Entre un 3% y un 5% de las pilas son altamente contaminantes

Peligro potencial

El ingeniero químico Mario Rabinovich, que recibió a LA REPUBLICA en su despacho de la Facultad de Química, se refirió a los residuos tóxicos peligrosos, tema al que dedica gran parte de su tiempo, así como a los avances en el reciclado de pilas.

El experto de la Oficina de Gestión Tecnológica de dicha casa de estudios adelantó que las baterías de celulares se recogerán en unos meses en los mismos puntos de venta, y se ofrecerá a los usuarios minutos adicionales para incentivar la entrega de la batería en desuso.

El técnico consideró que las pilas, luego de agotar su vida útil, deberían ser restituidas a los países que las fabrican.

–A raíz de la contaminación con plomo detectada en La Teja, las autoridades han insistido en el peligro que presenta otro tipo de metales pesados. Concretamente, cabe preguntarse cuál es la situación en el caso de pilas y baterías de celulares.

–Lo primero es cuantificar el riesgo potencial y la posibilidad de riesgo real. Por ejemplo, el vidrio de una ventana es algo peligrosísimo e incluso estadísticamente debe de haber cientos de niños que a lo largo del año padecen heridas graves por los vidros de ventanas o puertas.

Con la contaminación por metales pesados sucede algo similar. No es lo mismo tomar una batería celular y molerla en un molino que tenerla en su casa. El riesgo de que la batería de celular si está guardada pierda parte de su contenido es casi nulo.

Sin embargo, el problema se produce si va a la basura y justo el tractor de la máquina de la basura la rompe, ya que contiene níquel y cadmio. Realmente, el cadmio es un metal pesado muy peligroso. Entonces, hay un peligro potencial.

–¿Qué cantidad de este metal contiene cada batería y cuál puede ser su incidencia en el medio ambiente?

–Tiene una proporción tan alta que si alguien quiere envenenar un tanque de agua con una batería celular, la abre, la tira al agua y lo envenena.

Los principales principios activos de la batería son el cadmio y el níquel. Estas baterías son realmente peligrosas.

El problema es cuantificable. De las 2.500 o 3.000 toneladas de baterías que entran legalmente al Uruguay, hay entre un 3% o 5% que son peligrosas. Cada uno de nosotros consume por año entre 10 y 12 pilas y algunas batería que pesan entre medio y tres cuartos kilos. Esa proporción es común a todos los países civilizados, ya que lo mismo sucede, por ejemplo, en España y Estados Unidos.

Las alcalinas y las comunes constituyen el 90% del total de ese consumo y eso está casi resuelto, porque hoy se recogen y la Intendencia de Montevideo las guarda en un depósito seguro. Nosotros estamos por patentar un proceso de reciclaje. Seguramente, en algún momento aparecerá la plata para hacer una planta quizás transportable.

Ya encontramos una manera de utilizar esos componentes. Sacándole el zinc y el manganeso como micronutriente para fertilizante, la solución queda libre de mercurio, de cadmio y de todo lo demás.

–Pero vamos desde el principio. La gente que tiene pilas en su casa ¿las arroja a la basura o las deposita en los recipientes que hay en los supermercados?

Exacto. Pero en este momento el que quiere tirar las pilas tiene los recipientes en el supermercado o en los centros comunales y la Intendencia las está guardando en un lugar seguro, a la espera de tener un proceso para reciclar.

Lo que estamos pidiendo al municipio o a cualquier persona que quiera reciclar pilas es que las clasifiquen y que no las tire todas juntas: las comunes deben estar separadas de las alcalinas, y las comunes y alcalinas separadas de las otras.

La batería celular tiene características totalmente distintas. Como la gente cree que tienen valor, la guarda. Un estudio realizado en Europa determinó que las baterías de celular no eran revueltas para reciclar ni aparecían en los residuos sólidos urbanos.

Entonces este fenómeno indica que la gente las guarda, lo que no genera problemas. Manejadas razonablemente, no presentan ningún problema.

Las pilas realmente peligrosas son las de mercurio (como las de botón de reloj o calculadora) y las de litio, porque el litio es el reactivo que se usa en las cámaras fotográficas. Esas son las que hay que separar.

Pero como es un volumen pequeño se pueden guardar en cuaquier lado.

Nosotros calculamos que las baterías de celular que se pueden recoger en un año no ocuparían más que el volumen de un container normal. Mientras tanto, se puede buscar una manera o de inactivarlas o de tratarlas perfectamente bien.

La Facultad firmó hace unos meses un acuerdo con Ancel para recolectar las baterías de celular en desuso. ¿Cómo siguió ese proceso?

–Estamos trabajando para extender ese acuerdo a Movicom.

Lo que hay que hacer es una campaña de concienciación. Si la gente quiere guardar las baterías, que las guarde. De lo contrario, que no la tire.

A la población hay que darle una opción de recogerlas en los lugares donde se venden, para que deseche la pila cuando compre otra. Yo recomiendo que se guarden a la espera de un sistema de depósito o lugar donde dejarlas.

La mejor idea sería recoger las pilas en los puntos de venta de baterías celulares, ofreciendo minutos adicionales gratis para la gente que entregue la batería en desuso.

Mi sugerencia es que no se incentive la recolección de las baterías hasta que tengamos aceitado el mecanismo de recolección y de depósito de las mismas. Entonces, está previsto que se recojan en esos lugares y yo creo que tendremos éxito.

Además, habilitaremos un 0800 para quien se quiera informar y un 0900 para quien quiera colaborar con la Facultad de Química, a los efectos de financiar este proyecto. Entonces, las pilas se pondrán en un contenedor clasificadas por los estudiantes de química.

Las baterías más viejas eran de níquel-cadmio y pesaban como medio kilo cada una. Uno las desarmaba, con gran trabajo afortunadamente.

Hoy las pilas «botó» son soldadas entre sí pero la tecnología internamente es parecida a la de las pilas por separado. Quedarán a la espera de la planta de reciclaje o que desde el Norte se apiaden de nosotros.

Quizás nuestro presidente (doctor Jorge Batlle) puede lograr que se lleven las cosas que nos mandan, que sería lo más justo del mundo. Pero el problema no es grave ni urgente. Lo que hay que hacer es explicarle a la gente que son un residuo tóxico peligroso, porque de eso no hay duda.

No obstante, la probabilidad de que esas situaciones causen algún daño es infinitamente menor que la de un tubo luz, que tiene un 99% de posibilidades de romperse y desprende entre 15 y 30 miligramos de mercurio.

Esos gramos de mercurio van a parar a los rellenos sanitarios y se van a lixiviar (la disolución de metales pesados con los líquidos ácidos que larga la basura) en algún momento.

La batería de celular, que tiene una composición muy estable, no puede caer en las manos de un niño. De todos modos, es muy difícil de abrir.

–Entonces resulta vital clasificarlas

–Yo diría que sería bueno recogerlas clasificadas aunque después se mezclen, porque cuando haya posibilidades de guardarlas separadas, la gente no va a estar entrenada para clasificarlas.

Se puede guardar en un lugar seguro, en un relleno para productos tóxicos, porque hay cosas que no son reciclables ni inactivables.

Una de las alternativas es guardarlas en un lugar seguro, lejos de otros residuos. Otra es inactivarlo, ya que los residuos de las pilas y los de las curtiembres podrían mezclarse y neutralizarse entre sí.

Hoy la Intendencia de Mo
ntevideo recoge las pilas pero no las clasifica, pero, por lo menos, están seguras.

Es mejor que lo que hacen otras comunas, que niegan que existe el tema. Además, la IMM financia desde hace dos o tres años una parte de las investigaciones de la facultad junto con Isusa, que es la fábrica de fertilizantes. Estamos en proceso de encontrar la solución.

–¿Qué pasa con las pilas comunes en el interior del país?

–Aah… Les interesa mucho más que acá. Son más disciplinados. Pero mucha gente las recoge y después no sabe qué hacer con ellas. Por eso la idea de la planta móvil. Yo creo que lo mejor, insisto, es que la gente que nos vende las pilas se las lleve. Si vienen de Japón, que se las lleven los japoneses. Esa sería la solución. Pero que no nos cobren por llevárselas.

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