Varios clubes desarrollan actividades acuáticas para recién nacidos

Bebés nadadores

El objetivo fundamental de la matronatación es la estimulación de los reflejos naturales del bebé y facilitar que éste, junto a su madre o padre, encuentren un lugar donde disfrutar juntos, en un medio especial como lo es el agua.

Generalmente, la estimulación acuática comienza a partir de los cuatro meses de vida y se extiende hasta los 30 meses, porque es recién en esta etapa cuando el niño posee suficientes anticuerpos (proporcionados por la leche materna y las vacunas), y cierta maduración cervical que permite un mejor manejo en el vestuario y un fácil traslado en la piscina.

En Francia fue donde la matronatación tuvo su punto de partida, y luego se expandió por el resto de Europa y América. En nuestro país la matronatación se practica desde hace 10 años y hoy en día se desarrolla en varias instituciones deportivas, las que utilizan diferentes técnicas: desde deportivas, lúdicas, hasta psicoterapéuticas, como método para ir recobrando la motricidad natural del bebé.

Lo que se busca a través de esta actividad es estimular la autoconfianza y la creatividad en el bebé, enriquecer su vivencia corporal, afirmar el vínculo afectivo con sus padres, acelerar los procesos de socialización con otros niños y con el docente (lo que permite que se adapte con mayor facilidad a las situaciones distintas que se le presenten), y fundamentalmente que el bebé tenga salud, calidad de vida y bienestar familiar.

«A través de la estimulación acuática, el bebé no aprende a nadar, sino que adquiere una adaptación sensorial de los ojos, la nariz, la boca y el tacto en el agua», afirmó a LA REPUBLICA, Patricia Rodríguez, profesora del Club Biguá de Villa Biarritz, instituación donde se practica la matronatación.

Rodríguez explicó que una vez que el ser humano nace, lo que necesita es respirar y estar en posición vertical y por esta razón se debe adaptar al agua.

Partiendo de la base de que todo aprendizaje en el niño se cumple a través del juego, se trabaja en el agua con diversos objetos como pelotas de goma, aros y materiales didácticos, como son los tapetes de flotación (planchas gruesas de colores) que le permiten al bebé sentirse sustentado en el agua.

«De esa manera, puede gatear sobre los tapetes para ir desenvolviéndose de a poco y lograr una independencia en el movimiento», sostuvo la profesora Rodríguez.

Existen diferentes métodos para trabajar con los bebés en el agua: en el club Biguá se trabaja con la pausa respiratoria, es decir, el bebé se sumerge y sale a respirar.

«No lo tiramos debajo del agua, sino que preferimos que el niño vaya adaptándose de a poco, sintiendo la sensación del agua en la cara para que le guste, y evitar cualquier situación que le provoque una angustia», explicó.

Como forma de ir acostumbrando al bebé al agua, se recomienda que antes de llevarlo a una piscina, se le den baños prolongados en su casa, que juegue con sus juguetes dentro del agua, que le mojen la cara, moviéndole las piernas y las manos.

«En el primer día de piscina se realiza una sensibilización general, haciendo hincapié en los movimientos, en la sensación de desplazamiento y en las tomas dentro del agua que, para el bebé, son fundamentales para su seguridad», aseguró Rodríguez.

«Cuando la madre o el padre tienen ciertos temores o no saben nadar es muy difícil que le transmitan seguridad a su bebé, y eso posteriormente le va a enlentecer el proceso de adaptación a su hijo».

Rodríguez destacó que antes de los 2 años de edad, no es necesario que el bebé utilice flotador porque «al estar con su madre o su padre, éstos no lo van a soltar», excepto cuando el niño montado en una plancha va hacia el otro lado de la piscina. Recién a partir de los 2 años y medio es cuando comienza a utilizar el flotador como una ayuda para desplazarse solo.

Por su parte, Fernando Falero, encargado del Departamento Físico del Club Juventus, dijo a LA REPUBLICA que lo que se busca a través de la matronatación es «generar en el bebé el gusto por el movimiento, aprovechando sus reflejos para iniciarlo naturalmente en el mundo acuático».

«Si hasta los 6 meses de vida el niño no recibe este tipo de estímulos, reflejos que él tenía naturalmente en el vientre de su madre, que es un medio acuoso, se van empezando a perder», comentó.

«De ahí la importancia de la inmersión en el agua, a través de la cual se estimula el reflejo de glotis cerrada en el niño, en el que bloquea su laringe e impide el ingreso de líquido a sus pulmones».

Falero señaló que la inmersión es un punto decisivo porque muchas veces los propios padres deben resolver si su hijo la va a realizar o no.

«La inmersión comienza siempre en forma involuntaria para el bebé, éste no elige introducir su cara en el agua, pero después del año, puede llegar a hacer inmersiones voluntarias él solo», dijo.

Explicó que durante la clase (de media hora de duración), hay una parte dirigida de 5 o 10 minutos, y el resto son los padres quienes trabajan con su hijo.

«Sin embargo, en algunos momentos el profesor trabaja en forma directa con el bebé u orientando a los padres sobre ejercitaciones a realizarse y modos de prevenir un accidente acuático. Incluso se estimula a los padres para que alienten a su hijo, le festejen cosas, y le estimulen los pequeños grandes logros», agregó Falero. A su vez, Beatriz González, profesora del Juventus, destacó también la importancia de la música o de las canciones que les cantan la madre o el padre, como otra forma de estimular al niño en el agua.

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