El sufrimiento de Cachimba del Piojo
Esta pavorosa realidad está documentada por los resultados de una encuesta que abarcó al conjunto de 1.294 habitantes y 289 hogares de Cachimba del Piojo, comunidad asentada en una zona que enmarcan el arroyo Pantanoso y los barrios Cadorna, La Isla y Tres Ombúes.
La encuesta, que en diciembre de 2000 realizaron vecinos de la propia comunidad, y cuyos resultados no se habían difundido hasta hoy, reveló un tétrico panorama muy similar al de los países más pauperizados de nuestro planeta.
Sólo la muerte de dos bebés por cada 100 recién nacidos da testimonio de las terribles dimensiones de la situación que sufre Cachimba del Piojo. Son chiquilinas y chiquilines que viven pocas semanas o meses, y en ocasiones apenas algunos días. Uno de sus asesinos es el hambre que heredan en los vientres de madres desnutridas. Otro, las enfermedades muchas veces leves pero que las carencias alimentarias potencian ferozmente en sus organismos ya debilitados desde el nacimiento.
A ese altísimo índice de mortalidad infantil se suman los efectos devastadores de la desnutrición sobre los niños y las niñas que logran sobrevivir, consigna un documento de cuatro páginas que resume los resultados de la encuesta:
«Más de la mitad de los menores de 14 años (55 %) –dice el informe– tiene problemas de peso, déficit en su talla y un notable retardo de su desarrollo intelectual. Se considera que una gran cantidad de estos niños, a causa de la desnutrición, no podrá recuperarse ni física ni intelectualmente».
Un estremecedor porcentaje de estas víctimas vivientes tendrá recursos cerebrales menguados y menos potencialidades biológicas que las personas bien alimentadas, coinciden en señalar especialistas consultados esta semana.
El experto en nutrición Gonzalo Machado Tais alerta:
«Los casos más graves generarán seres subdesarrollados física e intelectualmente, porque la desnutrición impide que las células cerebrales se multipliquen y congela el crecimiento, además de favorecer y agravar en gran medida las enfermedades».
Israel Bagnasco, colega de Machado Tais, añade:
«La desnutrición genera personas débiles, físicamente dismimuidas y afectadas seriamente por lo que la gente define comúnmente como retraso mental. Los niños que nacen de madres subnutridas y se crían en un contexto de pobreza extrema, donde las carencias alimentarias son muy graves, pierden gran parte del potencial de capacidades y habilidades que les permitirían desarrollarse normalmente como seres humanos inteligentes y físicamente aptos».
Pero en Cachimba del Piojo la subalimentación también devora madres a punto de concebir, revela el documento, que incluye información obtenida en la policlínica vecinal. En efecto, embarazadas extremadamente debilitadas por su bajo consumo de nutrientes mueren durante los partos.
Desempleo voraz
El desempleo masivo está en el origen del hambre que aniquila a Cachimba del Piojo. Desde que cerraron los frigoríficos y las fábricas que había en la zona, la desocupación se está tragando a la Cachimba, según demuestran los datos recogidos por la encuesta.
De las 744 personas mayores de 15 años censadas, sólo 137 tienen trabajo pagado. Y el desempleo es aún más grave en el sector formado por las que tienen entre 15 y 45 años. En este grupo, de 298 personas entrevistadas apenas 57 disponen de ocupación retribuida.
El panorama también es desolador en el núcleo de población mayor de 45 años. En este tramo etario, de 446 personas censadas únicamente 80 obtienen ingresos de cualquier tipo de actividad, incluyendo modestos emprendimientos familiares y el servicio doméstico.
Es realmente impresionante el porcentaje de desempleo que develó el relevamiento practicado entre hombres y mujeres de 15 a 45 años, potencial sector laboral por excelencia pero del cual sólo está ocupado poco más del 4 por ciento.
Que el 96 por ciento de esa gente con edad óptima para trabajar no tenga empleo ni posibilidades ciertas de obtenerlo, muestra por qué se han abierto las muy hondas heridas que desangran a Cachimba del Piojo.
Cansados de sufrir
En esta comunidad desgarrada, gran parte de la población infantil está obligada a colaborar con la precaria economía familiar. Como allí casi únicamente la recolección de basura permite ganar algo, uno de cada tres niños es hurgador.
Las condiciones económicas y sociales imperantes conspiran abiertamente contra la escolaridad de la población infantil de Cachimba del Piojo, tal como permitió comprobar el sondeo, que abarcó a 550 niños y niñas de 0 a 14 años de edad.
Los datos recogidos a partir del estudio de los grupos etarios que conforman ese sector, permitió establecer que de él «casi uno de cada cinco niños en edad escolar es analfabeto», subraya el documento.
La prostitución infantil es otro síntoma. Niñas de 14 años venden servicios sexuales en calles y casas, empujadas por los efectos combinados del empobrecimiento cada día más agudo y la falta de perspectivas.
Numerosos suicidios de personas adultas ensombrecen aún más este tétrico estado de cosas. «Se matan porque se cansaron de vivir sufriendo sin ver soluciones para sus hijos y para ellos mismos» , dicen en Cachimba del Piojo.
Sin participación
Como si todo eso fuera poco, la Cachimba padece serios déficit en materia de limpieza pública y saneamiento. Ha sido invadida por ratas gigantescas, recibe directamente aguas servidas que van a dar sobre los terrenos habitados y está contaminada por los desechos venenosos de curtiembres cercanas.
«La Cachimba está olvidada por las autoridades», dicen Luis, Goyo, Celia, Luján, Washington, Luis Edgardo, Gustavo, Yamandú y Uberfil, quienes en grupo reciben a LA REPUBLICA en una casita blanca de la calle Heredia.
Y cuentan:
«Aquí la gente está cansada de llamar a la Intendencia para que venga a limpiar y arreglar esto. Una vez tuvimos que amenazarlos con juntar en baldes el agua con orines y materias fecales que se metía en las casas y tirarla a la entrada del Palacio Municipal. Si no hacíamos eso, no venían. Y después todavía tuvimos que hacer relajo para que limpiaran».
Sostienen que las autoridades municipales deben ocuparse de la situación social de los barrios, donde la gente más pobre soporta problemas de todo tipo. Coinciden en afirmar:
«No nos oponemos a que se invierta dinero en el Carnaval, en embellecer la ciudad, en hacer plazas y fuentes como la que hicieron aquí en la Lafone, que quedó muy linda, pero si nos dan a elegir entre eso y usar el dinero para dar de comer a los chiquilines, no tenga duda de que elegimos darle leche y comida a los chiquilines».
Subrayan que la gente debe participar en la toma de decisiones, para que con autoridades y técnicos municipales los ciudadanos decidan qué se hará en cada zona de Montevideo, el orden de prioridades y cuánto se va a invertir.
Una respuesta
Ese reclamo de participación está en el plataforma del Movimiento de Lucha por Trabajo, que crearon hace poco más de un año en la Cachimba. Esta organización propone la realización de parlamentos callejeros para que en las plazas públicas trabajadores, vecinos, técnicos, políticos y gobernantes comunales discutan y resuelvan qué se hace en los barrios.
Pero el Movimiento va más allá. Plantea, por ejemplo, un amplio plan de obras públicas que abra fuentes de empleo, reducción de la jornada de trabajo a seis horas, sin rebaja de sueldos, para que más gente pueda trabajar, impuesto a los altos ingresos, y, entre otras demandas, creación de nuevas fuentes de ocupación con los 900 millones anu
ales que se destinan al pago de los intereses de la deuda externa.
El Movimiento, explican a LA REPUBLICA, no tiene bandera partidaria:
«Es fruto de la inquietud de gente de muy diversa procedencia. Hombres y mujeres de distintos partidos que no vienen a defender ninguna bandera partidaria sino a tratar de encontrar soluciones para los problemas que sufrimos.
Aquí nadie busca salir edil o diputado, ni nada de eso, ni lograr apoyo para este o aquel político. Esto nació abajo, en gente pobre que se unió al margen de cualquier partido, sin otro interés que el de salir de la situación en que está sumida por el desempleo. Es una respuesta sin color político a lo que está sucediendo. Y aquí en la Cachimba se ve muy claramente lo que está pasando. Gente sin trabajo, chiquilines que pasan hambre, pobreza, muertes por desnutrición. Nos están cercenando el derecho de vivir, de ser felices, y lo que queremos es reconquistar ese derecho».
Hacia la tierra
Uno de los planteos centrales del Movimiento es la autogestión agraria.
Tiene un proyecto para utilizar tierras en las que hoy no se produce, abierto a gente que la quiera trabajar y permanecer o retornar al medio rural.
Esta iniciativa cuenta con el asesoramiento de técnicos especializados y contempla los aspectos ecológicos inherentes a todo emprendimiento agrario:
«Queremos trabajar la tierra sin depredarla, cuidándola como se debe hacer, sin agredirla y respetándola», explican en el local de la calle Heredia. Y agregan:
«Lo que nos proponemos es lograr un pedazo de tierra para crear nuestras propias fuentes de trabajo. Todos sabemos que en Uruguay hay una gran cantidad de campo que no se usa para producir y eso es un crimen. No puede ser que esto esté pasando en un país donde tanta gente vive en la pobreza y pasa hambre.
La tierra debe servir para la felicidad del pueblo, de la gente más necesitada, como quería Artigas, y en eso estamos, tratando de sacar adelante este proyecto».
Plato solidario
Mientras tanto, avanzan en otros planes que ya están concretando. Uno es vender aquí yerba que en Brasil produce el movimiento de los Sin Tierra, y otro está centrado en una quinta vecinal para la población infantil del barrio.
También fabricarán baldosas y ya tienen una cooperativa de servicios integrada por gente experta, desde electricistas hasta carpinteros. «Ponga los teléfonos de la cooperativa. Son 307 28 55 y 307 84 32″, solicitan porque tienen escasas posibilidades de difundirlos masivamente.
Con esas iniciativas intentan aliviar un poco a la gente de esta comunidad que tanto sufre. Con recursos mínimos y a puro pulmón están tratando de vencer al infierno creado por la pobreza. Y aunque los obstáculos son muchos, no se doblegan.
Dentro de muy poco dispondrán de un merendero, primer paso hacia al comedor vecinal que instalarán en el barrio. Allí ofrecerán un plato de comida y una taza de leche calientes todos los días.
El meredendero, para el que están recibiendo donaciones, ya tiene lema y nombre. El lema es «Prohibido pasar hambre». Y el nombre «Profe Basilio», en homenaje póstumo a un querido vecino que, explican con orgullo en la Cachimba, «siempre bregó para que este mundo fuera mejor».
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