Trampas al solitario
No voy a caer en el facilismo de algunos observadores que acusan a la prensa, por su insistencia en conocer algún dato adelantado a la concreción del escrutinio de los votos del jurado.
En esa averiguación está muchas veces el facilitar el trabajo, en particular, de quienes cubren la noche de los fallos.
Las radios (este año también la televisión), apenas disponen de pocos minutos entre categoría y categoría para llevar a sus oyentes o televidentes la voz e imagen de los protagonistas y cualquier información que se logre en este sentido, puede ser fundamental para alcanzar el objetivo de un mejor servicio público.
Igualmente para el fotógrafo de prensa que debe registrar la instantánea del momento en que comienzan los festejos, para luego trasladarse a otro local.
Si bien no estoy justificando la filtración de información, sí acepto como válido el requerimiento periodístico en tal sentido y su búsqueda afanosa, parte incontrovertible, de los principios básicos de nuestra profesión. Pero también principio insoslayable de ella es la ética. Ello implica ente otras cosas fundamentales, usar correctamente la información sin traicionar la fuente, respetándola, manteniendo la reserva garantizada y la finalidad prometida para el dato obtenido. No puedo condenar al colega que trata de conseguir los puntajes o las ubicaciones del concurso antes de que salgan. Es su obligación como periodista, aunque haya quienes no lo acepten.
Sí condeno enérgicamente a quienes, habiéndolo obtenido, alardean de su «capacidad deductiva» y con ligereza, los dan a conocer como producto de su intelecto privilegiado o los comenta, a diestra y siniestra, para alardear lo «enterado» que está, procurando, el reconocimiento de quien es informado supuestamente en forma confidencial, en una suerte de macanudismo irresponsable. Lamentablemente en esta oportunidad esto aconteció y generó un sentimiento generalizado de descreimiento y desazón. A muchos, aun en el triunfo, les quitó la alegría del momento más esperado de todo un Carnaval, conocer al instante del recuento de votos, la culminación exitosa, de una competencia que implicó muchísimos sacrificios y desvelos.
Por un lado o por otro al concluir el certamen, todos los que estábamos en esta actividad, sabíamos el resultado con mayor o menor certeza, por lo menos, en las primeras ubicaciones y antes que se iniciase el recuento de votos.
Algunos destinamos estos datos a preparar con esmero el mayor servicio a nuestros lectores u oyentes, respetando las reglas del juego, sin traicionar la confianza que se nos tuvo a la hora de informarnos y particularmente evitando con nuestra «bocina» (que en definitiva nada hubiese aportado de positivo), el descrédito y el socavar las bases mismas de una justa, enraizada profundamente en el sentimiento popular.
Otros usaron estos informes para «sacarse boleto» de sabihondos y cuando alguien dudó de la noticia, no trepidaron en agregar, «el dato es posta, me lo dijo fulano…»
Con haber sido ya grave estas filtraciones y sus manejos, se agregó otro hecho que si bien se orienta en el mismo sentido –publicarse antes de lo establecido las menciones especiales– fue producto en este caso, de un error o descuido, y no de la expresa voluntad de «pasar un dato» en forma irregular.
Habrá que rever profundamente el sistema.
Habrá que hilar fino en cómo se deben procesar las informaciones e instruir correctamente a quienes son responsables de ellas. Habrá también que establecer sanciones ejemplarizantes para quienes no cumplan con las normas establecidas al respecto.
Va en ello la salud del Carnaval como fiesta creíble, a la que se procura por todos los medios, y nos consta que es así, dotarla de la mayor cristalinidad y la más absoluta credibilidad.
Particularmente las autoridades comunales tendrán que tomar cartas en el asunto como responsables del andamiaje administrativo del concurso. También la gente de Daecpu, aportando sugerencias, dada la experiencia acumulada durante tantos años en la organización del concurso y donde tantos y tan calificados asociados han participado en su dilucidación.
Desde luego que también juristas y técnicos, por ejemplo, de la corte electoral e informáticos. También nosotros los periodistas, adoptando actitudes que, sin renunciar al sagrado deber de informar, no transgredan, en aras del halago personal, los también sagrados límites de la ética y de respeto a las fuentes de información, ABC de nuestra profesión.
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