Desde el asiento de los bobos

Es un pato

Por Horacio Buscaglia

 

La cosa es así: Batlle prometió que no iba a realizar ninguna acción contra las radios comunitarias, fue y cerró una. Batlle habló del contrabando, de los daños que le hace al país y que blablablá y que blablable, tiró unos puentecitos, agarró unos camioncitos con cigarrillos, algunas botellas de refrescos y se terminó la cuestión, el resto es silencio, sólo siguen perjudicados los «quileros», de los grandes grandes, esos que todos sabemos que existen, nada. Batlle no sólo dijo que no iba a poner nuevos impuestos sino que dijo que algunos de los que había los iba a sacar. ¿Se acuerda de la campaña electoral? Y, ringui ranga, nos enchufa impuestos por todos lados. Nunca nadie puso tantos impuestos como él. Batlle dijo que había que legalizar la droga, en particular la marihuana, para que se termine la jodinga de las ganancias excesivas y la lavatina de money y también, diría yo, para evitar que los jóvenes –y no jóvenes– se vean obligados a vincularse con la delincuencia. Lo dijo y sacudió a más de un acartonado, pero de la legalización ni mu, ni siquiera un coloquio de esos. Tras cartón, agarran tres o cuatro porros locos y hacen un escándalo bárbaro, como el contrabando; los grandes si te he visto no me acuerdo. Batlle dijo que no iba a privatizar y allí están los sindicatos preparando plebiscitos a lo loco. Batlle dijo que no iba a subir la nafta y subió tanto que casi se prende fuego. Y por si fuera poco, pretenden detener las obras de la refinería de La Teja. Batlle puso en Internet los sueldos que ganan los funcionarios públicos, ¡qué cristalino!, y buscó escrachar a un portero de banco que ganaba lo que debe ganar una persona que trabaja, lo comparó con los profesores de la Universidad y se horrorizó, pero no le dio a la enseñanza el presupuesto que necesitaba y las previsiones son que continuará incambiado el índice de desempleo y bajará el salario real. Batlle nos enseñó a todos que los ñandúes podían ser un buen negocio para nuestro país. Un visionario, sin duda, pero que yo sepa no se vendió ni una pluma de esos tontos bichos con cara de sorprendidos.

Batlle también nos habló de los caballos Purasangre y lo único que logramos fue hacernos mala sangre. Batlle se llama Batlle y está haciendo un trabajito fino para atacar la laicidad en la enseñanza. Don Pepe se estremece. Batlle habla de democracia, participación y diálogo, pero gobierna con leyes de urgencia en las que mete de todo, hasta sus calzoncillos sucios. Batlle creó la Comisión para la Paz pero nombra para altos puestos públicos a personas que están acusadas de violar los derechos humanos.

Batlle es un presidente descamisado, ingenioso, un loco lindo, es «como uno», ¡si hasta se sienta a charlar en una mesa de café con un taxista! Sobrevuela con toda frivolidad sobre los problemas que no resuelve y que él mismo crea. Y esta frivolidad se traslada a los medios y a nosotros mismos en la manera de juzgarlo.

Si anda como un pato, camina como un pato, y parpa como un pato…

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