Padres de escolares de la Costa de Oro denuncian serias carencias de infraestructura

Estudiar bajo agua

Danilo Albín – Canelones

 

A medida que se acerca el horario de salida del turno vespertino de la Escuela 229, varios automóviles realizan maniobras sobre el lago que, desde un cordón a otro, inunda la calle llamada «Las Canoas», ubicada a algunos metros del cruce de Giannattasio y Becú en el balneario Lagomar. A las 17 horas, 500 niños salen de sus aulas. La minoría que es recogida en auto o camioneta, egresa por la puerta que conduce al agua. Los demás deben cruzar el camino de barro ubicado por la otra entrada del local, al final del cual esperan sus padres.

Las madres que aguardan a los pequeños no ocultan su malestar con la situación creada tras el temporal. Críticas a la Intendencia de Canelones, comentarios sobre el estado en que llegan sus hijos (varios se resbalan en medio del barro) y los resfríos contraídos tras estar cuatro horas con sus vestimentas húmedas marcan las conversaciones de las señoras.

Mientras que los vecinos recuerdan que en esa zona no hay saneamiento, en los alrededores del local de enseñanza pública se respira un intenso olor nauseabundo que provoca distintos comentarios por parte de los niños.

Gabriela Coelho, una joven que en medio del barro esperaba a su hijo, afirmó a LA REPUBLICA que «la escuela tiene unos 40 años, y siempre que llueve ocurre lo mismo». Sin embargo aseguró que las inundaciones se agravaron luego que, a pedido de un country club privado, el gobierno municipal tapara un lago lindero que permitía que hubiera drenajes.

 

Tierra movediza

El pasado martes 20, cuando recién empezaba el temporal que se extendió hasta comienzos de esta semana, varios funcionarios de la Junta Local de San José de Carrasco cubrieron la entrada principal del centro educativo con tosca. Ayer, la tierra estaba húmeda y se hundía al pisar. «La Intendencia no nos da soluciones», comentó otra madre que prefirió no dar su nombre. Sostuvo que el intendente Tabaré Hackenbruch «sabe en qué condiciones están las calles de Ciudad de la Costa», y exigió que sean reparadas en forma inmediata.

En tal sentido, Coelho, quien integró una delegación de padres que en las últimas horas se presentó en la Junta Local y dialogó con su responsable, aseguró que algunos funcionarios municipales les indicaron que para arreglar las calles debían aguardar que dejara de llover, mientras que otros, con menos esperanzas, dijeron que había que esperar que se aprobara el presupuesto municipal.

Ante esas variadas respuestas, los vecinos insisten en que las soluciones no pueden demorar. «No pedimos nada del otro mundo ni tenemos grandes pretensiones», manifestó un padre. De todos modos, el pasado martes la oficina de prensa de la comuna emitió un comunicado en el que señala que «se trabaja en los accesos a la escuela 229 de Lagomar, afectados por las intensas precipitaciones de los últimos días».

 

Niños versus ratas

Asimismo, los padres señalaron que un terreno cercado por alambres que pertenece a la escuela se ha convertido en un basural y centro de encuentro nocturno de parejas, por lo que es moneda corriente encontrar preservativos usados, además de ratas. Según explicó Carolina Andrade, madre de un escolar, las autoridades del local «pidieron bolsas, guantes, picos y palas para que los niños de cuarto, quinto y sexto año limpiaran». Si bien subrayó que el trabajo fue planteado «como algo pedagógico», alertó que los roedores «transmiten enfermedades» y se mostró preocupada por la salud de los niños.

 

Escuela 260

Una situación similar se vive en la Escuela Pública 260 de Montes de Solymar que a un año de construida presenta rajaduras en los techos, por donde se llueve, salones inundados, y conexiones eléctricas rodeadas de humedad. Los padres de los 400 alumnos que concurren a ese centro realizaron ayer una concentración frente a la escuela para reclamar soluciones. A través de un comunicado los padres denunciaron que de los caños previstos para desagües pluviales en todos los salones mana agua hacia el interior de las clases. Varias madres colaboran con lampazos y escobas para evacuar el líquido.

El agua también se filtra sobre el tablero general de luz, lo que constituye un potencial peligro.

Los padres quieren que este edificio sea un lugar seguro para la educación de sus hijos.

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