»Que Cotugno se ilustre y después conversamos"
–Usted dice que no hay crisis de valores, pero muchos sostienen que nuestra sociedad se va disgregando. Por un lado la cultura de «la Amsterdan» con su cultura del vino y por otro la cultura «del robo de cuello duro». ¿Hay hoy varias culturas?
–Desde el momento en que los muchachos ven por televisión a muchachos de su misma edad con otro nivel de vida, con que todos tienen coche, las frustraciones comienzan por ahí. Al no tener eso acá, buscan una salida y ahí viene la cultura del vino, de la violencia.
Estamos en un Uruguay de cambios, en un nuevo siglo, en un nuevo milenio. Las mentalidades de la Edad Media terminaron. El quedar impávido como Pío XII ante la masacre de los judíos, no existe más. El tomar posición y decir lo que uno piensa, es el tiempo de hoy. Los cambios se van dando porque hoy la juventud dice las cosas por su nombre. Y eso los padres no se lo esperaban.
Si viene un video de una serial cualquiera donde la chica a los 17 años se va a convivir para ver si se entiende con su novio, acá en el Uruguay, a la primera de cambio, los muchachos hacen los mismo. ¿La sociedad alemana que convive hasta los 30 y los 40 y luego se casan, tiene frustraciones de este tipo?
–Usted quiere liquidar a la familia…
–No, yo no quiero liquidar a la familia, que puede mantenerse igual, pero con otros conceptos. Yo voy a querer a mi padre y a mi madre, pero no vay a hacer lo que hicieron ellos. Nadie está destruyendo nada. Está evolucionando el mundo, aunque algunos digan que evoluciona mal. ¿Evoluciona mal porque rompe con ataduras medievales? Los que tienen que ir a una escuela para padres son los propios padres.
–¿Hay temor de una parte de la ciudad con ustedes?
–La sociedad que tiene los miedos al demonio, la sociedad que tiene las culpas de ser hijos de los primeros padres pecadores, es la que tiene miedo al umbandismo y las religiones africanas. Para nosotros no existe el demonio y ningún padre fue pecador.
–Así que el complejo de culpa para afuera…
–Para afuera. No existe el complejo de culpa. Y tampoco tenemos esos miedos.
–¿Ustedes sienten que salieron de la clandestinidad o de la marginación?
–Hemos marcado unos pasos adelante y nos han aceptado. Si bien en los 60 éramos discriminados, hoy por hoy la gente sabe dónde hay un buen sacerdote umbandista y un buen templo afroumbandista.
–Pero ustedes matan a los animales.
–Es una forma de comer. Los judíos matan las vacas en el Frigorífico Carrasco, pero los umbandistas no tenemos frigorífico para meter el cuchillito.
En épocas de retiro espiritual las únicas carnes que pueden comer los afroumbandistas son de caprinos, ovinos y porcinos. Los faena el sacerdote, que no se llama rabino, se llama pai. No matamos por matar; no.
–¿Ustedes tienen relaciones con los otros jefes de las iglesias?
–Hemos participado en algunos seminarios, con la participación de todas las iglesias de distintos credos. Por suerte en esas reuniones ha participado gente muy abierta. Pero también algunos nos rechazan, desconociendo que somos hermanos espirituales.
Tenemos afinidades con los budistas, con el ama, con el hinduismo. Con ellos tenemos puntos en común increíbles. No así con las iglesias occidentales y cristianas.
–¿Habló alguna vez con Nicolás Cottugno?
–No.
–¿Por qué?
–Porque nunca me invitó.
–¿Por qué no lo invita usted?
–No, capaz que viene y me pasa como a un grupo de religiosos umbandistas que lo invitaron para entregarle una placa y les dijo: «No olviden que estas sectas todas se deben a Dios». Cómo lo voy a invitar, si está negando con eso mi tradición. Primero que se ilustre y después conversamos.
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