Diablos solidarios
Esta reflexión vino a mí, al encarar la historia de Diablos Verdes, la murga ganadora del último certamen de Carnaval, con Antonio Iglesias, su fundador y guía durante más de sesenta años.
Nuestro entrevistado inicia su relato tal como lo concibe en un libro, aún no escrito, en el que la narración comienza a emerger a partir de un hecho doloroso y traumático: su detención en los oscuros días de la dictadura.
Con ello, la forzada separación, a esa altura sin tiempo y casi sin esperanzas, de familia, de amigos, de afectos, de compañeros de lucha… de su murga.
«Un día llego a mi casa y la encuentro llena de milicos esperándome y que me dicen: despedite de tu familia que por mucho tiempo no la vas a ver.
En ese instante, tal vez procurando desprenderme del dolor y la angustia de ver a la compañera de siempre abrazada a nuestra hija pequeña llorando, sin comprender mucho lo que pasaba, comencé a recordar, casi sin proponérmelo, como en una ensoñación, todas las etapas de mi vida, desde niño.
En ese recuerdo que se inició en casa, que siguió durante mi traslado a un destino aún incierto y luego, en un clima de silencio sobrecogedor, cargado de dudas, previo a los interrogatorios en el Departamento de Inteligencia, fueron surgiendo imágenes de mi niñez.
Y en esa niñez llena de carencias, la presencia de la murga.
Allá, en Carlos Tellier entre Real y Dionisio Coronel en La Teja, un barrio lleno de zanjones y lagunas, nos juntamos siete gurises y con unas latas, improvisando bombos, redoblantes, salimos a la calle. Corría el año 1939.
Por entonces tenía siete años y era de los más chicos del grupo.
Allí comenzó la presencia de Diablos Verdes. No tengo respuesta al porqué del nombre. Se lo puso una señora del barrio, doña Carlota González, que vivía al lado de mi casa y quiere la casualidad, su esposo se llamaba Antonio Iglesias igual que mi padre de quien heredé el nombre y con el que no teníamos ningún parentesco.
Ese primer año salimos vestidos con guardapolvos que era lo único que teníamos a mano. El segundo año con la camiseta de Peñarol, equipo del que por entonces éramos hinchas.
Al tercer año las madres nos hicieron trajes con bolsas de arpilleras, en aquella época muy comunes y fáciles de obtener y así junto a la murga o con la murga, fuimos creciendo.
En la adolescencia seguimos en medio de grandes carencias ya que habíamos dejado de ser niños y buena parte de las colaboraciones que por serlo lográbamos, ya no eran frecuentes.
En el año 1950, nos presentamos a premio en el concurso. Concurrimos tres veces y obtuvimos una mención, simplemente por el hecho ser muchachos.
Nace la cooperativa
En 1957 la murga sufre una transformación fundamental.
Con algunos de aquellos «chiquilines» fundadores de la murga, por entonces en grandes agrupaciones de la época, especialmente Patos Cabreros, Curtidores de Hongos, Humoristas de Betún, La Escuela de Crimen, con muchachos de Capurro, fundadores de la Escuela… y a impulsos de Pocho Gallina Gómez y el Cholo García, dos queridos compañeros hoy desaparecidos, surge la cooperativa, inicio de lo que hoy es Diablos Verdes.
Este hecho y la incorporación de Eduardo Gamero a partir de 1958 donde nos escribe un cuplé, nos proyecta a la murga a una nueva etapa de realizaciones. En 1959 logramos el primer premio, en el 60 el segundo y en el 61 nuevamente fuimos primeros.
En 1964 se incorpora a la murga el «viejo» Cocina Márquez uno de los hombres más completos del Carnaval y Facha Ruiz, que señaló toda una época dentro de Diablos Verdes. Ese año perdemos con Asaltantes el primer premio sobre el disco y lo logramos nuevamente en el año 1965.
Por entonces el país se sumía en años muy difíciles que La Teja en especial sintió duramente y desde luego la murga.
Una de las cosas que hoy dan explicación a lo que es Diablos Verdes está en que nos criamos en medio de la lucha, de la solidaridad, del trabajo de la gente y mamamos esa experiencia, toda esa rebeldía, esa conciencia de la gente, de los trabajadores en general, pero en nuestro caso particular de los obreros de La Teja. Trabajé durante tres años junto al Dr. Quijano en el Semanario Marcha aprendiendo mucho. Luego me incorporé como obrero a la fábrica Vicpaln en la industria del vidrio. Fuimos creciendo, madurando junto a la lucha de los gremios y desde luego pagamos, precio a esa actitud. En el año 1973 fuimos, proscritos con orden de captura.
De todas maneras los Diablos siguieron sin aflojar. En 1975 incorporamos a un señor de las letras, un caballero en todo el sentido de la palabra, a Jorge Schek, quien le imprime con sus textos, un perfil diferente a la murga. «Soy la oveja negra de la familia», me decía Jorge.
Se integra con él a Diablos Mary Da Cunha y también por primera vez en Carnaval, Nelson Mancebo.
Hasta el cantinero se pintó la cara
En 1976 se produce el episodio de mi detención pero la murga no se detiene y pese a todo, sigue su marcha. Una de las grandes satisfacciones fue que al año siguiente, en el 77, de la mano de Nelson Delgado y Víctor Olivera que asumen como directores responsables, la murga realiza una muy digna presentación en el Carnaval, pese a que apenas a unos días de iniciarse, nos proscriben a ocho componentes, que obliga para alcanzar el número mínimo y poder participar, que el cantinero del Club Uruguay Colombes donde ensayaba, se pinte la cara y salga al Carnaval.
También entonces contamos con la pluma de Jorge Schek y los trajes de Nelson Mancebo. Aparece ese año por primera vez en Carnaval en Diablos, un músico que estaba surgiendo como tal, hoy una de las figuras más importantes del Carnaval, Roberto García. Quedaron no obstante por el camino, el Facha Ruiz, el Yeye Santos y otra cantidad de grandes compañeros.
Triunfo entre rejas
Otra enorme alegría la tuvimos estando presos en el Penal de Libertad, cuando en el año 1981 la murga obtiene el primer premio, un hecho para nosotros inexplicable dada la situación imperante en nuestro país.
No teníamos forma de en directo saber qué estaba pasando y solamente teníamos algún contacto informativo con el exterior a través de los informes recortados y tendenciosos que el gobierno controlaba.
No sabemos cómo la información llegó al penal, pero el resultado de los fallos con la murga al tope, lo conocimos a través del ruido ensordecedor de las rejas golpeadas por los reclusos, trasmitiendo el mensaje y llenándonos de una emoción y alegría tremendas.
En el año 1984 ya en libertad retomamos la dirección de la murga y volvió junto a nosotros Jorge Schek y Nelson Mancebo. Fue el año del recordado Arturito.
Soledad y cambio de rumbo
El resto de la historia creo que es conocida. Años buenos, años malos, años regulares. Tal vez producto de los golpes y como resabio de los años de dictadura, tal vez en forma equivocada la murga mantuvo por años una dureza en su expresión que no estaba de acuerdo con el sentimiento de la gente. Y pagamos precio. Mientras duró la dictadura toda la población estaba detrás de un único objetivo, removerla. Durante ese período nuestras murgas, particularmente Reina de la Teja, esforzados compañeros del barrio, participando con gran entereza, Falta y Resto, Araca La Cana, hicieron un aporte muy importante a esa lucha.
Pero luego ya la gente se comenzó a dividir en frenteamplistas, blancos y colorados y los que no comprendimos esa división quedamos un poco solos. La presencia de gente joven a quienes le dimos la libertad de crear sin nuestra intervenc
ión, solamente condicionados al manteniendo de los principios originales, cambiaron la cara la murga y hoy están a la vista los frutos. Le dieron otro humor, otra vivacidad, otra movilidad y alegría.
La presencia de Andrés Atay, de Leonardo Preziosi, mostraron otra murga, fenómeno que se gesta a partir de la incorporación de Preziosi en 1998. En el año 99 volvimos al primer premio que se repite este año. Al respecto quiero señalar que este año Leonardo Preziosi resulta elegido como el mejor letrista de murgas y también del Carnaval».
El Carnaval necesita cambios
Toda conversación con Antonio Iglesias, no solamente parte de la vida de Diablos Verdes, sino del Carnaval como actor y como dirigente desde la fundación de Daecpu de la cual participa en 1952, no puede concluir sin sus reflexiones sobre la fiesta misma, su organización, su problemática.
«No es posible seguir de esta manera. Yo creo que Daecpu tiene la necesidad de sentarse no solamente entre los directores sino con todas las fuerzas que componen el Carnaval y de las que lamentablemente entiendo que estamos aislados.
Antes que nada debemos trabajar, para romper ese aislamiento, que hace que estemos pagando el precio de no encontrarle la vuelta a esta situación. Tenemos una muy buena relación con una Intendencia con tremendas dificultades también, que creo está haciendo los máximos esfuerzos por revertir esta situación y lo debemos aprovechar.
Creo que llegó el momento de plantear una especie de segundo congreso, pero no para que las concusiones queden guardadas en algún escritorio como el de hace algunos años.
Hay tres vertientes que son fundamentales. Por un lado los escenarios como fuente de trabajo pero también como puntos de acercamiento de la población al Carnaval, incluyo una mirada importante hacia el interior del país, hacia donde de alguna manera apunta esta iniciativa de la creación del Certamen Nacional de Murgas.
Por otro lado, se debe analizar con profundidad el Concurso de Agrupaciones.
Este es un evento vital donde tuvimos por años asegurada la presencia masiva del público. Hoy la realidad nos muestra que vendimos cinco mil entradas menos que el año anterior.
La otra, la agenda misma del Carnaval, orientada a la atracción de turistas aprovechando el éxito que particularmente nuestras murgas y Las Llamadas han tenido fuera de fronteras, en especial en Argentina».
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