Desde el asiento de los bobos

¡Guau, clink, arf, boing!

Por Horacio Buscaglia

Los japoneses viven creando diferentes tipos de robots. Desde los que ya no nos sorprenden como los electrodomésticos hasta los más cercanos a las novelas de ciencia ficción que con forma casi humana cumplen funciones humanas.

Uno de éstos, el más famoso, es un robot creado por Honda con una inversión de centenares de millones de dólares y 14 años de trabajo e investigación.

Este extraodinario «ser», se llama ASIMO y juega muy bien al ajedrez, camina y sube escaleras, sirve comidas, interacciona con la voz, resuelve operaciones y ¡atenti al mojo! responde con movimientos de signo emocional a la manifestación de emociones.

¿Quién puede querer comprar un «aparato» como éste, al precio aproximado de 90.000 dólares?

Los japoneses.

Así, Matsushita presenta una casa de retiro, totalmente robotizada, donde hasta las moscas y las cucarachas pueden zumbar electrónicamente.

R100 es el nombre de un robot creado por NEC capaz de andar por adentro de una vivienda y ¡atenti II! puede reconocer la fisonomía de sus habitantes (¿cómo llamarlos: parientes, patrones…?) y leerles su correo electrónico.

Pero el éxito mayor se lo llevó Sony con su perro electrónico AIBO, del que las primeras 3.000 unidades, se vendieron en veinte minutos. (2.500 dólares). Y las decenas de miles fabricadas posteriormente se agotaron tanto en Japón, como Europa y EEUU.

AIBO es capaz de expresar emociones como sorpresa, alegría, miedo, rabia y cuando demuestra «cansancio» (se está quedando sin pilas), va hasta el cargador y se enchufa él solito. Tierno el chicho.

Pero hay mucho más, este robótico perrito, ¡atenti triqui!, puede automodificar sus reacciones de acuerdo a la experiencia vivida con su amo y a las características de la casa donde habite.

El asunto es que en Europa y EEUU, se ha vendido a AIBO como un juguete, en tanto que en Japón se lo ofrece como una sustitución de las mascotas verdaderas, de los perros reales.

Satoshi Amagai, presidente de la filial de Sony para este tipo de productos cuando respondió a la pregunta ¿por qué alguien puede preferir un perro electrónico a uno real? , dijo que en Japón no existen condiciones físicas para convivir con un animal.

Sin embargo, hay quien dice que un oscuro objeto del deseo de los seres humanos de este tiempo y estas sociedades es tener un perro, o un robot, es decir un ser aparentemente vivo que nos acompañe, que pueda cumplir nuestros reclamos sin protestar y que sea formado a partir de nuestras necesidades y deseos. Y, por supuesto, poderlo prender o apagar cuando queramos.

Bajé del ómnibus y deseé con toda el alma que Ludovico, mi perro, haya cagado y meado todo el piso de mi casa.

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