* DISCAPACITADOS HOY

Prevención

La prevención, es un desafío que debemos asumir en forma cotidiana. Es la aplicación de medidas destinada a impedir la ocurrencia de hechos o circuntancias que pueden ocasionar diferentes trastornos, relacionados con el ser humano en forma directa o indirecta.

En el caso específico del ser humano, se busca con la prevención impedir todo aquello que pueda generar algún tipo de discapacidad física, sensorial o mental o, si éstas han ocurrido, evitar que tengan consecuencias físicas, psicológicas o sociales negativas.

La prevención de la deficiencia y de la discapacidad es un derecho y un deber de todo ciudadano y de la sociedad en su conjunto y debe ser parte de las obligaciones prioritarias del Estado en el campo de la salud pública y de la seguridad social, ocupacional o industrial.

No obstante el rol que debe asumir el Estado, es fundamental la función que deben cumplir los padres, docentes y profesionales en la observación de ciertos signos que posibilitarán la detección de futuras discapacidades.

Un ejemplo práctico de prevención es cómo detectar la sordera infantil.

La audición juega un rol fundamental en el desarrollo del niño. Por lo tanto, es esencial que los padres brinden especial atención a los signos de la deficiencia auditiva que su hijo pueda presentar. Descubiertas a tiempo, estas deficiencias pueden ser tratadas con eficacia y resultados positivos.

Diferentes tipos de sordera

Existen dos tipos de sordera: las de trasmisión y las de percepción. Las primeras se caracterizan porque generalmente existe algo que se opone al libre paso de las ondas sonoras (un tapón de cera en el conjunto auditivo, por ejemplo). Nunca son totales ya que el sonido pasa, pero con cierta dificultad.

Las sorderas de percepción, en cambio, son más complicadas de tratar y, generalmente, se producen por una alteración del oído interno o de las vías nerviosas.

Consecuencias más importantes

La sordera impide un desarrollo normal de la palabra ya que el niño que oye mal no controla bien lo que dice, por lo que el desarrollo de su lengua también se encuentra perturbado. Existen también dificultades en el aprendizaje y pueden tener repercusiones en la personalidad, en especial en aquellos que no nacieron sordos.

Es importante que los padres presten atención a la aparición de ciertos signos de alerta:

–El niño no reacciona, o reacciona poco, ante ruidos de ambiente.

–Tiene 6 y 8 meses y deja de balbucear.

–Tiene entre 2 y 3 años y no utiliza ningún tipo de lenguaje.

–Con el correr del tiempo se expresa peor.

–En relación con los niños de su misma edad tiene un vocabulario pobre.

–En la escuela tiene dificultades para aprender a leer y escribir.

–El niño aparece en varias ocasiones como «ido».

Todos estos síntomas, que pueden ser signos de un problema auditivo, no tienen por qué alarmar inútilmente. Por el contrario, deben ser los que propicien a los padres hacer examinar a su hijo por un profesional. Con signos similares, podemos prevenir otras patologías de origen sensorial (vista), intelectual o físico.

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