Puntos de vista
No hay duda que es turismo, se nota en las calles cada vez más vacías y en el tránsito, pero uno que sigue laburando sube al ómnibus y enseguida siente el clima de redota, mira la cara de los pocos que van en él y viendo sus gestos, miradas o actitudes, descubre el mensaje subterráneo: «Sí, yo también la quedé. Laburo hasta el jueves». Entonces uno se siente acompañado, no está solo, «entonces todos esos que van con sus mochilas y bolsos, ¿no lo hacen para darme bronca a mí solamente? ¿No fue en mi contra que se inventó la Semana de Turismo?»
No se conforma el que no quiere. Todo se trata de distintos puntos de vista.
Están los de aquellos que se van de vacaciones y está el de nosotros que nos quedamos acá.
Y ya que estamos hablando de puntos de vista, les cuento sobre un montón de noticias sueltas que estuve leyendo estos últimos días.
¿Se acuerdan de Danilo, aquel español que lo habían echado del trabajo por decirle a una compañera, entre otras cosas, «Â¡Qué lindo culito que tienes!», y que un juez lo absolvió por entender que era un «piropo melancólico»?
Bue, una cosa es decir y otra tocar, por lo menos así opina el juez argentino que condenó a 6 meses de prisión y a tomar un curso de derechos femeninos a un docente que le tocó la cola a una mujer que hablaba por un teléfono público. Fue hallado culpable de «delito contra el honor». Según el fallo el docente le tocó «de manera brusca e intensiva» los glúteos a la desprevenida mujer «afectando su libertad sexual». Hasta aquí estoy totalmente de acuerdo, pero, me pregunto yo, si se los hubiera tocado «de manera suave, moderada y rotatoria» ¿lo habrían perdonado?
Y lo pregunto porque en la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia de Barcelona, la magistrada Ana Ingelmo le aplicó la pena mínima a un policía que obligó, revólver en mano, a una niña de 13 años a practicarle sexo oral y luego intentó penetrarla por el ano. La resolución se basa en que no se puede agravar la pena al violador porque la niña, se supo, «no era inexperta en el tema de la sexualidad». En ese mismo juzgado y la misma doña Ingelmo le puso una pena mínima a un hombre que violó a su esposa, porque «el padecimiento psíquico de la víctima es muy superior cuando se ve atacada por un desconocido que cuando el que no respeta su libertad sexual es alguien de su parentesco».
Claro que Ana Ingelmo ya había rebajado la pena a un joven que violó cuatro veces a una muchacha, porque éste hacía poco tiempo que había entrado en la edad penal y, por tanto, su capacidad de discernir era propia de un menor.
Sospecho que a esta altura estarán tratando de ponerle un nombre al punto de vista de la muy justa señora Ingelmo, pero si creían que su problema era solamente sexual, vean esto.
También Ana Ingelmo revocó la decisión de un juez de clausurar un colector de vertidos de aguas residuales de una empresa textil. La decisión fue tomada con el argumento de que «no hay base para determinar que poniendo en relación el perjuicio que sufre el medio ambiente y el perjuicio empresarial, debe optarse por la protección del primero con sacrificio del segundo». ¡Linda mujer para pasar una Semana de Turismo con ella!
Hace un tiempo dirigí en Teatro Circular una versión de «Ubú Rey» y en un momento un palotín va a descerebrar a un juez por orden de Ubú.
Juez: Esto es injusto
Palotín: Yo sólo aplico la ley.
Juez: ¿Y quién le dijo a usted que la Ley tiene algo que ver con la Justicia?
El Palotín duda un momento, y luego lo descerebra, de la cabeza del juez no sale sangre ni nada que tenga que ver con la vida, sólo salen hojas del código penal.
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