Una mujer puede ser hombre
El profesor de la Cátedra Dr. Guido García comenzó con las intervenciones en 1991, movilizado por la demanda de casos que pasaban de un especialista en otro sin que nadie tomara cartas en el asunto.
Estas operaciones son integralmente gratuitas para el paciente y sólo se realizan a transexuales, que son quienes manifiestan que su aparato genital no concuerda con su sexo psicológico.
«Nosotros operamos sólo a transexuales, porque son los únicos pacientes que no tienen cura con psicoterapia, sino que necesitan de la intervención . Son personas que habitualmente manifiestan sentirse presos de un cuerpo que no concuerda con su condición», señaló el profesional a LA REPUBLICA. Un grupo interdisciplinario evalúa al paciente por un mínimo de dos años, a los efectos de poder diagnosticar la patología de fondo y determinar si se justifica o no la operación. Actualmente, hay tres pacientes aguardando la autorización.
En los siete operaciones de cambio de sexo ya realizadas, la primera fase de la intervención es la penectomía o mutilación del pene. La técnica mantiene parte del glande y la piel que es el material con lo que se va a recrear la neovagina.
Luego, se quitan los testículos resecando el escroto para formar los labios mayores de la vagina. Los médicos construyen una cavidad entre la cara posterior de la vejiga, la próstata y la cara anterior del recto.
En este proceso, piel del pene es maniobrada manualmente como si se diera vuelta un guante, acomodándola hasta lograr imitar el aparato genital femenino, sin pérdida de sensibilidad.
Según nuestro entrevistado, los resultados son tan perfectos que ni un médico advertiría que no es un aparato femenino verdadero. El riesgo mayor son las infecciones del recto y las necrosis de los colgajos utilizados. La duración de la intervención es de cuatro horas y el posoperatorio es de quince días.
En el caso de mujeres transexuales que quieren transformarse en hombres, la técnica es más complicada pero posible.
Si bien nunca hubo una autorización expresa del equipo para practicar operaciones de cambio de sexo de mujer a hombre, sí existieron varios casos a estudio no llegaron a la operación.
Actualmente, el equipo médico evalúa a una mujer que demanda cambio de sexo y podría constituir la primera experiencia de este tipo en el país.
Según el Dr. Guido García, esta técnica podría aplicarse de inmediato si se incluye la participación de un cirujano plástico vascular. En ese caso se plantean dos etapas operatorias. La primera incluye la histerectomía, el cierre vaginal y la extensión de la uretra. En tanto, la segunda fase de la intervención consiste en la creación de un pene, mediante la utilización de colgajos vascularizados e hinervados de piel del antebrazo del paciente, a lo que se le suma una prótesis para que el órgano logre una óptima función sexual. Si bien a nivel jurídico existe un vacío legal sobre el tema, el grupo de apoyo del hospital de Clínicas elaboró un protocolo, que contempla aspectos éticos y normativos basados en la legislación internacional existente sobre el tema.
El primer paciente operado logró –a nivel judicial– que se rectificara su partida de nacimiento y toda su documentación, después de dos fallos adversos de la Suprema Corte de Justicia.
«Miguel Angel Samuel Ubal» era el nombre que figuraba la partida de nacimiento del demandante hasta el 10 de abril de 1991, cuando el Profesor Guido García lo transformó en mujer, luego de modificar su aparato genital masculino y convertilo en femenino. Durante la entrevista, el equipo de LA REPUBLICA fue testigo de los prodigiosos resultados de la transformación.
Esta sorprendente transformación tuvo una larga y no menos dolorosa historia. Durante muchos años, una faja y un sutién con algodón ayudaron a Miguel Ubal a disimular su condición de hombre, con la esperanza de que un milagro pudiera convertirlo en mujer., lo que finalmente se logró.
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