El público volvió masivamente al Teatro de Verano

Brilló Araca la Cana

A primera hora actuó el conjunto de humoristas Rompecabezas, procedente de la ciudad de Treinta y Tres. Este grupo creemos que salvó decorosamente su debut en el concurso, con entusiasmo y entrega.

Su espectáculo tuvo los déficits lógicos de quienes desconocen en buena medida las reglas del juego y en especial las exigencias de la competencia del concurso, particularmente en la categoría de humoristas. En esta segunda instancia tuvieron, basándose en un mejor trabajo grupal, mayor respuesta del público.

En definitiva, Rompecabezas alcanzó su objetivo de participar del concurso de agrupaciones, incluso de pasar a la segunda ronda, y seguramente habrá cosechado experiencias que bien aprovechadas, podrán ser muy beneficiosas, apuntando a una nueva incursión montevideana en carnavales venideros.

A segunda hora actuó la comparsa Sarabanda, una de las grandes animadoras de la categoría.

Su historia del «Viejo Juan» había resultado muy convincente en la primera rueda y vuelve en esta segunda a ganar al público por la sencillez de su planteo, sin rebuscamientos pero expuesta con convicción y alto nivel artístico. Sarabanda es una comparsa que no se queda en superficialidades y nutre sus espectáculos con textos intencionados, de profundo contenido social. «La historia del Viejo Juan» se inscribe en esta temática tradicional y adquiere singular estatura de denuncia a la falta de horizontes de nuestra juventud, para crecer y desarrollarse aquí, en su casa, entre sus mayores.

Sarabanda presenta un cuidado espectáculo, el que, con muy buenos temas musicales y excelentes interpretaciones solistas, se enmarca en una escenografía funcional y atractiva. El cuerpo de baile funciona correctamente, basándose en una coreografía que lo hace lucir, marcada por Jorge Heller, así como lucen espectaculares tanto Tina Ferreira como Ruth Karina, sus vedettes.

Un punto muy alto resultó la brillante mezcla orquestal y de cuerda de tambores, planteada sobre una partitura excelente de Carlos «Bocha» Pintos, una verdadera joya musical, de espectacular realización y que el público saludó con una verdadera ovación.

En definitiva, Sarabanda sigue en carrera seguramente con altísimo puntaje en esta competencia tan reñida en negros y lubolos.

A tercera hora, el público deliró ante la presencia de Araca la Cana. Es que mayoritariamente los presentes en el Teatro de Verano vinieron al influjo de La Bruta, que sigue siendo uno de los focos de atracción más importantes del Carnaval. Comparte con la gente no solamente el lenguaje, sino dichas y broncas, por lo que el público masivamente acepta la invitación de la murga. Efectivamente, este fenómeno volvió a repetirse en la noche del viernes en el Ramón Collazo.

Araca la Cana fue otra vez un dechado de fuerza, de calidad interpretativa, de solidez. Cocina Márquez volvió a imprimirle un ritmo endemoniado, arreglando el coro alto y fuerte, aprovechando al máximo las condiciones vocales, pero también las anímicas de sus componentes.

Hubo dentro de esa vorágine que resultó la presentación de Araca, participaciones descollantes que fueron vitales en momentos especiales de la actuación. Mónica Santos fue una de ellas, sacando a relucir una garra que impactó. También lo fue Freddy Bessio, no solamente con el bombo, en una batería que anduvo muy bien, sino interpretando un solo soberbio, que hizo vibrar a la platea, que lo aplaudió estruendosamente. Con relación al espectáculo en sí, absolutamente dinámico y atractivo, quiero destacar el cuadro donde se presenta el «Cuplé de la Peatonal», que además de contar con un muy buen trabajo de la murga en sus diferentes personajes, plantea una escenificación de gran atractivo visual, producto de una notable puesta de Luis Trochón.

A no dudarlo, disfruté con Araca la Cana

El cierre fue para Espantapájaros de Medianoche, el conjunto de parodistas del Tano Di Lorenzo y Gilda Gutiérrez, encarando una presentación en la que no se descuidaron detalles, ya que todos los rubros fueron cubiertos con solvencia, pero lo sustancial, la actuación, fue también cubierta con calidad.

Es como ya lo expresamos en la oportunidad anterior, tal vez el mejor año de Espantapájaros. Hay en sus figuras, en particular las que lo acompañan desde el comienzo, una integración vital al grupo y a sus propuestas.

Se da también en quienes hace menos tiempo que participan, tales como Chulín Márquez de apenas dos años en Espantapájaros y sin embargo insertado profundamente en sus propuestas y en su mecánica de trabajo.

Poco puedo variar mi opinión vertida en la primera oportunidad. Simplemente constatar como un hecho concreto la notable parodia de La Vida es Bella, verdaderamente conmovedora, llena de gracia y buen gusto.

También esa segunda propuesta, absolutamente removedora, que cala muy hondo en cada espectador, que apela a los más fuertes sentimientos de solidaridad, generosidad pero también rebeldía y rechazo a la injusticia.

«Sara buscando a Simón» es todo eso y mucho más. Mantengo sinceramente, las mismas dudas: ¿cómo punteará esta actuación el jurado? ¿Cómo encarará esta actuación que se sale de las normas que en general se plantean en las parodias? De todas formas, poco me importa.

El espectáculo me ganó por su coherencia, por su emotividad y esto para mí, es lo verdaderamente trascendente.

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