Historia de un matrimonio de trabajadores que intenta sobrevivir

Fuera de planilla

 

La Ciudad desnuda

El, JMP, llegó de Tacuarembó en 1993. Tiene 28 años y mil oficios que aprendió sobre la marcha, empujado por la necesidad:

«Cuando chifla la panza agarrás cualquier cosa y así vas aprendiendo –dice–. Al final, de todo sabés un poco. Es la única defensa que hay para los que no tenemos estudio».

Desde enero trabaja para un feriante, tres veces a la semana:

«Voy de feria en feria con el hombre, martes, jueves y viernes. Cargo y descargo el camión, vendo, limpio, cuido, hago de todo. Gano 750 por semana. Comparado con mucha gente, estoy bien».

Ella, MST, cumplió 26 el martes pasado. Nació en Paso de la Arena y jamás salió de Montevideo. Es limpiadora a destajo:

«Me salen cuatro o cinco limpiezas por mes. Son mil pesos entre todas, más o menos. No es mucho, pero ayuda a ir tirando».

Se casaron en 1995 y ocho semanas después tuvieron a Emmanuel, rubio como el padre y de ojos castaños como ella. Viven en pensiones, aunque con lo que pagan por la pieza pueden alquilar una casita. El explica:

«Alquilar es bravo. Te piden garantía, recibos de sueldo, depósito y miles de cosas más que no tenemos. Con lo de la feria, lo de mi mujer y alguna changa que siempre me sale, podemos pagar un alquiler modesto, pero con eso de la garantía y todo lo otro nos matan. En las pensiones te cobran una fortuna, pero no tenemos otra».

Jamás figuraron en una planilla de trabajo, dice él:

«Siempre cobramos en negro. Ni papeles firmamos cuando nos pagan. Si nos echan no tenemos derecho a nada, ni al seguro de paro, y si ella o yo o Emmanuel nos enfermamos, que Dios nos ayude. Hay leyes que nos protegen, eso lo sabemos. Podemos reclamar, claro que sí. Pero si hacés eso lo que pasa al final es que cobrás unos pesos pero perdés el trabajo. Y de repente ni siquiera cobrás algo, porque te ponen abogados que las saben todas. Para nosotros, las leyes no corren. Son lindas en el papel, pero pará de contar».

Cuentan que en la pensión donde viven casi toda la gente está en la misma situación:

«Habrá una o dos personas con las cosas en regla. Al resto le pasó lo mismo que a nosotros. Hay mecánicos, albañiles, mozos de bar, cocineras, limpiadoras, de todo, y nadie figura en planilla. Y a los pocos que figuran los obligan a firmar por la mitad de lo que les pagan. Y si no firman, los echan. Pero nadie protesta, porque con tal de tener trabajo uno aguanta cualquier cosa, cualquier cosa. La otra vez, un hombre grande que vive en la pensión, el Mario, armó lío para que le pagaran aguinaldo. Le tiraron unos pesos pero lo echaron. Y ahora no consigue nada en ningún lado. Dicen que hay una lista negra con los nombres de todos los que protestan y si estás ahí nadie te da laburo. Y debe ser así nomás, porque yo conozco varios casos como el de Mario. Pila de hombres y mujeres que han tenido el mismo problema. En todos lados están haciendo eso y como no hay nadie que tome medidas la cosa sigue. Fíjese que con eso nos matan. Quedamos liquidados, porque si nos piden recibo de sueldo, como a mí para alquilar, no tenemos o tenemos uno que no dice lo que en realidad ganamos. Si te pagan en negro, salen ganando porque como no figurás no tenés derecho a nada. Y si te ponen en planilla con menos de lo que ganás, hacen menos aportes y te pagan menos cuando te despiden. Protestás y marchás, porque vas a la lista negra. Ellos ganan siempre. Si a mí me ponen en la lista, la quedo. Si yo tengo que pasar hambre, paso. Y mi mujer también. ¿Pero Emmanuel? El no. Por él es que aguantamos la mano. Pero no sé hasta cuándo, te digo la verdad, porque al final la bronca te gana».

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