"Esto no es doloroso, lo que es un sacrificio es sobrevivir"
Marcelo Bustamante
Más de 120.000 personas peregrinaron ayer a Minas, para participar de la tradicional festividad religiosa y asistir al primer centenario de la inauguración de la venerada imagen, que cada 19 de abril renueva la fe y es requerida como «una madre que atiende a todos.»
La devoción popular nuevamente estuvo presente entre los uruguayos. Decenas de excursiones, largas caravanas de coches y un atestado tren desde Montevideo, trasladó a miles de devotos de la virgen del Verdún, pese a que el feriado que conmemora el Desembarco de los 33 Orientales fue trasladado para el próximo lunes 23.
Ayer se cumplió el primer centenario de la instalación de la imagen sobre la cima del cerro, cuya altura supera los 3 metros. El histórico 19 de abril de 1901 se inició la recurrente costumbre de venerar a la Inmaculada de Minas y pedir ayuda por los problemas cotidianos que aquejan a los uruguayos.
Todos los obispos católicos estuvieron presentes en la misa central oficiada a partir de la hora 10, excepto el arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, que permaneció en nuestra capital para asistir a una reunión de la Comisión Para la Paz. La eucaristía fue presidida por el propio nuncio apostólico.
Fue un gran acontecimiento popular para todo Lavalleja. Más allá de lo espiritual, la región se benefició con el arribo de miles de personas que además de renovar su fe, consumieron en los puestos de comidas apostados en la falda del cerro y adquirieron estampitas y diversas imágenes de la virgen.
Todo estaba programado y funcionó bien. Los hoteles colmaron su capacidad de hospedaje e incluso niños minuanos asistieron a la celebración, para vender distintas hierbas y entregar a los peregrinos cañas a $ 5 cada una, que fueron utilizados como apoyo para «escalar» el cerro.
El sacrificio de sobrevivir
«Esto no es doloroso, lo que es un sacrificio es poder sobrevivir hoy en día», afirmó una señora que, descalza con una caña en su mano, pisaba con cuidado las piedras del camino y se trasladaba con lentitud.
La montevideana era acompañada por su padre, de 84 años, y otras dos personas de edad avanzada.
«Siempre venimos acá, le pedimos a la virgen y ella siempre nos concede lo solicitado», acotó la devota. «Hay que tener fe, porque es capaz de mover montañas. Además, hoy día con todos los problemas que existen, sin creer en algo, no se puede salir adelante».
Mientras avanzaban, muchos fieles admitieron no creer en curas ni en la iglesia, pero sí tener la certeza de la existencia de un ser superior que rige todo. «Vinimos el año pasado en tren y de mañana llovió permanentemente. Igualmente subimos hasta donde está la virgen y le hicimos los pedidos. Hoy (por ayer) también llegamos en el tren, pero esta vez nos dejaron lejos», se lamentó la devota.
Al llegar frente a una de las imágenes de Cristo en la pendiente del cerro, ya en un clima de mayor confianza, la peregrina montevideana dijo: «Agachate y tomá una piedra como esta del piso. Agarrala con fuerza con la mano derecha que te da suerte».
Muchas de las mujeres que participaban en la larga procesión llevaban consigo una piedra. Sabían que aún les quedaba un largo trecho para recorrer, pero que igualmente lograrían su propósito.
A poco de llegar a la cima, otra señora no soportó el desgaste de la travesía. Debido a su avanzada edad y al gran esfuerzo realizado, perdió el conocimiento. recibió múltiples expresiones de apoyo y solidaridad.
En la cima, el párroco de la ciudad de Minas y el párroco de la Gruta de Lourdes de Montevideo, que todos los años asiste, celebraban misa debajo de la imagen del Verdún y ante la mirada atenta de numerosos creyentes.
Una virgen centenaria
La publicación religiosa «La Paz Católica» del 7 de octubre de 1900 anunciaba: «Virgen del Verdún», así se llamará la imagen de la Inmaculada que se colocará sobre la cumbre del cerro Verdún. Será un cristiano recuerdo del siglo XIX y en los albores del XX, será un homenaje a Cristo Redentor, a su Inmaculada Madre y el primer acto de esta índole que se realiza en la República, que honra mucho a nuestro departamento».
Según recordó el cura párroco de la ciudad de Minas, Santos Gutiérrez Alonso, el impulsor de la idea de colocar una estatua de la virgen en uno de los cerros que rodean la ciudad, fue el presbítero José De Luca.
El religioso, que en ese entonces era un sacerdote joven recién llegado de Italia, fue asignado a Minas por parte del arzobispo de Montevideo, monseñor Mariano Soler, para realizar tareas pastorales. De Luca llegó a Uruguay en 1891 y desarrolló su misión en nuestro país hasta 1906. A pesar de ser italiano, era un gran patriota y completó su formación académica en Uruguay.
Fue músico, creando el himno a la virgen del Verdún. Además, impulsó la creación del teatro minuano.
Ya en Minas, se trazó como objetivo culminar las obras de la catedral, que en ese entonces era una parroquia. Después se abocó a la tarea de instalar la imagen sobre la cumbre de las serranías, que en un principio sería llevada a la zona del Arequita, pero finalmente quedó sobre el Verdún.
En1901 se proyectó el funcionamiento de una romería, organizándose una gran peregrinación para el día de la inauguración.
Sobre la denominación que lleva el cerro minuano, el párroco de Minas explica, en una publicación distribuida entre los devotos, que proviene del nombre del primer poblador del paraje, Juan Bautista Berdum, a quien el gobierno de España donó esos campos en el año 1801.
En 1900, los propietarios del Cerro Verdún eran María Ariza de Dartayete y su esposo Pedro Dartayete. El padre De Luca les solicitó autorización para colocar una estatua de la virgen en la cumbre. «María Ariza secundó y ayudó a la obra del Verdún, facilitando su casa para dejar la estatua conseguida en Montevideo, hasta su colocación. Además, prestó su carreta para subir los materiales para el pedestal.
En 1906, monseñor Mariano Soler encargó al arquitecto Cayetano Bringas un proyecto de monumento a la virgen en la cumbre del Verdún. El profesional proyectó tres grandes pilastrones que representaban las tres virtudes teologales»: Fe, esperanza y caridad. Iban rematados por ángeles con los símbolos de las virtudes. El todo formaba una pirámide de base triangular, un globo terráqueo de cinco metros, sostenido por tres ángeles, cuyas alas abiertas medían siete metros y la estatua de la Inmaculada nueve metros.
El monumento tiene una altura total de 45 metros.
El cura párroco de Minas, Santos Gutiérrez tiene 76 años. Llegó desde España en la década de los 60 y a partir del año 1968 se convirtió en ciudadana legal uruguaya.
Primero fue misionero en Bolivia y después llegó a nuestro país. Ayer, mientras se celebraba la misa central en la falda del cerro, el sacerdote se encontraba apartado, sentado en una silla escuchando las palabras del nuncio apostólico que presidía la eucaristía. Afirmó que se siente un uruguayo más y piensa morir en tierras minuanas.
El religioso dijo que ayer se celebraron dos fiestas en un mismo día: los 100 años de la instalación de la imagen de la Inmaculada sobre el cerro del Verdún, y el desembarco de los Treinta y Tres Orientales en la playa de la Agraciada.
«Nada menos que un hijo de Minas, Juan Antonio Lavalleja, protagonizó aquel importante hecho patriótico. Pero lo malo es que el Estado no le hizo justicia histórica, ya que sin él no tendríamos lo que tenemos», afirmó el sacerdote.
«En
busca de la madre»
El religioso explicó que hace unas décadas, la devoción por la virgen era intensa pero existía la dificultad de la falta de medios de transporte que permitieran a los devotos llegar hasta Verdún con facilidad. Recordó que antiguamente, los peregrinos arribaban casi exclusivamente por intermedio del tren, que llegaba fluídamente al departamento.
Dijo que Verdún, a diferencia de las otras procesiones religiosas, tiene la particularidad de que se oficia misa al aire libre. Teniendo en cuenta la realidad geográfica de la zona, «los hombres de entonces, con una visión muy grande, aún aquellos que no eran creyentes, se dieron cuenta de la importancia que iba a tener turísticamente esta manifestación religiosa».
Comparó los pedido de ayuda que se hacen a la virgen con la actitud de un hijo que acude su madre para que le solucione sus problemas. «Providencialmente, María es el instrumento puesto por Dios. La gente le solicita las cosas más insólitas, pero una madre atiende a todos y siempre los lleva a Cristo», manifestó el sacerdote.
Acotó que los «marianos» tras visitar a la virgen, regresan a sus hogares con paz interior.
Resaltó la importancia de la fe en la Inmaculada, «más en estos tiempos difíciles y críticos. Al no existir fuentes laborales, uno ve en las misas a los niños pidiendo para que sus padres consigan trabajo. Esa es la realidad y crea una angustia grande en una familia».
El párroco recordó el cierre de la Mina Valencia, lo que generó la pérdida de centenares de fuentes de trabajo y la emigración de numerosos minuales hacia las ciudades, por la falta de oportunidades en el medio rural.
Sobre el significado del centenario acontecimiento, el padre Santos Gutiérrez enfatizó que durante este tiempo miles de personas acudieron a la virgen y encontraron la esperanza y tranquilidad.
Por su parte, monseñor Orlando Romero, obispo de Canelones, señaló que la fiesta de Verdún es una manifestación entusiasta de multutudes de distintos niveles de fe»,
Manifestó su convicción de que esta celebración siga siendo «un lugar de encuentro para todos los uruguayos, que sirva para sentirse estimulados ante las dificultades de falta de empleo y otros que problemas desaniman a las personas». «En estos 100 años, se reafirma la identidad de un pueblo generalmente cristiano y la devoción a la virgen despierta la unidad entre los uruguayos», dijo el prelado.
Un no creyente en Verdún
El presidente en ejercicio de la República, Luis Hierro López, participó ayer de la celebración del centenario del Verdún y saludó a los obispos presentes en la falda del cerro minuano. Definió a este fenómeno religioso como «una de las tradiciones nacionales más importantes», explicando que su presencia se debió era para dar un respaldo a una jornada de gran repercusión popular.
Hierro López advirtió que no era una persona de «religiones ni creencias, pero como en ese momento era el presidente de todos los uruguayos, le parecía conveniente realizar un gesto de «unidad espiritual, tolerancia para todas las creencias y respeto hacia lo que creen y piensan otras personas.»
Hierro señaló que si algo hay que solicitar a la virgen, es que Uruguay siga siendo un país tolerante, rico en la defensa de sus grandes tradiciones morales y espirituales. Manifestó su deseo de que «este año 2001 sea el año de repunte económico. Hay algunos datos que nos indican que el país se encuentra en el repecho, tras pasar dos años en bajada. Esperemos que subir este repecho no cueste tanto como el de Verdún».
El presidente en ejercicio de la República, al ser consultado por nuestro diario en torno al actual debate sobre la laicidad, respondió que nuestro país tiene una rica tradición en esa materia, «que permite a Uruguay ser un país de igualdad y respetar las ideas de los otros. «Cuando nos fue mal en la historia, es porque se perdieron esos grandes principios.»
Hierro acotó que el presidente Batlle propuso una revisión de los valores, que no sólo tienen que ver con la laicidad. A estos principios morales contribuyen las religiones y las corrientes filosóficas», aclaró, considerando que «la enseñanza debe abrirse para revisar el tema». «La violencia, la agresividad, la imitación de conductas ajenas, la droga y el alcoholismo son problemas. Es muy importante que la escuela pública transmisora y creadora de valores, se adecue también a renovarlos, para que el niño y el joven sepa lo que es el bien y el mal», concluyó Hierro.
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