Alcance de la laicidad enfrenta a jerarcas de la educación
Laicismo, de acuerdo a la definición de la Real Academia Española es la «Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa».
A partir de declaraciones del presidente Jorge Batlle en una reunión de empresarios, organizada por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas a principios de marzo, en donde se manifestó proclive a comenzar a explorar la posibilidad de transformar el actual concepto de laicidad en la educación pública, comenzó a generarse un debate a nivel social con posiciones encontradas.
Ayer, el ministro de Educación y Cultura, Antonio Mercader, cuestionó las afirmaciones de la consejera del Codicen, Carmen Tornaría, emitidas a través de una carta abierta al semanario Búsqueda, sobre su defensa de la escuela pública y la laicidad.
El ministro en declaraciones al periodístico radial «La mañana de Carve», dijo que la consejera en su carta no tuvo imparcialidad en materia de religiosidad, «entre aquellos que creen y los que no creen». Dijo que en este deber de imparcialidad algunos se han llevado por delante con un tono despectivo y de militancia antirreligiosa, a algunas de las denominaciones religiosas que tienen centenares de miles de creyentes en nuestro país». El secretario de Estado criticó además a Tornaría por no tomar el tema de la laicidad con sumo ciudado y delicadeza. «Me preocupan de forma especial estas declaraciones teniendo en cuenta la alta investidura que posee en materia educativa, y uno nota que se adopta un tono despectivo y agresivo», dijo el responsable de la cartera de Educación. Se preguntó cómo puede decir Tornaría que aprendió en la escuela sobre magias y religiones. «No conozco ninguna escuela que compare a las magias con las religiones», señaló.
Afirmó que se debe mantener el principio de la laicidad pero con el mayor respeto de las religiones, y consideró oportuna la visión del presidente Batlle de lanzar el tema.
Mercader enfatizó que el principio de la laicidad, expresado en la reforma vareliana, «ha llevado a ser más realista que el rey o, en este caso, más varelianos que el propio Varela, excluyendo por completo el tema religioso y aun de los valores de la educación pública uruguaya».
Mercader sentenció que «acá todos somos laicistas; aquí no hay nadie que proponga una enseñanza de religión en las escuelas públicas. Acá hay una militancia que yo llamo ‘laicismo’, que es llevar el principio de laicidad a un extremo antirreligioso, que debemos evitar, porque en materia educativa no hay nada peor que los extremismos».
En su extensa carta pública, la consejera dio su punto de vista sobre la escuela laica y los valores de vida que transmite. La jerarca explica de qué forma la escuela pública estatal transmite conductas, comportamientos y valores. «La escuela que no selecciona a su alumnado, que abre sus puertas a todos sin distinción de etnia, sexo, nacionalidad, creencia religiosa, situación social, política o económica de los padres, constituye el espacio ideal para la construcción de una ciudadanía democrática, porque nos enseña desde pequeños que los diferentes podemos vivir juntos y que sólo nuestra inteligencia, en ese espacio, nos convierte en mejores y peores», afirma en una parte de su misiva.
Tornaría dijo a LA REPUBLICA que la intención de la carta fue la de contribuir a la reflexión sobre la laicidad y afirmar que la educación laica educa en valores.
La consejera dijo que la escuela laica es un espacio donde «los diferentes pueden convivir sin sentirse enemigos y no es neutral sino plural, ya que convoca a todos sin temor a la diferencia».
Dijo que en las escuelas se enseñan valores como el respeto por la diferencia, la solidaridad, el amor a la patria, el respeto por la ley y la igualdad de oportunidades, entre otros.
Tornaría dijo que en la educación laica la religión no está ausente, pero no se inculca profesar por ninguna de ellas. Dijo que se estudia en educación cívica, en historia, filosofía, «pero no se enseña la fe, y está bien que así sea». Respondiendo al ministro Mercader, Tornaría dijo que los creyentes no se pueden ofender porque habló de «religión y magia, ya que como profesora de Historia diré que las primeras reacciones en la historia del mundo de las creencias fueron las que tuvieron que ver con la magia y por lo tanto no descalifica a las religiones.
Refutó al ministro sobre que trataba de ignorantes a los creyentes por plantearse preguntas. «No es de ignorantes plantearse preguntas, el mundo fue evolucionando por las grandes preguntas que se hicieron en el transcurso del tiempo», acotó.
Considera a la educación pública como una buena herramienta para la educación, que siempre se puede mejorar.
Comentó asimismo que muchas veces tras estas polémicas cíclicas sobre laicismo se esconde por momentos el reclamo de la subvención para la educación privada. «Esta ya está subvencionada; no paga impuestos, está exenta de IVA y recibe gratuitamente la formación de los docentes que está a cargo del Estado», recordó la jerarca del Codicen.
Por su parte la presidenta de UTU, Fanny Aron, dijo a LA REPUBLICA que sigue «creyendo en los tres pilares de la enseñanza pública: gratuita, obligatoria y laica. En la laicidad, se inculcan valores que no pasan por enseñar religión o teorías políticas.
En la enseñanza pública se brindan valores de convivencia, honestidad y respeto por el prójimo. El trabajo en valores en la escuela uruguaya es fundamental y debemos seguir insistiendo en este sentido», remarcó Aron.
Mientras tanto el maestro Héctor Florit, secretario general de la Federación Uruguaya de Magisterio, afirmó que la escuela uruguaya desde su propio origen se funda en valores y el primero de ellos es el de formar a los republicanos.
Explicó que José Pedro Varela entendía que la única forma de respetar todas las religiones positivas era que el Estado, en consecuencia la escuela, no adhiriese a ninguna, a fin de preservar la libertad de credos.
Dijo que el problema de la no laicidad se produce cuando se promueve la instrucción de una religión en particular en la escuela y el Estado incurre en categorizaciones en qué religión merece ser difundida y cuál debe ser excluida. «Esto violenta el pensamiento vareliano» .
Sentenció que cuando se critica a la escuela por falta de valores o la necesidad de inculcar visiones religiosas en el ámbito de la escuela pública, «en última instancia lo que se está encubriendo es una solicitud de subvención a la educación privada.»
«Desde que asumió monseñor Nicolás Cotugno centró el discurso en demandar subsidios a los colegios católicos. Hoy está teniendo un impacto fuerte, tanto Cotugno como las críticas de la educación pública, por una falta de control de las familias sobre el funcionamiento escolar, (caso maestro Greni) donde se dice que no inculca valores y hay una falta de espacios para expresar la espiritualidad de las familias creyentes. Florit dijo que este debate se produce cuando «porcentajes importantes de la mátrícula de la escuela pública alcanzan las máximas históricas en el alumnado y comienza un aluvión de críticas a contramano del sentimiento de la gente».
Por su parte el rector de la Universidad Católica del Uruguay, José Luis Mendizábal, reconoció que parte de su instrucción en Primaria y Secundaria la recibió del ámbito público, «pero esto no afectó mi creencia», sostuvo.
El rector no centró las críticas del debate a la falta de valores en la enseñanza estatal, pero añadió que sería conveniente adem
ás de los valores cívicos, impartir valores por ejemplo de «cómo formar en la rectitud e impartir el concepto de justicia y respeto por la dignidad humana, que no están presentes.»
Dijo que en el debate podrían concensuarse ciertos valores de la religión judeo-cristiano para incorporar a la educación.
La postura de los católicos, según Mendizábal, está en reclamar el derecho a los padres «especialmente a los más pobres» a poder elegir la educación para sus hijos, y por la obligación de la enseñanza primaria, quien no pueda pagar una educación privada, está obligado a recurrir a una educación «laica y neutra». El rector se interrogó qué garantía otorga el Estado a estos padres y planteó su duda en la libertad de aprendizaje.
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