Desde el asiento de los bobos

Marketing omnibusero

Por Horacio Buscaglia

Estos últimos días cada vez que subo al ómnibus y le entrego la plata al guarda para pagar el boleto, quedo en tensión esperando que me diga que falta dinero porque aumentó. Por otro lado todavía me quedan «esquirlas» de aquella inocencia infantil que me hacía creer que el que sacaba un boleto capicúa no tenía que pagarlo.

Después de todo, en vez de «regalarnos» esa agresión de los televisores, que se agrega a otras agresiones sonoras, verbales y hasta físicas, podrían dar premios con las numeraciones de los boletos. Y les voy a dar unos ejemplos sin cobrarles nada por el asesoramiento en marketing, merchandising, rating, creating y pong ping, que es el juego de la pelotita y las paletitas pero visto de este otro lado.

Ejemplo 1: aquella persona que adivine los 3 últimos números del boleto que le dieron tiene derecho, durante un mes, a conocer con exactitud el horario que cumple el ómnibus que necesita. Este premio sólo puede ganarse una vez al año.

Ejemplo 2: Todos los poseedores de boletos terminados en 000 podrán exigir una sonrisa o un gesto amable del guarda. (Como se verá, hemos previsto que esto suceda sólo una vez cada mil boletos, para no violentar demasiado la sensibilidad de los guardas.) (Para que el gesto o la sonrisa corresponda al conductor los boletos deben terminar en cuatro ceros) (Los inspectores quedan eximidos de esta obligación, ni con diez ceros lo lográs).

Ejemplo 3: Aquella persona que, a través de la numeración de los boletos, demuestre haber tomado más de 5 veces un ómnibus donde se escucha la radio a todo volumen, tendrá derecho a una «Cura del Sueño» y/o una serie de electroshocks, a la mitad de precio.

En caso de reincidencia se le agregará un tratamiento especial para la restauración y/o recuperación del buen gusto.

Y si a pesar de eso tiene la desgracia de volver a subirse a un ómnibus de esas características, esta persona, si sigue sobreviviendo, se habrá ganado el sagrado derecho a hundir un picahielo en la nuca del conductor, en la frente del guarda o en el aparato de radio propiamente dicho. También puede hundirlo en los tres lugares. Queda a su elección.

Ejemplo 4: Si una persona puede demostrar que nunca fue pungueado, y que ni siquiera lo intentaron con él, que nunca recibió un mal gesto del guarda aun cuando pagó el boleto con 50 pesos, que no esperó más de 30 minutos un ómnibus y que en un día de lluvia el conductor arrimó el ómnibus al cordón para que él descendiera.

Si una persona puede demostrar eso, digo, inmediatamente tendrá que demostrar que vive en Montevideo y que no es el presidente de la compañía de ómnibus en que viaja. Si quedara demostrado la veracidad de sus dichos, hay que seguirlo y jugar a los mismos 5 números que él haya jugado al 5 de Oro.

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