Cotugno denunció la persistencia de la pobreza y rechazó la eutanasia

"La paz de los corazones no será alcanzada sin el perdón"

En horas de la noche, durante la procesión de Vía Crucis realizada en el Cerro de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno volvió a reclamar la necesidad de paz y reconciliación.

En un mensaje dirigido a la comunidad en la jornada de viernes santo, el religioso señaló que «el segundo milenio se ha quedado atrás, pertenece a la historia. Ya estamos en el tercer milenio y nosotros seguimos celebrando la Pascua».

Añadió que «constatamos también que los milenios, los siglos y los años pasan, pero muchos problemas quedan. Graves y angustiantes. Los problemas sociales, económicos, laborales, éticos, morales, familiares, educativos, culturales».

«Nos hemos acostumbrado a la palabra globalización, mundialización. Ya no existen, casi, las máquinas de escribir. Ahora trabajamos con las computadoras y viajamos por Internet», indicó.

«Y nosotros en el Uruguay estamos viviendo la primera semana de turismo del tercer milenio. Semana que para los cristianos es y será siempre Semana Santa, porque Jesús se coló en el tiempo desde la trascendencia de un misterio divino y ha hecho saltar todas las categorías y las realidades simplemente humanas».

«Lo percibimos porque creemos en Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y vive ahora. Simplemente queremos trasmitir la buena noticia que hemos recibido y que incluye también la necesidad de ser gozosa y valientemente trasmitida. Nosotros somos simplemente la voz que grita. La palabra es El Solo. El tiene la posibilidad de anidarse en el corazón del ser humano, regalar la fe y crear la comunión de vida y esperanza de eternidad», afirmó.

«Verdad y justicia»

Para el arzobispo de Montevideo, «nosotros, los seguidores del Señor Jesús somos conscientes de que nuestra fe, si no se hace compromiso histórico, se torna alienación. Es por eso que la Iglesia, haciendo propios los gozos y las tristezas, las angustias y las esperanzas de todos los hombres, se compromete, una vez más y con renovado entusiasmo, a luchar en contra de todo lo que amenaza la dignidad de la persona humana y el bien de los pueblos y reafirma su voluntad de potenciar todo aquello que puede transformar la vida de menos humana en más humana».

Enfatizó que «la Iglesia es servidora del Jesucristo vivo. El vino a traer la paz al mundo. Nuestro pueblo busca la paz, quiere la paz. En sintonía con el sucesor de Pedro, también el Arzobispo de Montevideo, sin dejar de recorrer los caminos humanos de la verdad y la justicia, de la comprensión y de la tolerancia, en un clima de real y respetuosa democracia, en comunión con la iglesia arquidiocesana, quiere repetir, una vez más, que la paz del corazón no será plenamente alcanzable sin ese perdón, a veces heroico, que brota de la muerte y resurrección de Cristo, el acontecimiento de la máxima trascendencia de la historia de todos los tiempos: su Pascua».

«Les deseo a todos, especialmente a los que más sufren la pobreza, la soledad, la angustia y la marginación, una muy feliz Pascua de resurrección».

No a la eutanasia

En la misa crismal, celebrada el Jueves Santo, el arzobispo de Montevideo renovó los votos sacerdotales junto a más de 100 religiosos y enfatizó que hay problemas sufridos por los hombres que persisten a pesar del transcurso de los años, «pasan los años y los pobres siguen siendo pobres».

Cuestionó a los medios de comunicación que informaron sobre la violación de monjas por parte de presbíteros, «por ver el error del que se porta mal pero no reconocer la entrega de la mayoría de sacerdotes y misioneros».

La misa crismal que se realiza cada jueves santo tiene un significado especial para la iglesia. Durante la ceremonia, todos los presbíteros y diáconos junto al obispo renovaron el servicio de compromiso a la Iglesia, a Jesús y al Evangelio.

Asimismo, se consagran los santos crismas –aceite mezclado con perfumes– que a lo largo de los años se va a usar para la celebración de los sacramentos como en el bautismo, en la confirmación, en el orden sagrado y en la consagración de los templos.

En esta celebración se consagró también el aceite de los catecúmenos y para la unción de los enfermos.

El arzobispo dijo en esta ceremonia que los problemas sociales, económicos, éticos, morales –la eutanasia y la vida– laborales, educativos, culturales y la laicidad, persisten a pesar del transcurso de los años.

Sobre la difusión por diversos medios de comunicación de sacerdotes que habrían violado a monjas en Africa y Colombia, el prelado dijo que muchas veces se hace referencia al ministro o sacerdote que falla, sin tener en cuenta la acción fiel de la mayoría, «vemos el error en el que se porta mal pero no reconocemos la entrega de los sacerdotes y misioneros», enfatizó ante la mirada de los religiosos de la diócesis.

Tras celebrar la misa crismal, el arzobispo de Montevideo, monseñor Cotugno, manifestó su rechazo total a la ley que autoriza la práctica de la eutanasia en Holanda. El prelado sostuvo que «si bien la Iglesia no quiere polemizar, tampoco puede estar ajena ante esta nueva realidad».

Cotugno explicó que en el propio Estado holandés y en otros países aparecen manifestaciones en contra de la eutanasia. Argumentó que «el denominador común es un sentido de sobrevivencia de la humanidad, porque de a poquito, por estos elementos –clonación e inda mais– que nos pueden hacer dueños de la vida somos capaces con la mejor de las buenas voluntades también de destruir la vida».

Camino al calvario

Ayer, al anochecer, cada comunidad realizó el tradicional Vía Crucis o camino de la cruz en la zona del Cerro, donde los devotos recorrieron las 14 estaciones que representan los pasos de Jesús hacia la muerte.

Miles de personas caminaron por las empinadas calles hasta llegar al punto más alto de la capital: la fortaleza montevideana.

La procesión partió aproximadamente a las 19.30 horas desde Carlos María Ramírez y Grecia, comenzando a recorrer las 14 estaciones de Cristo rumbo al calvario.

Portando velas en la mano, los fieles asumieron simbólicamente el sacrificio de «escalar el cerro».

La iglesia, a través de este ritual, pretende inculcar la entrega, la constancia y un espíritu de abnegación que le permita al cristiano no doblegarse ante las adversidades presentes en la vida.

En la oportunidad, el arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, volvió a reclamar la necesaria pacificación de la sociedad uruguaya.

En su nuevo mensaje, el religioso pidió como «regalo especial el don de la paz para todas las personas», particularmente para aquellos que «quedaron más heridos, porque sufrieron el atropello y la injusticia».

«La paz debe estar a la derecha, a la izquierda, al sur y al norte», proclamó enfáticamente el religioso.

Manifestó la necesidad de buscar la paz «donde hay odio y donde corrió sangre». En su opinión, «esa paz debe llegar por el corazón, la justicia y la ley humana».

Hoy, los católicos de todo el país celebrarán la Santa Vigilia, que es un tiempo de meditación y reserva, donde en silencio se prepara la «explosión de la noche con el fuego de la resurrección».

Monseñor Nicolás Cotugno celebrará misa, a partir de las 23 horas.

Mientras tanto, Mañana, domingo de Pascua, el arzobispado capitalino celebrará en la Catedral, a partir de las 19.00 horas, la resurrección de Cristo.

En la oportunidad, el prelado dará su bendición al nacimiento de una nueva congregación religiosa diocesana conformada por cuatro hombres y catorce mujeres y consagrará como diácono a un seminarista.

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