La violencia es un juego de niños
En la columna de ayer vimos cómo Amnistía Internacional (AI) había denunciado la existencia de varios centenares de empresas destinadas a fabricar instrumentos de tortura. (Se da el gracioso caso de Alemania, por ejemplo, que prohíbe en territorio el uso de muchos de los «instrumentos» que autoriza a exportar.)
Pero también hay empresas que se encargan de crear un «mercado», de preparar consumidores para estos productos.
Son aquellas que, con brillantes colores y mágicos sonidos, ponen directamente en mano de los niños el falso argumento de que la tortura y la violencia son instrumentos naturales del hombre para resolver sus problemas. AI, en otro documento, da ejemplos de juguetes y, sobre todo, de videojuegos que fomentan descaradamente la tortura, los malos tratos, las ejecuciones y matanzas. Estas prácticas se resaltan en el ámbito publicitario como elementos lúdicos especialmente relevantes, que buscan hacer más atractivo el juguete o el videojuego.
«El Guardián de la mazmorra 2″. En este videojuego, el jugador debe construir su propio mundo subterráneo y, como indica el folleto oficial, «en la cámara de tortura puedes disfrutar mostrando a las criaturas rebeldes y héroes, lo equivocado de su conducta. Las criaturas colocadas en la cámara de tortura es probable que se arrepientan, o en todo caso, que revelen algo valioso y mueran». (Todos los subrayados son míos.)
En el videojuego se podrá construir una prisión donde convertir a los enemigos en esqueletos y donde se puede crear una sala de torturas donde se puede extraer todo tipo de información a los supuestos enemigos. Según la publicidad de este videojuego, aparecida en notas de prensa, «el modo de juego «Mi mazmorra de mascotas», permite al jugador crear la mazmorra de sus sueños, con sus salas de torturas preferidas y sin enemigos que impidan el crecimiento de ésta».
En la propia carátula de presentación de este videojuego se le pide al jugador que alimente y entrene sus criaturas para convertirlas en «leales secuaces». Termina este párrafo diciendo «si fallan [los secuaces], pégales para que se sometan». En el folleto oficial de presentación del videojuego se sigue estimulando la práctica de la tortura: «a estas arpías vestidas de cuero les encanta el dolor. Adoran los gritos de los torturados y también les gusta experimentar ellas mismas un poco de dolor. Créeme, un par de turnos empleados en la cámara de la tortura pueden hacer maravillas en la tasa de felicidad de una dama…».
«Army Men: Air Attack». En este videojuego se describen ataques con helicóptero sobre juguetes y se permite que un muñeco de plástico se unte con miel y se le deje caer en un hormiguero.
La publicidad propone: «machaca a los juguetes, hazlos pedazos! ¡No dejes ni uno en pie!»
Y sigue AI analizando cantidad de juegos, y nos encontramos con uno donde matar mujeres embarazadas y ancianos da más puntos que matar otra gente. En algunos casos existen dos versiones de juegos según el nivel de violencia que se requiera, pero las propias empresas desaniman a los jugadores a jugar las versiones menos violentas. En «Carmageddon», en el folleto oficial, se describen tres objetivos y se indica: «puedes elegir entre tres objetivos: disputar la carrera (qué aburrimiento), aplastar a todos los alienígenas o destruir a todos tus contrincantes».
La publicidad de «Carmageddon» incluye un aviso: » Atención psicólogos y prensa sensacionalista: los muertos son zombies«.
Para los niños el juego es la forma que tienen de aprehender el mundo. Por eso, parafraseando a Nicolás Guillén, digo: ¿Quién les dirá cuando crezcan que los hombres no son zombies? Que no lo son. Que no lo son.
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