La lengua no es de trapo

Con vuestro permiso

Juan Mendieta

 

«Soy una gran admiradora de vuestra revista, desde hace muchos años las guardaba cuando salían los tangos de Gardel que se las mandé a un sobrino que está en Miami.» (De la carta de una lectora de «Sábado Show», 7/4/01).

Independientemente de la imperfecta sintaxis –de lo que pienso ocuparme más adelante– me interesa hacer notar el curioso empleo que suele hacerse del posesivo vuestra.

Daría la impresión de que a algunos les parece más distinguido, o más solemne, o qué sé yo, emplear una forma absolutamente ajena a nuestra habla cotidiana (y al habla de toda Hispanoamérica con excepción de España), y que tiene para nosotros un toque arcaico o afectado que nos hace por lo general rechazarla.

En España, los pronombres vosotros/as (sujeto), os (reflexivo y complemento directo e indirecto), vuestro/a vuestros/as (posesivos) se reservan habitualmente y casi exclusivamente para referirse al plural de tú, te, tu, tus, tuyo/a, tuyos/as. Se emplea pues cuando quien habla se dirige a una segunda persona plural, es decir a más de una persona con quienes tiene la suficiente confianza como para tutearlas. Esto no ocurre entre nosotros, que cuando hablamos a varias personas a quienes tuteamos, las designamos como ustedes y usamos todas las formas propias de ese pronombre. Ningún padre en su sano juicio dirá a sus hijos Portaos bien, sino Pórtense bien, ni Si no dejáis de mirar la tele, os cagaré a patadas, sino Si no dejan de mirar la tele, los cago a patadas.

Los españoles usan el pronombre ustedes sólo cuando se dirigen a varias personas a quienes individualmente tratan de usted. Entonces, ¿qué sentido tiene usar vosotros y sus variantes cuando nos dirigimos a personas a quienes debemos respeto? Es una contradicción flagrante, ¿no cree? Y sin embargo, cuando acá alguien quiere parecer respetuoso, reverente, y quiere demostrar cultura o buena educación, ¡zácate! te zampa un vosotros o un vuestro que lo único que denota es afectación.

Cuando don Francisco Acuña de Figueroa escribió Tiranos, temblad no eligió esa forma porque los tiranos le inspiraran respeto sino porque corresponde tutearlos, y porque, además, suena mucho más expresivo que decir Tiranos, tiemblen. De la misma manera, cuando Bécquer implora a las olas que se lo lleven porque tiene miedo de quedarse con su dolor a solas, dice Olas que os rompéis bramantes en las playas desiertas y remotas, envuelto entre las sábanas de espuma llevadme con vosotras. ¿Se da cuenta qué feo quedaría si dijera llévenme con ustedes?

–Y pa pior tendría que cambiar hasta la rima. Habería que decir olas que se rompen en las playas sin techo ni paredes, envuelto entre las sábanas de espuma, llévenme con ustedes. ¿Qué le parece?

–¡Qué lo parió!

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