Construyendo futuro desde abajo
La porción de Montevideo que el esquema municipal de descentralización denomina «Zona 9″, contiene numerosos barrios densamente poblados, entre ellos Maroñas, Ituzaingó, Curva de Maroñas, Jardines del Hipódromo, Zabala, Ideal, Flor de Maroñas, Bella Italia, Punta Rieles, Nueva España, Industrial, Parque Guaraní, Santo Domingo, Los Milagros, 17 de Junio, Málaga, Kilómetro 16, Villa García y Puntas de Manga.
Ese extenso territorio del este montevideano, que abarca grandes espacios urbanos y tramos rurales no menos importantes, incluye además parte de la Unión, otra de Piedras Blancas y un buen segmento de Villa Española.
Unas 140 mil personas viven en esta «Zona 9″ cuyas fábricas muertas y chacras abandonadas dan cruel testimonio de un proceso de pauperización que crece día tras día, nutrido por el pavoroso déficit de empleos, los ingresos insuficientes y el deterioro constante de la calidad de vida.
Considerada «polo industrial» hasta hace varios años atrás, esta zona ha sido duramente castigada por el cierre de numerosas empresas y despidos masivos, registrados en las pocas que aún operan.
El caso de Funsa es casi un símbolo de esa catástrofe que allí engendró muchos más, como los de las textiles Ildu, Iasa, Suitex, Campomar & Soulas, Itesa y Sadil, puntos de referencia en una larga y dolorosa lista.
A esa lista se agrega otra que integran las madereras Neoplac y Samic y un copioso grupo de curtiembres encabezado por Delbono & Pena, Ramponi, Bama, Martí, Lanza y Montevideo, además del otrora pujante sector metalúrgico representado por varias compañías, entre ellas Calmisa, Inlasa y General Electric.
Pero una gran cantidad de chacras y quintas desiertas revela que la «Zona 9″ sufrió igualmente la quiebra de numerosos pequeños y medianos emprendimientos agropecuarios, víctimas de problemas cuyo caldo de cultivo fue la falta de ayuda gubernamental.
Huérfano de protección, sin apoyos que le hubieran permitido prosperar y sumido en el abismo del desfinanciamiento, este sector productivo con larga tradición en la zona ingresó, poco a poco pero cada año más profundamente, en una crisis triste y final que dejó mucha tierra sin gente y mucha gente sin tierra.
Hoy está solitario todo ese campo fértil, donde permanecen añejos árboles frutales que nadie cuida y señales aún obstinadas de cultivos que en otros tiempos solventaron la vida de tantas y tantas familias.
Convertida en cementerio de fábricas y chacras, esta zona de Montevideo, en la que unas 30 mil personas viven en asentamientos, ha sido golpeada también duramente por la situación que afecta al Hipódromo de Maroñas, en el que tuvo una de sus más sólidas fuentes de empleo.
Así, las dos puntas de una cruel tenaza desgarran a esta zona de Montevideo. Al desempleo en su medio urbano se añade la desaparición de los espacios productivos que tuvo en el rural y la acumulación progresiva de los efectos detonados por ambos desastres ensombrece el panorama día tras día.
Recuperar espacios
Sin embargo, en opinión del Concejo Vecinal de la zona aún no están cerrados los caminos que pueden conducir, pese a todas las dificultades, hacia cambios radicales que reviertan la grave situación actual que allí se padece.
Esos cambios suponen el desarrollo de alternativas laborales que la propia gente puede crear, impulsar y consolidar ahora mismo, como propone un amplio programa que elaboró la subcomisión de Trabajo de la Comisión de Derechos Humanos del Concejo.
Ese programa, asentado en un análisis minucioso de las condiciones sociales, económicas y productivas de la zona, contiene propuestas que permitirán la construcción de cooperativas y otros emprendimientos comunitarios autogestionados. Al respecto señalan Marta Varvatsulis, José Giménez y Juan Cabral, integrantes del equipo que elaboró el proyecto: «No se trata de ofrecer empleos. Lo que se pretende con este programa es habilitar las herramientas necesarias para autogenerar ocupación en la zona, para que la propia gente pueda producir sus fuentes de trabajo».
En esa línea, el programa incluye iniciativas para usar en beneficio de la comunidad espacios de gran potencial productivo que hoy no se utilizan. Varvatsulis, Giménez y Cabral explican:
«En la zona hay gran cantidad de tierra que no se aprovecha. Por ejemplo predios donde se pueden hacer muchas cosas y además infinidad de chacras abandonadas. Todo eso es apto para emprendimientos de muy diverso tipo, chicos y medianos, que serán fuentes de trabajo».
El ya solicitado apoyo técnico y logístico de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), que incluye asesoramiento, maquinarias, semillas y otras ayudas necesarias, facilitará la puesta en marcha de las actividades productivas, consigna el programa.
La tierra hoy abandonada es apta para chacras y quintas comunitarias y familiares, viveros, invernaderos y muchas otras cosas que el apoyo comunal permitirá desarrollar con medidas adecuadas a las necesidades de la zona.
El programa, que también prevé la búsqueda de ayuda financiera nacional e internacional para la puesta en marcha de las fuentes laborales propuestas, abre una frondosa serie de posibilidades, que van desde el envasado de productos de granja hasta las artesanías.
Comprende servicios diversos a empresas, mantenimiento y rehabilitación de viviendas, reciclaje de electrodométicos y muebles, procesamiento de residuos, granjas ecológicas, producción de bloques y otras actividades que grupos cooperativos de la comunidad pueden organizar para obtener ingresos.
Otra de las metas que plantea el programa es recuperar el también abandonado Parque Industrial de la zona. La idea es utilizarlo para proyectos productivos que cubren una muy ancha gama de rubros.
Democratizar
Este propósito de crear nuevas fuentes de trabajo coincide plenamente con los objetivos de varias organizaciones sociales de la zona, que desde hace mucho tiempo plantean alternativas similares para enfrentar los problemas detonados por el desempleo creciente.
Por otra parte, en el Plan de Ordenamiento Territorial de Montevideo (POT) la IMM incluyó la posibilidad de instalar un «Parque de actividades en el Este» que acoja emprendimientos de difícil inserción en otros medios urbanos pero factible en la «Zona 9″, que sí tiene espacios donde ubicarlo.
La diversidad territorial de esa zona, señala el Concejo Vecinal, «permitiría el desarrollo combinado de experiencias productivas urbanas y rurales» y ese es precisamente uno de los factores que refuerzan la viabilidad del programa.
Es en ese marco que resulta alentadora la buena impresión que, según coincidieron en afirmar fuentes de la IMM consultadas ayer, suscitó este programa en el intendente Mariano Arana, sus asesores y otros jerarcas comunales.
El respaldo que la IMM brinde a esta iniciativa será decisivo para muchísima gente y contribuirá a profundizar políticas sociales tan necesarias para los barrios capitalinos más afectados por el desempleo, dicen vecinos de la «Zona 9″.
Al respecto se afirma en la fundamentación del programa:
«Por otro lado, es necesario recuperar el sentido de un proyecto de descentralización democratizante que tome en cuenta los aspectos socioeconómicos y productivos a fin de contribuir a extender la base material de los programas de desarrollo zonal. Este aspecto ha sido analizado en los variados encuentros y foros de la descentralización municipal y se presenta como uno de los principales debe de las propuestas de gestión e intervención municipal en Montevideo».
Participación
El programa es en los hechos un punto de partida y está abierto a sugerencias y opinio
nes que canalizará una instancia ya prevista para la presentación de iniciativas orientadas a crear fuentes de trabajo en esa zona.
Las proposiciones viables contarán con apoyo para la búsqueda de financiamiento y como todas las que generen ocupación serán consideradas «emprendimientos de interés local» por la Junta de la zona, lo que supone un respaldo importante para que el intendente facilite con incentivos su instalación y puesta en marcha. Todo el proyecto contará con el asesoramiento de expertos altamente calificados que ya ofrecieron colaboración y ese aporte será ampliado con la asistencia de la Universidad a través de varias facultades y organismos.
Pero el empuje fundamental y la orientación lo dará la propia gente, que tendrá amplia participación directa en el cumplimiento del programa desde una comisión integrada por representantes de las autoridades locales y delegados de trabajadores y desocupados.
La esencia del programa, dicen en la zona, es que la gente, sin despreciar apoyos, sea protagonista y conduzca ella misma las acciones que le permitan resolver sus problemas y construir una vida mejor en y con su propia comunidad.
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