No es gracioso
Canelones
González tiene 40 años y vive en Montevideo. Cuando tenía 13 años se sintió atraído por el circo Triani, por lo cual habló con su propietario y, tras obtener el permiso de sus padres, se integró al espectáculo como payaso.
Algunos años después viajó a Argentina, donde durante varios años desarrolló su actividad artística en las plazas de Buenos Aires.
«Todo estuvo bien hasta que en 1989, a través de un decreto, el entonces presidente Carlos Menem nos corrió de las calles», declaró González a LA REPUBLICA. «Nos mandaban presos», recordó, destacando que para Menem, los actores callejeros eran sinónimo de «vagancia, mendicidad y escándalo en la vía pública».
En 1995 retornó a Montevideo por problemas de salud de su madre. Entonces comenzó a trabajar en la Plaza Cagancha, en distintos parques y en los ómnibus urbanos. «Soy un personaje más, arriba de los colectivos», afirmó, y citó algunos pasajes de su «show», el que culmina ofreciendo golosinas: «Miren para adentro, porque si miran para afuera siempre verán lo mismo»; «estoy desocupado, tengo 15 hijos y los quiero como si fueran míos»; «la plata que junto es para el cumpleaños del marido de mi mujer».
«Vivo de la colaboración voluntaria del público», remarcó. Además, el payaso Pildorita anima fiestas infantiles y realiza tareas solidarias en la Fundación Peluffo Giguens y en el Hospital Pereira Rossell, repartiendo globos y caramelos entre los niños enfermos.
Pildorita y el pasto
Desde hace tres años, Fernández se trasladaba al balneario de Atlántida y actuaba en la Plaza Artigas.
Al comienzo de la temporada veraniega de este año, indicó, la junta local le pidió que fuera «soporte» de los espectáculos realizados por distintos conjuntos tropicales en Atlántida y Las Toscas. «Trabajaba sin cobrarles», apuntó.
Sin embargo, pocas semanas después su situación cambió. «Me prohibieron desarrollar mi actividad en la Plaza Artigas», y destacó que los funcionarios municipales lo acusaban de dañar el pasto y producir que los jóvenes «se juntaran a fumar marihuana y tomar cerveza». «El causante de la ruptura de la plaza es el payaso Pildorita», ironizó.
Declaró que a mediados de febrero, varios policías de la Seccional 17ª e inspectores municipales, enviados por un jerarca de la Dirección de Contralor Sanitario de la Intendencia de Canelones, lo obligaron a marcharse de la plaza.
Esta decisión determinó que varios comerciantes juntaran firmas para pedir que Pildorita no fuera expulsado, lo cual fue en vano.
Visiblemente molesto, anunció que durante la próxima semana de Turismo concurrirá a Piriápolis. «Nunca más vengo a Canelones», expresó, y denunció que en este departamento no lo dejan trabajar.
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