Más de dos millones de créditos para los pobres
«La idea es la elevación de la autoestima y la dignidad perdida de aquellas personas que se encuentran en situación de extrema pobreza», sintetizó el profesor y economista Muhammed Yunus, ideólogo de Grameen y candidato al Premio Nobel de Economía en varias oportunidades, durante la conferencia organizada el pasado fin de semana por la Editorial Andrés Bello y la revista Tercer Sector, en el Auditorio de Distribuidores de Diarios y Revistas de Buenos Aires.
El sistema Grameen está sustentado en la confianza depositada en los más pobres, otorgándoles microcréditos con los cuales puedan iniciar una actividad económica genuina, por mínima que sea, que los arranque del círculo vicioso de la indigencia.
El impacto de la propuesta, que escapa a todo tipo de etiquetas religiosas, políticas e ideológicas, ha llevado a que el Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial levantaran voces de descontento sobre el camino marcado por este economista formado en los Estados Unidos, dedicado a combatir la situación de personas castigadas por la pobreza, especialmente en los países subdesarrollados.
En 1976, una experiencia personal ocurrida en las calles de su Bangladesh natal, fue el embrión del sistema de microcréditos o de «un banco para pobres» como él suele definirlo.
«Me encontré con una mujer sollozando», recuerda Yunus, «le faltaban 25 centavos de dólar para comprar bambú con el cual fabricar esterillas. Era una cifra insignificante pero representaba su alimento. Trabajaba como una esclava y vivía en condiciones deplorables».
La ayuda económica que supuso esa pequeña cantidad de dinero para la trabajadora artesanal, llevó a que elaborara una lista de 42 personas que necesitaban 27 dólares para emprender proyectos laborales y, paralelamente, al divorcio entre su conocimientos académicos y la realidad de un país castigado por la hambruna.
«Comprendí que mis estudios formales se derretían, eran solamente un ejercicio intelectual. Mis conocimientos académicos no servían en la vida real. La alegría de la gente era desproporcionada para la cantidad de dinero que les di. Cuando comenzaron a devolver el dinero, tuve la fuerza necesaria para enfrentar el desafío de implementar el sistema a gran escala», señala Yunus.
Sin embargo, la idea de préstamos a pequeña escala no fue bien recibida por los banqueros de Bangladesh.
«Me dijeron que los bancos no podían prestarle dinero a los pobres. La base de este sistema es cuanto más tenés, más te podemos prestar. En realidad, los bancos hacen caridad para ricos. Esto creó el mundo que tenemos y, en consecuencia, los pobres quedan cada vez más desprotegidos», expresó.
La negativa no fue obstáculo para el economista. Sin estructura ni apoyos oficiales de ninguna naturaleza, comenzó con su idea de microcréditos para encontrar una salida a situaciones desesperantes. Eligió una alternativa novedosa: prestarle preferentemente a las mujeres y sin solicitar garantías de ningún tipo.
«Los bancos sólo prestan a los ricos. La crisis asiática fue creada por el sistema bancario. Se otorgan préstamos a los ricos y a los políticos y sus amigos. Y quienes más necesitan de los créditos son, justamente, los más pobres. Los grandes créditos bancarios no llegan a los pobres. El crédito debería ser un derecho humano», sentenció.
El Grameen tiene sólo un 2% de préstamos incobrables. La idea demostró su eficacia, contra todas las opiniones convencionales.
Hoy, el Grameen Bank mueve más de U$S 3.500 millones anuales, tiene sucursales en 60 países, entre ellos Estados Unidos y Francia, y ha permitido mejorar situaciones de indigencia y de desempleo padecidas por millones de personas.
«La mujer del bambú sintió que alguien había confiado en ella, que tenía su oportunidad y que podía ser alguien. El sistema actual condena y daña la dignidad de la mitad de la población mundial. El microcrédito es útil cuando se pierde el empleo y ayuda a crear una propia economía. Hay que abrirse a un nuevo modelo para cambiar la forma de vida de los pobres. No deberían existir más pobres», afirmó Yunus.
Proyecto alternativo
El Grameen Bank se basa en un concepto muy simple: prestar a personas en estado de indigencia a las tasas vigentes en el mercado, un 20%, sin demandar garantías. En el caso de los préstamos para viviendas implementados en Bangladesh, para lo cual se destina un 25% del total del dinero, la tasa de interés se sitúa en 8%.
Esto asegura que los beneficiarios comprendan que no están recibiendo caridad, sino un verdadero préstamo por el que deben trabajar para reembolsar, generalmente en cuotas semanales (el préstamo promedio tiene un período de maduración de un mes).
La ausencia de garantías permite que los más pobres, que no disponen de avales, no sean excluidos.
La mitad de la población mundial, unos tres millones de personas, viven con menos de dos dólares por día. En el marco de esta situación, el objetivo de Grameen es llegar a los indigentes, especialmente a las mujeres y, a la vez, ser sustentable. El primero de estos postulados, dice su creador, no es negociable. El segundo es direccional.
«Los gobiernos deberían encontrar otros proyectos», apunta Yunus, quien añadió que «se solicitan créditos por millones de dólares a organismos internacionales que se gastan en consultores, asesores y el dinero nunca llega a los pobres».
El Grameen Bank utiliza dos mecanismos para otorgar un préstamo: grupos mancomunados (a través de organizaciones no gubernamentales, por ejemplo) y préstamos personalizados. Nunca se otorga un préstamo a un individuo aislado, sino como parte de un grupo de cinco prestatarios, cada uno de los cuales es responsable del reembolso que deben efectuar los otros miembros del grupo. Dado que no se requiere garantía alguna, la única posibilidad de asegurar que los otros miembros del grupo mancomunado cumplirán sus compromisos, es seleccionar a personas dignas de crédito para que formen parte del grupo.
La condición para acceder al préstamo es demostrar que se es extremadamente pobre y que se tiene un proyecto viable. Para ello, los operadores de campo y el equipo consultivo de Grameen deben verificar cómo y en qué situación vive el solicitante.
Inicialmente, los funcionarios encargados de los préstamos fueron ellos mismos beneficiarios, pues eran los que sabían quiénes eran las personas necesitadas, pero dignas de confianza en las aldeas de Bangladesh.
El banco sigue creyendo que sus empleados deben estar lo más cerca posible de sus beneficiarios y ha hecho todo lo necesario para mantener esta estrecha relación.
El Grameen Bank también ha tratado de romper las barreras culturales que considera inhiben el desarrollo, tales como la discriminación de la mujer.
«Hoy en día, más del 94% de los beneficiarios del banco son mujeres. En general, los bancos no le prestan a las mujeres. Además, ellas son grandes hacedoras de negocios, explica Yunus y sonríe.
En Bangladesh, las actividades de este «banco para pobres» se extendieron a la educación. El 100% de la mujeres prestatarias no sabía leer ni escribir, por lo que la fundación comenzó un programa de alfabetización.
«No sabían lo que era una lapicera», recuerda Yubus, quien explicó que «tuvimos que enseñarle a escribir sus nombres. Esto representa un gran éxito en la vida de una persona».
Hoy la totalidad de sus hijos concurren a centros educativos y Grameen absorbe el costo de los estudios.
La experiencia uruguaya
Si bien en Uruguay el método Grameen desembarcó hace poco más de un año, la idea es extender la metodología a aqu
ellas personas en situación de extrema pobreza o que sean poseedoras de un pequeño comercio y requieran de un microcrédito para la ampliación de mercaderías, dijo a LA REPUBLICA, Graciela Rompani de Pacheco, integrante del directorio de Grameen Uruguay.
Hasta el momento, dos prestatarios, una almacenera y una feriante del barrio 19 de Abril, en la zona de Cerro Norte, recibieron dos microcréditos de 5.000 pesos cada uno, financiados en 50 cuotas semanales de 120 pesos.
Este sistema de pago semanal en pequeñas cantidades, redunda en una mayor facilidad de cumplimiento para los prestatarios.
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