Sin decir agua va
Todo está nublado, pesado, mojado, aglutinado y una cantidad de ados más.
Subís al bondi y está soleado (no te dije, otro ado) pero mirás la gente y no sabés por qué clima decidirte, unos van abrigados (otro más) y otros van onda veroño, una mezcla de ropa de verano y otoño.
Y vos que ya te entrás a poner un poco inquieto porque estás pispeando que las cuestiones, meteorológicamente hablando, tienen menos ganas de seguir donde están que De la Rúa. Que, dicho sea de paso, es el primer presidente que se cansó de gobernar.
Y de pronto… llueve. Sí, llueve. Vuelve a llover. Sigue lloviendo. Y yo que creí que había exorcisado a la lluvia con mi columna del domingo. Pero no hay caso. Cae agua como caen los impuestos que, como jodiendo, así como al disimulo, Batlle nos va encajando a todos.
A todos los de aquí abajo, donde las gotas pegan más fuerte, donde el agua te llega al cuello mucho más rápido. Le pone un impuesto a los productos importados. ¡Bravo! así defendemos a los productos nacionales y/o terminados aquí.
Pero ¡recórcholis! también se aplica a los productos nacionales. Es decir, todo sigue igual, llueve para abajo, más guita para él y más caro para nosotros. Las leyes de urgencia caen como un rayo, no hay paraguas que nos salve, y siempre pagamos nosotros, nos achicharramos. Y achica el aporte patronal, yo que sé, puede que esté bien, pero digo, ¿ no sé?, pregunto. ¿Y del impuesto a los sueldos, no te acordás Jorgito? Y pasa un auto con chapa oficial, que derrapa sobre un charco de agua manchado de nafta cara, que va a dar justamente contra la ventanilla donde yo estoy y me queda la cara manchada como si fuera un pecoso yanqui bobalicón, que no es el caso del Rockefeller éste que vino a visitar su patiecito trasero y que aunque no sea como su pariente que vino en los 60 ¡son of a bitch!, algún aire de familia debe tener, ¡tate tranqui! Y nuestro ingenioso Presidente se quedó chocho de la vida porque pudo demostrar que tenemos una tasa de interés muy baja y eso produciría una calificación de riesgo del país muy favorable. ¿Muy favorable a quién? Porque como te decía: llueve y llueve y cae granizo y se tapa el ñoca y se inunda el patio, el baño y hay que ponerse papel de diario en los zapatos y la tasa de interés me la paso por donde sea para que se transforme en una taza de caldo caliente, por lo menos.
Y el agua corre hacia las bocas de tormenta, y se lleva un barquito hecho en una hoja de Ultimas Noticias donde, sin ninguna justificación aparente, publicaron una foto de Aparicio Méndez y Rapela, de la época en que la dictadura gastaba mucho en pañales desechables, además de torturar y hacer desaparecer compatriotas. Llueve. Y aunque pare, llueve. Y esto cada vez se parece más a Macondo, con aquella lluvia que terminó borrando las casas y hasta los rostros de la gente.
LLueve.
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