
Nadie le niega el mérito a Madrid de su heroica resistencia ni nadie hace competencia sobre el que sufrió más o menos en la guerra. No sería procedente pues todos sufrieron. Pero es notorio que la zona que más odió Franco fue la vasca, que lo sufrió doble durante los 45 años de su mandato.
Hasta el idioma les había prohibido. Supongo, entonces, que podemos coincidir en que toda guerra es mala y que los asesinatos, provengan de donde provengan, deben ser reprobados por más que hubiera mayoría absoluta y aplastante de un bando, que no es el vasco precisamente.
Es deseable la paz y que cada pueblo tenga su legítima y propia aspiración. España, su futura pacífica prosperidad ganada en buena ley y los vascos su legítima aspiración libertaria de ser una nación soberana de todo poder extranjero. ¿No le parece?
Leopoldo Amondarain – C. I. 950.556-0
La feria
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Había peces jamás vistos, plantas de ningún jardín, libros imposibles de librerías.
Había cerros de frutas y calles de flores, había olores de todos los colores.
Había quien deambulaba entre los puestos de ventas ofreciendo una gallina, la llevaba caminando, atada al pescuezo, como perro y había quien vendía un pingüino, que por error había llegado a nuestras playas desde las nieves del sur.
Había largas hileras de zapatos usados muy gastaditos, con la ñata alzada y la boca abierta.
Los zapatos se vendían por pares, y también de a uno, zapatos solos para la gente de un solo pie.
Había lentes usados, llaves usadas, dentaduras usadas.
Las dentaduras yacían dentro de un gran tacho de agua.
El cliente hundía el brazo, elegía y batía sus mandíbulas, si las dentaduras no le venían bien, las devolvía al tacho.
Había ropa para vestir y ropa para desvestir.
Condecoraciones de atletas y de generales y relojes que marcaban la hora que uno quería; y amigos que uno encontraba sin saber que se los había estado buscando…
Eduardo Galeano
Hola: Mi nombre es Mirna tengo 27 años, escribo no sé si de pena o indignación.
Adjunto a la presente el poema de Galeano.
Y no me diga, vecina, que al leerlo, no le viene a la mente la tradicional feria del barrio Piria. ¡Sí! Piedras Blancas (grande y peluda).
Llena de corazones latiendo, hormiguero humano que va y viene con su carga sobre los hombros. Paseo dominguero, con el mate y familia. Que hoy ya no es seguro transitar porque la violencia inunda cada esquina.
No sé si es por viveza o por pobreza. Golpes, empujones, rasguñones, raspones, revolcones, sin ton ni son. A ancianos jubilados, mujeres, quitándole mucho o poco pero suyo. Dejando un gusto amargo en la boca. Acrecentando la inseguridad, latente.
Y lo que es peor, mostrándonos a todos una realidad que nadie quiere para sus hijos (el futuro del país). Y oigo por ahí el comentario: «Y sí che, a
la feria no se puede ir, por dos pesos igual te matan». Y qué triste es saber que hay gente que puede luchar contra los arrebatos, los asaltos y robos y no lo hace.
¿Y sabés? Piedras Blancas, al igual que otras ferias, le da de comer a mucha gente que allí vende, quienes te regalan una sonrisa. Y cosechan esperanzas.
Todos queremos un país mejor, un Uruguay más justo. Todos podemos dar, y todos estamos abiertos a recibir.
A luchar.
Mirna – CI 1.770.615-0
Salvataje nacional y legislativo. Con la aftosa y el plomo se completaron las plagas
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Cuando se pensaba que podría empezar a verse algo positivo, se ahondó la crisis y se hundió todo. La situación nos recuerda las Siete Plagas de Egipto.
Un país paralizado, endeudado, sin industria, con el agro parado, sin comercio vital, con campos vacíos, asentamientos irregulares proliferando, préstamos usurarios, presión tributaria sofocante, combustibles que operan como fuente de impuestos y recaudación, y un Parlamento insensible y frívolo que no toma medidas francas, rotundas, generalizadoras, y no caso por caso, con un sistema financiero (el único que no se queja) y agazapado espera poder ejecutar a productores morosos.
Aquí se necesitan soluciones drásticas, nacionales, legislativas. Los hospitales son para los enfermos y no para los sanos. Y si hay epidemia o plagas, no se arreglan caso por caso.
Hay que legislar cinco años de gracia borrando multas, recargos, intereses usureros, clearing internacional, administraciones públicas que aplican el Código Tributario de una época de inflación del 200%. Somos objeto de la más deleznable manipulación financiera de políticos irresponsables que no se animan a poner el bisturí a fondo.
Detrás de la población marcha un cortejo de instituciones, intendencias, sectores productivos, la industria, el comercio, los clientes y deudores del Banco Hipotecario, con un presidente desalojado y deudas impagables…
¡Es hora de reaccionar, por favor!
Antonino M. Bombaci, abogado. – CI 1.544.277-2
Razzias policiales
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Debemos felicitar al señor ministro del Interior por su intento de cambiar la imagen de la Policía.
Lamentablemente el relato que haré a continuación echa por tierra con esa buena intención.
En el marco de operativos policiales tendientes a dar mayor vigilancia al transporte público los funcionarios aplican una especie de «razzia» a los propios trabajadores del ómnibus. Suben al ómnibus, le toman datos al trabajador: cédula, domicilio (casa o apartamento), estado civil, nombre de sus padres, etc.; luego bajan sin siquiera inspeccionar a los pasajeros.
En el momento en que el ómnibus en el cual trabajo iniciaba su viaje, sube un policía y me pide la cédula, la cual entregué inmediatamente. No pude dar más datos pues debía seguir trabajando.
Al día siguiente fui citado a la Seccional 1ª, allí se tomaron todos mis datos personales y fui detenido por espacio de 12 horas. No se me comunicó el motivo de la detención ni se me permitió llamar a mi propia familia.
Debo felicitar a las autoridades policiales por tener el privilegio de ser el único detenido allí por esas horas.
En esas 12 horas la sociedad estuvo tranquila pues «un reo», «un peligroso delincuente», «un excelente sujeto», estuvo entre rejas; la policía… feliz, satisfecha.
Sin embargo existen informes internacionales que recomiendan a los turistas que nos visitan tener suma precaución al transitar por la Ciudad Vieja. Como consecuencia de semejante atropello a los derechos humanos perdí un jornal el día 22/4/2001 y un servicio de transporte público no pudo cumplir con los usuarios.
No dejemos de mencionar la angustia de mi familia y el terror que sentí al estar enjaulado e incomunicado.
Los que trabajamos duramente cada día a pesar de las dificultades del país no merecemos soportar este atropello.
La Policía no es nuestra enemiga, tengo amigos y conocidos en la institución, pero ella debe apuntar su mira hacia aquellos que tienen prácticamente sitiada y aterrorizada a nuestra población.
Escribir esta carta implica un riesgo de posibles represalias. Espero no escribir otra triste historia al respecto.
Debemos valorar vivir en Democracia y tener espacios donde denunciar estas barbaridades. Agradezco a la prensa su atención, saludándolos porque este día 3 de mayo se conmemoró el Día Internacional de la Libertad de Prensa y pido desde esta tribuna al señor ministro del Interior una explicación y una pronta corrección de estos episodios lamentables.
Carlos Ascorreta – CI 1.970.301-9
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