Pacto siniestro
El libro evoca la alianza entre la Alemania Nazi y la International Bussines Machines (IBM), que comenzó en 1933 apenas Adolfo Hitler ascendió al poder, extendiéndose hasta los primeros tramos de la Segunda Guerra Mundial.
La obra revela –con el aporte de pruebas e incontrastables documentos de la época– que cuando el Tercer Reich se embarcó en una demencial aventura de conquista y genocidio, IBM y sus subsidiarias ayudaron a crear programas de identificación y clasificación que, por entonces, eran desconocidos.
Sólo después de haber rastrado a los judíos –una tarea monumental y compleja que Hitler procurara finiquitar cuanto antes– se podía lograr una eficiente confiscación de bienes, reclusión en ghettos, deportación, explotación laboral y aniquilación de las víctimas.
Edwin Black desnuda uno de los episodios más oscuros de la primera mitad del siglo pasado. Con la ayuda de la tecnología de las máquinas Hollerith, el sangriento dictador pudo automatizar la persecusión de las comunidades judías.
En entrevista concedida a LA REPUBLICA, el director editorial de editorial Atlántida de Argentina, Jorge Naveiro, narró diversos pormenores del complejo trabajo de preparación del removedor libro.
El trabajo insumió a Edwin Black una investigación previa de más de cinco años, antes de procederse a la escritura y ejecución de la obra.
Naveiro explicó que la estrategia fue reunir a editores notorios de todos el mundo, para encarar un proyecto editorial coordinado, que contó con la participación de más de un centenar de personas muy prestigiosas.
Durante la pesquisa, se realizó un relevamiento de todos los países afectados por el holocausto en la primera mitad del siglo pasado, donde se presumía que existía información relevante para nutrir la minuciosa investigación.
Nuestro interlocutor explicó que existió un acuerdo previo bajo firma de estricta confidencialidad, que establecía que no se podía revelar ningún aspecto del texto ni del contenido del proyecto editorial.
En el marco del complejo proceso, se remitió el material a todos los países donde se iba a publicar la obra, con una recomendación concreta que no debía ser abierto hasta el 12 de febrero de este año, momento en el cual se concretó finalmente el lanzamiento mundial de «IBM y el holocausto», que se realizó simultáneamente en todos los países.
La obra fue publicada en total en treinta países y traducida a diez idiomas. Jorge Naveiro destacó que «los paquetes que llegaban en los contenedores lucían una faja que decía que la apertura estaba terminantemente prohibida hasta el 12 de febrero de 2001″.
Lo único que estaba autorizado revelar es que se iba a publicar un libro sobre el holocausto, manteniéndose en reserva otros detalles y características. Por contrato, se establecía onerosas multas paras quien infringiera esta disposición.
Preguntado en torno a si el acuerdo de reserva fue una medida preventiva ante eventuales pleitos judiciales derivados del contenido del libro, el director editorial de Atlántida precisó que el trabajo fue puesto en manos de un prestigioso estudio de abogados estadounidenses, que examinaron página por página la totalidad del texto que se proyectaba editar.
Naveiro explicó que al final de cada capítulo de la vasta obra, hay un espacio consagrado a la documentación que fue consultada por los editores y el propio autor.
En las primeras páginas del libro se muestra una foto del por entonces presidente de IBM Thomas Watson junto a Adolf Hitler, la que resulta singularmente testimonial para interpretar el oscuro episodio histórico.
En el libro se explica cómo se operaron tecnologías en las perforadoras Hollerith –primer prototipo fabricado por la IBM– con el propósito de adaptarlas a los requerimientos del cliente, que en este caso concreto era nada menos que el Tercer Reich.
Según se revela, la multinacional envió un grupo de técnicos especializados a Europa, a los efectos se realizar los ajustes pertinentes.
El propósito del proyecto –que inicialmente parecía inofensivo– era emplear las máquinas para la realización de un censo poblacional en todos los países que estaban bajo la égida de la Alemania nazi.
Sin embargo, la posterior utilización de la información permitió a los nazis identificar a miembros de la comunidad judía, así como también a otras personas consideradas opositoras a la dictadura nazi-fascista.
Las tarjetas impresas en las máquinas registraban el nombre y el destino de quienes serían luego víctimas de genocidio, la mayoría de los cuales fueron condenados a trabajos forzados en los campos de exterminio, las cámaras de gas o los hornos crematorios.
Según Edwin Black, autor de este documento histórico, el trabajo se tornó aún más complejo, porque las máquinas fueron destruidas al terminar la Segunda Guerra Mundial.
La investigación comenzó a partir de la aparición de una perforadora sobreviviente, que estaba sorprendentemente arrumbada en el Museo del Holocausto de Washington. El escritor advirtió que la añosa máquina lucía el logo de la IBM.
Jorge Naveiro, aludiendo al espíritu de la obra, manifestó que aún parece inexplicable que haya sido precisamente en Europa, continente paradigmático durante mucho tiempo para nuestra América Latina, donde se haya registrado una demencial experiencia de exterminio de un pueblo entero en nombre de la supuesta pureza racial.
En relación a las graves consecuencias derivadas del acuerdo entre IBM y el Tercer Reich, nuestro entrevistado opinió que «la tecnología, cuando transgrede las reglas de la moral y la ética, se transforma en un arma peligrosa».
Hizo notar que la foto que acompaña la edición en la que aparecen Thomas Watson y Adolf Hitler resulta un «documento ciertamente muy revelador» en torno a la relación que por entonces mantenían la multinacional y el gobierno de la Alemania nazi. Naveiro reveló que se localizaron otros testimonios gráficos de la época no menos relevantes, pero se optó por no incluirlos en el libro.
Una anécdota jugosa de la época, es que cuando Alemania le otorgó la condecoración a Thomas Watson, lo hizo en el transcurso de un pomposo ceremonial característico de la vocación circense de los nazis, con una escenografía que recreaba un cuadro de la mitología germano escandinava a la cual era muy afecto el dictador.
El propio director de IBM de la época renunció a la condecoración que le había otorgado Hitler, cuando se enteró de las consecuencias que había tenido el acuerdo. Otro aspecto que según se presume habría incidido en su decisión, fue que Estados Unidos le declaró la guerra al eje.
El director editorial de la editorial Atlántida aclaró que el libro «no tiene un propósito proselitista ni de persecución hacia nadie, sino de recrear otros aspectos de un episodio que conmovió al mundo» hace más de medio siglo.
En torno a cuáles fueron las primeras reacciones internacionales ante el lanzamiento de «IBM y el holocausto», Jorge Naveiro dijo que era muy prematuro evaluar la respuesta del mercado editorial en la región, porque la presentación se realizó en febrero, que es un mes en que la venta de libros suele bajar a consecuencia de los asuetos y vacaciones.
Recién en marzo el operativo publicitario cobró aún mayor intensidad. Hoy, pese a su escaso tiempo de permanencia en los anaqueles de las librerías, «IBM y el holocausto» ya integra la lista de libros más requeridos.
Naveiro afirmó que la IBM local, en una carta de descargo, «no negó lo sucedido en el pasado. Sin embargo, adu
cen que se ignoraba lo que estaba sucediendo».
Nuestro entrevistado aclaró que el autor del libro no pretende involucrar a la multinacional por lo sucedido hace más de medio siglo. «Es evidente que Thomas Watson hace mucho tiempo que está enterrado», afirmó.
Finalmente, Jorge Naveiro explicó que algunos familiares del autor fueron víctimas de la patología genocida de los nazis. «La abuela del propio Edwing Black logró escapar de un tren donde era transportada rumbo a un campo de concentración. En el autor hay una suerte de obsesión por desnudar todo lo sucedido en esa época, lo cual naturalmente es lógico».
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