Tiene la palabra

 

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

La revista argentina «Noticias», muy difundida también en nuestro medio, suele publicar una sección «Barómetro», donde con la figura en caricatura de cada personaje, se da cuenta del porcentaje de aparición en los medios que tiene cada uno en la última semana. Por estos lares, nadie se ha tomado el trabajo de reeditar la especie, consultando diariamente los programas de TV y radio y, obviamente, las páginas de diarios y revistas. De ser así, no hay duda que se comprobaría que el ministro del Interior, escribano Guillermo Stirling, no sólo se ubica «en punta» sino que a la larga, siempre empleando la jerga burrera, gana «por varios cuerpos».

Hace pocos días lo vimos con un cartel que decía «Estamos quemando 800 mil dólares», junto a una claque de estudiantes, llevados para presenciar la quema de un volumen enorme de droga incautada. Cuando no aparece junto a un policía baleado en un enfrentamiento con delincuentes, lo hace entregándole al inefable Almendras, de Canal 4, las llaves de un patrullero donado desde países lejanos. A menudo se arrima a viudas, niños, víctimas de accidentes de automóvil, esposas de baleados por la misma policía (como el caso del asalto a EGA) y en lo que parece ser su «deporte favorito», visitar taxistas atacados e internados por lesiones en el Sanatorio del Banco de Seguros. En cuya esquina de Mercedes y Julio Herrera y Obes (justamente allí enfrente a su Ministerio), previamente se instalan cámaras de los canales más fanáticos sobre información de los actos gubernamentales, para no perderse detalles de la visita del mencionado secretario de Estado, junto al cual recorren las instalaciones del nosocomio, incluso en horarios fuera de los normales de visita, lo que para pacientes, médicos, auxiliares de Enfermería, administrativos y personal de limpieza o cocina, muchas veces constituye un trastorno.

Mucha gente se pregunta por qué ese afán del ministro Stirling en su visita a los taxistas atacados, siendo que hay un montón de gente atacada por delincuentes en otros hospitales –rara vez visitadas– o incluso, en la Central de Servicios Médicos del BSE, decenas de obreros accidentados, por cuya suerte y estado de salud muchas veces no se interesan ni sus patrones.

Nadie se lo puede explicar, si bien se comenta (y en la esfera policial se sabe) que algunos de esos pomposamente llamados «obreros del volante», algunas veces no son atacados con miras a un asalto, sino simplemente por variadas «cuestiones del momento», «vendettas» y otras yerbas, que nada tienen que ver con el asalto a mano armada o la «apropiación indebida» de uno que otro viajero falto de fondos.

Dicen que la continua aparición del ministro Stirling en TV y Prensa en general, lleva implícita la repetición de imagen y ganancia en popularidad, con miras a convertirlo hoy o mañana en potencial candidato a intendente municipal del Partido Colorado y de la coalición rosada toda, ansiosa de liquidar al Frente Amplio en Montevideo. De encerrar ese fin su reiterada (ya mucha) aparición en los medios, ¡qué chasco se van a llevar los ex admiradores de Elizalde, Julio Iglesias y últimamente de Magurno!

Por más que nos muestren al apreciado escribano Stirling a toda hora en los medios, ya sabemos quién ganará la próxima elección capitalina.

Galeno – C.I.: 1.045.377-4

 

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Una visión distinta. A esta altura de mi vida, veo cómo el fútbol, su filosofía, su esencia, está alterada cada día más. Si anota el gol o no, si tuvo un buen día o no, si el juez perjudicó, si no. Si el técnico, si el campo, si el línea, si la cancha, la lluvia, el césped, si la altura, si los jugadores uruguayos del exterior… Ay, ay, es interminable. La presión sobre un jugador, un técnico, son muchas veces insoportables. Tengamos en cuenta que en un partido ambos equipos/contrincantes, van por la misma. Ganar. pero, salvando la situación de empate, uno gana y uno pierde.

Los dos nunca pueden ganar. Para mí, no hay, ni existen partidos malos. Los hay menos buenos, que no es lo mismo. Hay partidos complicados. Otros no. Hay situaciones y situaciones. Una cosa sí. Daría gracias a Dios si el fútbol dejara (como pasa muchas veces en partidos locales) de enfrentarnos a todos nosotros, los futboleros del alma. No somos enemigos, sí rivales en el más puro y noble de los sentidos, somos de banderas, cuadros distintos. Pero somos orientales. Todos. Yo apuesto al fútbol, deporte, disciplina, habilidad, destreza, suerte éxito.

Por una vez voy a darle a este (nuestro gran tema) un enfoque totalmente distinto al de costumbre. Real. Humano. Positivo. En su real dimensión. En lo personal siempre lo analicé así. Es mi opinión (modesta, mía al fin). Si alguien acompañara mi razonamiento, mis líneas no serían en vano y me sentiría muy feliz.

Es cierto. Fuimos Campeones del Mundo. Nadie lo duda. Nadie lo niega. Haber sido Campeones del Mundo significa que fuimos los mejores del mundo. Y lo fuimos más de una vez. Varias veces. Hicimos historia futbolera, que nos proyectó (para arriba) en otras áreas y facetas de nuestra historia.

¡¡¡Por favor!!! ¿Dónde está el ayer? ¿No existe? ¿No existió? ¿Cayó en el olvido? Tanta gloria… Gloria celeste… Garra charrúa… ¿pasaron a segundo plano?, ¿quedaron invalidadas? Hay algo que me cuesta entender. Me cuesta aceptar. En vez de disfrutar para siempre tales logros, tales hazañas, nuestras… uruguayas… las ponemos y conjugamos en verbo/tiempo pasado. Y no es así. Una conquista es para siempre. Jamás pasa. Jamás se pierde. Nadie quita un título ganado a nadie. Por el hecho de tiempo transcurrido un profesional, un técnico, o de cualquier otra profesión u oficio, no pierde jamás su título. Ni deja de ser lo que en buena ley se ganó. Ni al retirarse, ni al jubilarse ni al morir. Un médico es tal mientras ejerce, se jubila y fallecido sigue teniendo su título.

Nosotros, los uruguayos fuimos, somos y seremos… Campeones. Por siempre. Para siempre. Lo digo convencido. Alguien podrá preguntar por el fútbol de hoy. El actual. Es bueno. En el acierto y el error. El fútbol es para vivirlo, enfrentarlo, palparlo, jugarlo, saborearlo, lucharlo. Mozart fue. Pero sigue siendo Mozart y nadie se siente mal porque no hay muchos Mozart, o que cada tanto tiempo existiera la obligación de que aparezcan nuevos Mozart. O Shakespeare, o Neruda, o Juana de América, o Rodó y tantos otros.

Reitero: fuimos campeones y lo seguimos siendo. No es de obligación, ni posibilidad ser todos los días «de nuevo» Campeones. Es de desear. Pero la realidad no es así. Se debe apuntar sí a la superación, al mejor estilo, a nuevas propuestas y mejores apuestas. Hay que luchar. El nuevo triunfo vendrá solo… ¿Cuándo? En cualquier momento de la vida. El fútbol es competencia. Sana competencia en busca de la conquista. Pongamos fe y amor en ello. No se nos debe ir la vida en ello. Fútbol es pasión, fútbol es ritmo, vida, movimiento, color… y nuestro fútbol es ante todo eso. Nuestro. Y bueno.

Me remito a la conocida frase de:

«Salve Deporte, eres la Paz

¡Viva el Deporte!

¡Viva nuestro fútbol! Celeste, con la Garra Charrúa…

¡Viva nuestro fútbol… el de antes… y el de ahora!

Arriba corazones futboleros.

Cantemos juntos hoy, aquí, ahora, ya, ¡arriba… Uruguay!

…Uruguayos Campeones… de América del Mundo…

¡Viva la Vida!

Cordiales saludos,

Carmi Rauch – C.I. 866.784-6

 

Casimiro
Motta, nació a la eternidad

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Nuestras viejas nostalgias pueblerinas se agolpan en torno a la figura de aquel gran pintor, Casimiro Motta, recientemente desaparecido, tras soportar estoicamente los duros embates de una cruel enfermedad.

¿Quién fue Motta?, se preguntarán muchos de ustedes. Fue un gran pintor. Pero por sobre todas las cosas un excepcional ser humano. Unico. Intransferible. Auténtico. Vocacional. Irrepetible. Integro. Indoblegable. Firme en sus convicciones y en sus ideas. Pero toda esa gama de virtudes, y muchas más, estaban disimuladas, como escondidas, detrás de un verdadero ropaje de modestia y de humildad. Que no tenía límite ni desaparecía bajo ninguna circunstancia. Buena o mala. Su espíritu sereno, su imperturbable don de gente y su inviolable honestidad, lo transformaron, dentro de su modestia, en un ser superior.

Amó la pintura porque era un enamorado de los colores. Sobre todo de los colores cuya paleta mejor interpreta la verdad de los humildes. De los parias que pululan la tierra, abandonados de la mano de Dios. Cuando contemplo un cuadro de Motta, me vienen enseguida a la memoria aquellos versos de Juan Ramón Jiménez: «Deja, deja… mira el cielo ceniciento, mira el campo inundado de tristeza».

Su estro pictórico y su inspiración tuvieron como figura central al pobre y su entorno figurativo que lo dice todo. Alabado sea Motta en su particular mensaje a la otra sociedad. Quien no recuerda su «leit-motiv» del niño calagualero agobiado por el peso de su carga y de su destino. Quien no recuerda la patética estampa de aquel desvencijado carrito del recolector de residuos, tirado por un caballo ya vencido y derrotado, más vencido y derrotado que la mano que lo guía. Y aquellos paisajes serranos cuyas casuchas tétricas y desoladas parecían una copia exacta de aquella «Pampa de Granito» de la cual nos hablara Rodó. Aquellas barcazas atracadas al muelle desolado y frío como mudos testigos de una esperanza vana de sobrevivencia, eran el fiel reflejo de una lucha despareja por la vida y el esfuerzo sobrehumano que encierra y significa esa lucha. Desigual. Cruel. Injusta. Cuya vera efigie es la de aquel «Viejo y el mar» de Hemingway.

Dejemos de lado todo esto, y hablemos de lo que fue y seguirá siendo Mota para todos nosotros. Un ejemplo de vida. Un ejemplo de lucha. Un ejemplo de lealtad y tesón a lo que él consideraba sus principios básicos. Su vocación de pintor y su amor por la pintura como una exclamación redentora, salvadora, atenaceadora. Como testimonio real de un mundo injusto y avaro y como alabanza final para seguir la lucha que tiene empeñada el hombre consigo mismo.

Motta pasó desapercibido para muchos de los orientales, pero su pintura es como un relámpago en medio de la tormenta. Una ráfaga de luz eterna que nos ilumina y nos hace temblar al mismo tiempo. Su verdadero yo está intacto en toda su obra, de verdadero maestro de la pintura uruguaya. Así sea, por siempre jamás

J. Daniel Pérez – C.I. 2.633.531-4

 

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El que suscribe Enrique Delisa con domicilio en Montevideo desea expresar al señor intendente de Salto el gran desagrado por la pésima vigilancia policial y privada que este año sucedió en las Termas del Daymán.

Desde hace 5 años en Semana Santa soy un asiduo, con mi familia, concurrente y en ningún momento tuve conocimiento de hurtos como sucedió este año, robos de bolsos llenos con ropa y documentos, cámaras fotográficas, salidas de baño, etc. y también robos en casas privadas.

Varios hemos efectuado las correspondientes denuncias en la Administración de las Termas del Daymán y otros en la Comisaría, por lo tanto le solicito al señor intendente, que como concurren turistas de distintos departamento del país, como también muchos argentinos, brasileros, ponga vigilancia policial o privada para que no sucedan hechos desagradables, y en lugar de tener que efectuar dichas denuncias, sí elogiar al director de Turismo de Salto.

Saludo a usted muy atentamente,

Enrique Delisa

 

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Llevo a su conocimiento, un hecho insólito ocurrido en el Programa «Bien de bien», de Berugo Carámbula, Canal 10, en la noche del 18.4.01.

Se organizó un concurso, que consiste en acertar o aproximarse a la numeración de un billete de $ 20, que el conductor da a conocer casi al final del programa. Se dice que debe llamarse hasta las 24 horas (o al día siguiente de 8 a 10), al teléfono 17 11 00 10.

Se dio el Nº de billete, que se mostró, siendo el 022022930.

Pero ocurre algo insólito:

a) el Nº 17 11 00 10 según contesta una telefonista de Antel «El número que usted seleccionó, no es correcto», etc….)

b) el billete mostrado, tiene 9 cifras y en realidad, los billetes de $ 20 tienen sólo 8 cifras!

Llamando al número del Canal, el mismo aparece permanentemente ocupado.

Sería interesante que ustedes, si pueden, aclaren todo este proceder del que mucha gente estaba expectante el martes de noche.

Gracias,Saludos

Omar Líbero Tadeo – C.I. 2.345.678-5

 

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