Iglesia criticó política neoliberal "concentradora y excluyente"
El extenso documento elaborado por la Arquidiócesis que analiza el panorama montevideano desde una perspectiva social, política y económica, sintetiza las principales situaciones y tendencias que las comunidades cristianas destacan, desde una mirada pastoral, referentes a la realidad económica, social, cultural, religiosa y eclesial. A ella se han incorporado los aportes efectuados por el Consejo Pastoral Arquidiocesano, el Consejo del Presbiterio y el Equipo Coordinador del Territorial.
A partir de los diversos aportes de la comunidad, se concluyó que las políticas económicas vigentes en las últimas décadas, priorizaron las orientaciones neoliberales, que otorgan al mercado un papel preponderante en la asignación de recursos, ingresos y rentabilidades.
«Ello ha implicado un mecanismo perverso en sus efectos sociales, generando procesos acumulativos de inclusión-exclusión. No obstante, se han mantenido políticas fuertemente dirigistas en los aspectos monetarios y financieros, privilegiando actividades concentradoras de ingresos en los poseedores del capital financiero, en desmedro de las actividades productivas y generadoras de fuentes de trabajo, como la industria, el comercio, el agro y los servicios», establece el análisis de conyuntura.
Explica que el proceso de globalización, predominante en la última década, a través de los avances en la tecnología de las comunicaciones, el desarrollo científico y la transferencia de nuevos modelos sociales y culturales, ha influido en todos los estratos sociales, introduciendo nuevos hábitos, nuevos «valores», y, particularmente, la adopción de nuevas actitudes y comportamientos, en los cuales se considera más importante el tener que el ser.
Denuncia que este entorno económico y social, exacerba las tendencias individualistas de nuestra sociedad, enfatizando los criterios de competencia desenfrenada, sin asociarlos a las cualidades personales y morales de los sujetos, predominando el manejo de influencias y el principio de que cualquier medio es válido para obtener lo que se desea.
Se estableció que la pérdida de incidencia del sistema educativo como mecanismo de formación humana en la capacitación y socialización de las nuevas generaciones, plantea una situación de crisis, que la comunidad ha percibido como uno de los desafíos actuales más apremiantes.
Considera que el modelo de sociedad emergente de este entorno, «es incompatible con la fe y la práctica cristiana, en cuyo centro está el valor de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, y cuyo misterio sólo es revelado en Jesucristo.
Desempleo y precariedad
El creciente desempleo, la precariedad del trabajo, la inestabilidad laboral, los despidos masivos, el trabajo informal, las contrataciones fuera de las normas laborales y de seguridad social, la alta cualificación exigida para postular a trabajos poco remunerados, son los aspectos que más aparecen señalados entre los aportes hechos por la comunidad católica.
El documento señala que la situación laboral es vivida de manera tan angustiosa, que casi no aparece (a diferencia de años anteriores) la preocupación por el monto de los salarios y su inadecuación al costo de la canasta familiar. Este aspecto aparece desplazado de las principales preocupaciones, por la falta de fuentes de trabajo y la inestabilidad laboral.
Al señalar las causas de esta situación, las comunidades cuestionan, en primer lugar, las políticas económicas de inspiración neoliberal, la desprotección de los trabajadores y los productores nacionales y la introducción de nuevas tecnologías «que desplazan a las personas, sin que exista una búsqueda de soluciones en este sentido».
Entre las consecuencias de la problemática del desempleo, se señalan: el aumento de la marginación y la exclusión social, la desaparición de las clases medias, la emigración, la violencia, el consumo de drogas y alcohol, la incertidumbre frente al futuro económico, la falta de horizontes.
«Como corolario de todo lo anterior, se constata el aumento de la brecha entre quienes aumentan su capacidad de adquirir bienes, y quienes se ven privados de lo indispensable para vivir con dignidad, junto con una notoria disminución de la posibilidad de desarrollo de las capas medias».
Los desechables del sistema
El nuevo Plan Pastoral muestra como contradicción la aparición de un sector de población que, si bien es minoritario, cuenta con una gran visibilidad social, y su alta capacidad de consumo contrasta fuertemente con amplios sectores de población, que cada vez más no tienen ni pueden, y son definidos como los sin posibilidades, los «desechables» del sistema.
Critica «el consumismo irracional, el derroche y el lujo desmedidos y el aumento de la miseria, como factores que escandalizan a las comunidades».
A su vez, se custionó las estrategias inductivas «a la tentación consumista y la imitación de modelos que no se ajustan a las características y posibilidades de la población. En ello han incidido –argumenta el documento– las compras excesivas en cuotas, debido a la difusión de las tarjetas de crédito, que ha provocado un creciente endeudamiento en los sectores medios y populares, agravando su falta de disponibilidad de ingresos para atender las necesidades primarias».
La Iglesia montevideana considera a las políticas económicas y sociales como «insuficientes» para atender a los distintos sectores productivos, asalariados, pasivos, marginados, y establece que la fuerte incidencia de los tributos al consumo, la evasión fiscal, y la no aplicación de impuestos a las rentas reales, ha agravado la inequidad en la contribución a los gastos públicos de los distintos sectores sociales.
Con respecto a la enseñanza indica que «la desigualdad de oportunidades en materia de educación en los distintos estratos sociales, ha disminuido las posibilidades de cambio y movilidad social de grandes sectores de la población. Por más que se ha extendido la educación preescolar y escolar, aún no resulta suficiente para superar la brecha existente con quienes pueden acceder a una buena formación, que les posibilite acceder a mejores trabajos».
«La educación en el país no sólo expresa las diferencias sociales por la capacidad económica, sino que tiende a consolidarlas y aumentarlas (a título de ejemplo, el desigual acceso a la enseñanza de idiomas y de informática, genera mayores desniveles)».
Los católicos perciben una creciente fragmentación de la sociedad montevideana, «que se expresa en la existencia de barrios, centros comerciales, espacios de recreación para determinados sectores sociales, donde no es posible la interrelación con otros sectores. Pero frente a este panorama bastante desolador, no obstante, las comunidades descubren signos esperanzadores.
Uno de los más señalados es la existencia de experiencias creativas y solidarias, dirigidas a los sectores más perjudicados por el modelo: niños en situación de calle, mujeres jefas de hogar, ancianos solos, desocupados, etc. Son muchas las instituciones que trabajan por la inclusión de los excluidos, en diversos aspectos: educación, salud, alimentación, alternativas laborales dignas».
El documento observa que la sucesión episcopal en Montevideo parece haber significado un cambio de estilo en el relacionamiento con la comunidad y con la sociedad, que es valorada por las comunidades. El papel asumido por el Arzobispo de ser la cara visible de la comunidad católica frente a la sociedad (sindicatos, gobierno, etc.), constituye un avance destacable. Se señala que, a partir de las apariciones públicas del arzobispo, la voz de la Iglesia tiene una mayor presencia en los medios masivos de comunicación.
También se destaca, como elemento positivo, el aporte de la comunidad a la búsqueda de soluciones al problema de los detenidos-desaparecidos, a través de la participación del arzobispo en la Comisión para la Paz, creada por el gobierno.
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