Desde el asiento de los bobos

Ganarás el pan con el sudor de tu frente

Horacio Buscaglia

 

Y seguimos aquí. Y aquí estaremos pese a la Semana de Turismo, Santa, Criolla, de la Cerveza, de la Vuelta, y de la Gran Siete.

Y cada vez hay más asientos vacíos en el ómnibus, y cada vez se ve menos gente por las calles. Pero aquí estamos nosotros sosteniendo al país, entregando nuestro sagrado sudor por el bien de la patri… me cansé… este discurso no me lo creo ni mamado. No me ayuda ni un cachito para mantener mi autoestima en estos días, en realidad la apología del trabajo nunca me la pude creer.

¡Y mire que uno ha creído en cada cosa que ni le cuento! Porque debemos recordar, aprovechando la semana en que estamos, que esto del laburo fue un castigo que el Quía Mayor le puso al despistado de Adán, «y ganarás el pan con el sudor de tu frente», y a partir de allí, ¡trácate! a laburar tutti quanti. Siempre me quedó la duda, nunca me crucé con Adán como para preguntárselo, si aquel asunto con Eva valió la pena, teniendo en cuenta todo el relajo que vino después.

Y tampoco encontré ningún escrito que dijera «Y ganarás el pan con el sudor de la frente de El Corto» o «con el de la frente de los demás». Porque después de todo, yo que le hice al Tipo, si ni conozco a la mujer de Gran Smith y mucho menos a esa otra que me contaron que es flor de víbora. Me dicen que hay que cargar con la culpa. ¿Más?

Yo nací aquí, ¿eso no basta? En fin, tengo que zafar de esta línea de pensamientos porque si no, probablemente, no voy a llegar al domingo sin sufrir algún movimiento sísmico en mi cerebro. Es mejor distraerse. Veamos qué pasa más allá del metro y medio de mundo que me rodea. A veces es bueno alejarse de uno mismo.

Y allá vamos. Sea usted creyente o no, ¿se puede imaginar una «última cena» con champagne y un especialísimo menú preparado por un famoso chef?

Bueno, así será la «última cena» organizada para el Jueves Santo por un pastor protestante de Dinamarca. El precio será de 60 dólares.

Este pastor fue el mismo que el pasado año organizó, junto con el arzobispo, una Pascua al estilo «Halloween».

Stender, que así se apellida el pastor, declaró: «En las iglesias cristianas de todo el mundo la cena es reproducida con un vino malo y una hostia salada y luego de la comunión cada uno se va por su lado.

De la manera que yo propongo se recrea una atmósfera de sociabilidad y volvemos a acercar a la iglesia a personas que están alejadas».

De aquello de la humildad y frugalidad de Cristo, mejor ni hablamos.

Pero el que está más desubicado que este pastor es un travesti de Barcelona. Y no me refieron a que esté desubicado sexualmente, sino espacialmente. Un tribunal se pronunció a favor de un gimnasio que obliga al travesti a cambiarse en la lavandería del local, ya que le prohibieron usar el vestuario para mujeres ante el revuelo armado por ellas y el vestuario para hombres «no parecía apropiado».

Ya está el dicho: «Desorientao como travesti en gimnasio». Hablando de eso, ¿yo no empecé escribiendo sobre el trabajo y la semana de turismo?

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