Rescatando vidas
Por esta organización ya pasaron 82 pequeños que vienen sobrellevando graves afecciones como el sida y muchos bebés fueron rescatados de la pobreza extrema, como el caso de un lactante que era bañado en fuentes de plazas públicas y una niña de 6 años que pesaba tan sólo 7 kilogramos.
La población del «Retoño» pasó de una situación caótica y conflictiva a la tranquilidad y la comodidad de una casa, donde se le brinda cariño y protección. Estos niños, que llegaron con bajo peso, enfermos y abandonados, hoy están muy bien alimentados y vestidos. Se le dedica tiempo a la actividad recreativa, tanto dentro como fuera del hogar.
Visitaron McDonald’s, los shopping center y el Parque Rodó, veranearon en la Costa de Oro y además concurren al jardín de infantes de la zona.
Aunque a los niños se les observa sonrientes, la ausencia materna en los días de visita los pone triste. Un equipo de LA REPUBLICA visitó el establecimiento, donde muchos de los pequeños entonaban canciones infantiles y practicaban diversos juegos.
Los bebés disfrutaban de confortables instalaciones, mientras se alimentaban con puré y jugo.
La idea del Hogar Retoño surgió a partir del trabajo con niños marginados iniciado por la educadora Susana Rapalini, que durante más de 30 años desarrolló una interesante experiencia en la zona del «Cuarenta Semanas».
Las autoridades del Iname le propusieron a la educadora hacerse cargo del centro de atención a niños de entre 0 a 4 años considerados de «alto riesgo» social, que padecen de abandono, desnutrición, violencia e incluso son portadores del virus del VIH.
Los menores que ingresan al hogar son, en su mayoría, derivados por el Poder Judicial.
Tras la firma de un convenio con el Iname, el hogar se inauguró el 31 de mayo de 1999, con una capacidad inicial para 30 niños. Sin embargo, el número de internos aumentó rápidamente.
Unas 40 personas integran el equipo que desempeña funciones en el hogar, cuyas tareas se desarrollan en tres turnos. Trabajan auxiliares, cocinera, limpiadoras, pediatra, asistente social y una psicóloga.
El proyecto propone una estadía temporal para esta población, en procura de su recuperación. Aquellos que experimentan una mejoría son dados en adopción o devueltos a sus familiares originales.
Otros, que son abandonados o sus padres no están en condiciones de atenderlos, permanecen bajo el ciudado del hogar.
El Retoño intenta mantener el relacionamiento de los padres biológicos con los bebés y los niños, pero en ocasiones se hace imposible el contacto debido a que aparecen en sus progenitores casos críticos de drogadicción, portadores de VIH y discapacidad intelectual. Ante la imposibilidad de retorno de los menores a los hogares paternos, Retoño pretende impulsar la creación de una casa de residencia permanente para quienes quedan fuera del círculo de la adopción y no pueden volver con sus familiares.
Se trazan como objetivo también ampliar la capacidad edilicia con la finalidad de poder recibir a más niños.
«Después de pasar penurias y necesidades, estos niños reciben en el hogar una vida familiar con todo lo que un menor requiere. Es preferible que permanezcan con nosotros a que sean trasladados a un hogar del Iname», argumentó Rapalini.
En 22 meses de vida, Retoño acogió a 82 niños de «alto riesgo», de los cuales 29 salieron en adopción, 17 se reintegraron con su familia biológica –8 con sus padres y 8 con sus abuelos– un bebé oxigenodependiente fue trasladado y 36 todavía permanecen en el hogar. De estos últimos, muchos de ellos seguramente dependerán por años de la ayuda del Iname.
Para hacer realidad esta iniciativa, el Rotary Montevideo Club apoyó permanentemente al hogar, lo que se complementa con el aporte de personas de nacionalidad alemana.
Otro de los importantes contribuyentes fue la embajada de Gran Bretaña, que donó el mobiliario para un salón multiuso inaugurado recientemente.
La mayoría de los niños del «Retoño» otorgados en adopción son bebés abandonados en hospitales y en la calle. Pero para los de mayor edad se tiene que configurar un año de abandono para que sean adoptados.
Hasta el momento, «Retoño» atendió a cinco niños cuyas madres son portadoras del virus del VIH. Dos de ellos, que tenían los anticuerpos maternos, «se negativizaron» a poco tiempo de nacer.
Mientras, a los dos restantes los últimos análisis han arrojado resultados negativos, por lo que se aguarda a que cumplan 18 meses para saber si realmente contrajeron la enfermedad.
Además, hay una beba a la que ya se le confirmó el virus. Aunque uno de los pacientes a los que el virus se le «negativizó» fue dado en adopción, la portadora difícilmente pueda conseguir padres adoptivos.
La familia de estos niños está desintegrada y padece de numerosos problemas. Según Rapalini, los días de visita, «Retoño» contrata un servicio de vigilancia «222», porque a veces las madres se descompensan.
«Los niños de alto riesgo son los peores casos, porque sus familias experimentan una multiplicidad de patologías, como la pobreza, la discapacidad, problemas psiquiátricos y drogadicción. Pero ahora uno ve a estos niños y no piensa que provienen del Iname», explicó la directora del hogar.
Estos padres residen generalmente en asentamientos irregulares, pensiones y albergues donde por la mañana quedan en situación de calle y practican un nomadismo por Montevideo, recorriendo comedores y parroquias.
El hogar recibió a un bebé que era bañado en las fuentes de las plazas públicas, otro dormía en la calle y algunos se refugiaban en las cercanías del Parque Rodó.
Uno de los casos que provocó mayor indignación fue el de una niña de 6 años que el pasado 3 octubre ingresó al Pereira Rossell con un peso de 7 kilos y una talla de 80 centímetros.
Al Retoño llegó el 17 de noviembre, sin poder hablar, tampoco se reía ni lloraba; no se dejaba tocar. Esta nena hoy asiste al jardín, «se desbloqueó, charla de todo, engordó y demuestra inteligencia».
Fernando, uno de los niños recién llegados a la organización no gubernamental, es un bebé que nació a pretérmino y con bajo peso. Su madre tiene 29 años y el padre 31.
El está desocupado y ella hace limpieza; tienen 6 hijos que no van a la escuela y viven en una pensión en la Ciudad Vieja a la cual le deben 3 meses.
Parte de la numerosa familia duerme en una cama de matrimonio y en una cucheta, y el resto lo hace en el piso.
«Por suerte, a la madre ahora le hicieron ligadura de trompas», dijo Rapalini y acotó que en 32 años sólo pudo lograr que a dos mujeres les hicieran esta intervención en el Pereira Rossell. Una de ellas tenía 12 hijos y se desmayaba de hambre y la otra también tenía una numerosa descendencia. Los padres de un niño de dos años residente en el hogar son discapacitados mentales y hace poco tiempo dieron a luz a otra criatura.
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