Los méritos están en cada conjunto

A medida que nos acercamos al final del concurso, transcurriendo instancias fundamentales para la definición de las posiciones, como que se hipertrofia el grado de irritabilidad de todos los participantes y por momentos se pierde de vista dónde están los verdaderos méritos (o errores) de una actuación.

Hemos visto situaciones enojosas planteadas por directores o responsables técnicos de los conjuntos por distintas circunstancias. Problemas con el audio, con las luces, con la apertura del telón, con los horarios, con las ubicaciones en las etapas.

Hemos visto también desprolijidades o apresuramientos para ajustar etapas que posteriormente la presión o los argumentos válidos de algunos que se sintieron postergados, con o sin razón, determinaron cambios que otros protestaron.

El concurso no se gana ni se pierde por un micrófono que se apaga o por una luz que no enciende o por actuar a las 20.00 o a las 23.00 horas.

La globalidad del espectáculo y las virtudes a la hora de actuar, de embellecer la propuesta tanto con maquillajes correctos, con vestuarios vistosos y acordes a lo que se representa, con musicalidad ajustada y sin estridencias, con coros afinados, con textos ricos, chispeantes, divertidos y no «plomos» machacones e indigeribles, son los que verdaderamente dan la medida del espectáulo y los puntajes a la hora de juzgar, por parte de un jurado. No creo que el defecto de un micrófono haga que el jurado de letras o el de música y mucho menos quienes juzgan maquillajes, coreografías, comunicación, vestuarios, etcétera puntúen menos que si el micrófono hubiese funcionado correctamente. Reconozco que a veces estas fallas pueden generar nervios sobre el escenario que se reflejen en algunos casos en la actuación, sobre todo en planteles jóvenes y sin experiencia. Para discernirlo, entiendo que también está capacitado el jurado.

Por otra parte en cuanto a las posibilidades técnicas que ofrecen tanto las parrillas lumínicas como la consola de audio, han quedado demostradas fehacientemente cuando han sido manejadas por profesionales en la materia, que conocen perfectamente el espectáculo que tienen entre manos. Allí es donde se debe insistir, poniendo en ese lugar a alguien perfectamente idóneo y conocedor de la propuesta.

Esa persona es la que debe orientar al iluminador sobre el foco a encender, el personaje a seguir y cuál es el movimiento que está previsto hacer. También cuál micrófono va a usarse, dónde estará el solista y dónde el coro.

Por mejor voluntad que tenga el responsable de tales tareas, por más capacitado que esté, muy difícil resultará su misión si no tiene la orientación correcta. A no olvidar que cada espectáculo es uno en más de cuarenta y que cada noche son cuatro diferentes. No se puede adquirir el conocimiento cabal de cada uno de ellos, por más ensayo previo que se haga.

Creo que es bueno reflexionar sobre esto antes de descargar toda la furia que a veces puede resultar incontrolable y de consecuencias no previsibles, por errores que no hacen al resultado final que generalmente guardan relación exclusivamente, a los reales merecimientos o a las manifiestas incapacidades propias, más allá de ubicaciones en las etapas, horarios de actuación, micrófonos o iluminación.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje