Domingo de ALCA y protestas

Laa reunión de los 34 jefes de Estado y de Gobierno de todos los países de la región, excepto Cuba, en vistas a la constitución del Área de Libre Comercio de las Américas, que se desarrolla en Quebec, condensa una buena cantidad de las tensiones más graves por las que atraviesan nuestras comarcas.

La propuesta de los EEUU, planteada inicialmente por Bush (padre) e impulsada luego por el gobierno de William Clinton en la Conferencia Cumbre de Miami en 1994, es sin la menor duda, una expresión del neoliberalismo rampante que, como producto de exportación y para organizar el mundo a su beneficio, impera en los Estados Unidos.

El resultado a mediano plazo de la apertura al libre comercio que se dice impulsar sólo puede devenir en un crecimiento de las desigualdades entre los países más pobres y los más ricos, en particular los Estados Unidos y en un aumento de la dependencia financiera, económica y finalmente política y cultural de toda la región hacia el país hegemónico.

El turno de George W. Bush encuentra a buena parte de las economías latinoamericanas al borde del colapso. Si en el campo económico hay diferencias, en el campo social, incluso aquellos países que transitan cierto nivel de reactivación, el crecimiento de la desigualdad en la distribución de las riquezas, el deterioro de las condiciones de vida y la acumulación de elementos socialmente explosivos son clarísimos, tal como lo muestra la creciente violencia urbana y rural, en las cárceles y en las poblaciones marginales, que agita a Brasil.

En este cuadro hay un aspecto que ha cobrado relevancia en los últimos meses. ¿En qué condiciones va Uruguay a esta conferencia?

O, más en general, ¿ en qué condiciones se colocan los gobiernos de los países del Mercosur en la hora del ALCA?

En nuestro país son de sobra conocidas las opiniones personales del Presidente de la República, que se ha declarado favorable a una negociación de Uruguay en solitario para incorporarse al gran proyecto hemisférico norteamericano.

Son muchos los que piensan que esa actitud no sería en absoluto conveniente para el país, desde que «el hermano grande» no es justo, ni desinteresado.

La trascendente cuestión de cómo y con quién se negocia se ha complicado con las turbulencias que agitan al Mercosur, donde las destempladas afirmaciones del todopoderoso ministro de Economía de la Argentina, Domingo Cavallo, han irritado más de una vez a los socios brasileños del Tratado de Asunción.

En ese terreno de gran inestabilidad rioplatense resultan interesantes las puntualizaciones del presidente de Brasil, Fernando Enrique Cardoso. Sus críticas al conjunto de inconvenientes que se derivan para los países menos desarrollados de la región de las políticas de «dumping» que se practican en los EEUU así como las prácticas encubiertas de proteccionismo que lleva adelante esa gran potencia y su despreocupación por el proceso de deterioro del medio ambiente y el incumplimiento de los protocolos de Kyoto, marcan una línea con perfiles propios, del tipo que en algunos tramos del siglo pasado exhibieran la Argentina y Uruguay.

Importan también las expresiones de los mandatarios argentino y brasileño en el sentido de buscar, frente a los EEUU y su propuesta del ALCA, instancias de negociación común por parte de todos los países del Mercosur.

Un comentario final: una vez más, las organizaciones sociales que protestan contra la globalización se han hecho presentes con manifestaciones, reuniones paralelas y denuncias.

Estas protestas tienen una enorme importancia. Actual y de futuro. Marcan el creciente desarrollo de lo que el filósofo francés Edgar Morin llama el nacimiento de una «ciudadanía planetaria».

Como bien señala un editorial de Clarín de Buenos Aires a propósito de las protestas en Quebec: «La protesta antiglobalizadora se ha convertido en el reducto que preserva una conciencia social colectiva mínima que dio la sensación de desvanecerse del escenario internacional desde los años 80 en adelante.»

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