El penalista cree que no servirá de nada aumentar las penas

Della Valle: El límite ético de la defensa está en cada uno

Es abogado desde hace más de 30 años y aunque no recuerda todos los juicios que lleva ganados expresa que es práctico y experiente y que su ojo clínico lo ayuda a saber cuándo puede ganar. Víctor Della Valle sostiene que no se especializa en corruptos y dice que con los presos hay que hablar claro antes de cobrar.

Lunes 28 de febrero de 2000 | 12:00
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En entrevista con LA REPUBLICA el conocido abogado penalista confiesa sentirse muchas veces estigmatizado por haber trascendido a la opinión pública como defensor de delincuentes, “pero también defiendo a las víctimas”. Sobre los límites de la ética en su profesión dice que cada uno se maneja según sus valores. Èl por ejemplo –dice– no defendería a terroristas o a violadores.

–¿Cree ser un abogado especialista en corruptos?

–Eso que acaba de decir es un error porque yo defiendo a los presos y también a las víctimas. Defiendo en un 60%, casos de víctimas que hacen denuncias por cheques o por malos tratos o violaciones. Lo que sucede es que cuando se defiende a alguien que trafica o a un proxeneta y se da un escándalo, inmediatamente sale en el diario. En el caso de las denuncias de una mujer golpeada por el marido, no sale en ningún lado.

–¿Alguna vez se sintió estigmatizado por el tipo de clientes con que trabaja?

–Sí, por la misma pregunta que usted hace la gente tal vez piensa que defiendo a los delincuentes. Y es verdad que defiendo delincuentes, pero también hago denuncias y mando preso a quien sea cuando mis clientes son avasallados.

–¿Dónde cree que está el límite en la defensa de un delincuente que además es condenado por la sociedad?

–El límite está en cada uno. Yo no critico a los demás y no me gusta que me critiquen. Yo no defiendo a terroristas…

–¿Ahí está su límite?

–Sí. No defiendo a terroristas, ni violadores ni tampoco a quienes siento que les voy a robar la plata porque no puedo hacer nada. En el caso de que venga a consultarme alguien que tenga todos los agravantes del Código yo no lo defiendo porque creo que no voy a poder hacer mucho para rebajarle su pena…

–¿Aunque le pague bien?

–Aunque me pague bien.

–¿Pero cómo maneja el tema de la ética defendiendo delincuentes?

–El derecho penal es diferente al civil porque no se pelea con otra parte sino que se está tratando de lograr algo con el fiscal y con el juez. Si uno no trabaja con ética con ellos es como cavarse la fosa y no sólo se perjudica al cliente sino a uno mismo.

–¿Nunca tuvo problemas de conciencia en la defensa de un homicida?

–Para mí los homicidios son los casos más lindos porque siempre tienen un atenuante y una causa. Nunca tuve un problema de conciencia porque si pienso que estoy defendiendo a un culpable creo que no podría dedicarme a esto porque culpable es el 90%. Si tengo algún problema de conciencia no tomo el caso, pero si me gusta sigo para adelante.

–¿No tiene miedo de estar mal rodeado?

–No, porque si uno mantiene su lugar no tiene por qué temer. Con los presos con los que trabajo soy muy campechano pero no voy a cenar con ellos. Siempre soy muy claro en el diálogo y siempre les digo la verdad en cuanto a las posibilidades reales que tienen de salir en libertad, por eso no he tenido problemas con ellos.

–La presentación de un paquete de medidas para endurecer las penas –como el que se va a presentar próximamente en el Parlamento– ¿puede contribuir para bajar los delitos?

–Creo que no va a servir para nada. Esos temas se arreglan con más educación y menos pobreza. Cuando se subió la pena en el delito de copamiento se demostró que no sirvió para nada porque cada vez hay más copamientos.

–¿Le han planteado absurdos con tal de salir de la cárcel?

–Sí, una vez vino un hombre a decirme que era tan habilidoso piloteando un helicóptero que puedo sacar a tal preso de la cárcel y llevármelo. Tuve casos de todo tipo.

Uno de los más difíciles fue cuando defendí a siete muchachos que habían sido acusados de violación. Agarré el caso porque creí que era injusto. Fueron todos procesados, pero apelé y gané. Me acuerdo que tenía en mi estudio a las siete familias instaladas.

Lo bueno fue que todos salieron limpios y se podrían haber comido unos cuantos años.

–¿Cómo fue su relación con Maradona cuando lo defendió en Maldonado este verano?

–En ese momento Diego no estaba para conversaciones largas. Mi relación fue más intensa con Guillermo Cóppola (su representante). Creo que el entorno de Maradona no es malo como la gente cree. Ellos son los que lo cuidan y tratan de alejarlo de la adicción.

A mí me llamó un grupo de amigos del fútbol de los que no voy a decir los nombres y enseguida acepté. Yo tengo trabajo hace años acá y en Buenos Aires y no agarré el caso Maradona para hacerme más conocido porque no lo necesito.

–¿Por qué en la defensa de Cóppola puso de garantía una propiedad suya? ¿Estaba tan seguro?

–A la gente hay que brindarle un servicio completo.

Ya que se logró que el procesamiento fuera sin prisión consideré que psicológicamente había que evitarle que estuviera una noche preso. Esa jornada terminó tarde y había que depositar el dinero en ese momento. Se imaginará que esa situación hubiera contribuido al circo periodístico y les hubiera afectado mucho a Maradona y a Cóppola.

–Más allá del dictamen jurídico ¿piensa que la opinión pública creyó que la cocaína fue ingerida por Maradona en Buenos Aires?

–La gente quiere sangre. Muchos hubieran querido ver a Maradona y a Cóppola presos. Yo no puedo tapar nada. Hubo un fiscal y un juez que investigaron.

–¿Cree que es beneficioso portar un arma como defensa personal?

–No, en ninguna circunstancia me parece que sea beneficioso porque esas situaciones siempre terminan mal, como el caso del homicidio del cepo.

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