Ellos, los más puros
El sol daba justo del lado del ómnibus donde yo iba sentado. Tenía la cabeza hirviendo. Y para peor, estaba repleto. Se ve que había agarrado la hora de «los que vuelven de la semana de carnaval», porque se veían muchas mochilas, muchos rostros barbudos o desmaquillados, con ojos cansados. Quizás fue el sol o fue por la envidia que me daba ver a esa gente medio sucia y cansada volviendo de unas vacaciones que yo no tuve, que arranqué pa’mis adentros y allí me volvió la bronca de ver como los EEUU se erigen por decisión propia en Padres y Jueces de la moral, la libertad y la ética, con el beneplácito colaboracionista de la mayoría.
Ellos son quienes deciden, en cuanto a Derechos Humanos, si el comportamiento de un país ha sido bueno o malo. Algunos de éstos se quedan calladitos, otros protestan (si le fue mal, si no, no) y otros se ponen contentos porque The Grand Father los trató bien. ¡Patético!
¡EEUU! Ellos, que no dudan en invadir un país si así conviene a su sacrosanta política exterior, o lanzan misiles, sin previa declaración de guerra, y contra objetivos civiles. Ellos, que mantienen un bloqueo vergonzoso contra el pueblo cubano. Ellos, que han matado y mandado matar a personalidades extranjeras, desde presidentes para abajo a cualquiera, con tal impunidad que hace muy poco un senador republicano propuso hacer Ley el derecho del Presidente de los EEUU a mandar matar a quienquiera, si se entiende peligroso para la seguridad del país. Y lo más interesante es que su argumento, al ser atacado por la prensa, fue modélico. Dijo: «Después de todo, es lo que hemos venido haciendo desde siempre».
Ellos hablan de los DDHH en el mismo momento que están por ejecutar a varios presos y a unos pocos días de absolver a los cuatro policías de Nueva York que dispararon 41 (cuarenta y un) balazos a un joven de 22 años que estaba desarmado.
Los 41 balazos se los dieron cuando éste se disponía a sacar su billetera para mostrar sus documentos.
Claro, hay un detalle atenuante: el joven se llamaba Amadou Diallo y no sólo era negro, además era un inmigrante africano.
Pero lo más interesante de todo es que el mismo día que desde el Olimpo made in USA se juzgaba a otros países por su política en los DDHH, ese mismo día, digo, Amnistía Internacional denunciaba la existencia de más de 100 compañías fabricantes de instrumentos de tortura. Más de 74 de ellas son estadounidenses.
En una parte del informe se dice: «Uno de los implementos más vendidos es una faja eléctrica paralizante, perfeccionada en los Estados Unidos..
La faja causa agudos dolores, pérdida del control muscular, convulsiones, desvanecimiento, defecación involuntaria y otros efectos a largo plazo.
Pero las marcas visibles que produce, desaparecen en pocos días».
Dennis Kaufman, directivo de Stun Tech, de EEUU, fabricante de estos simpáticos elementos, declaró con una sonrisa en sus labios: «La electricidad habla todos los idiomas conocidos por el hombre. No es necesaria su traducción. Todos temen a la electricidad y tienen razón«.
Volví a la realidad porque una joven, sin querer, me pegó con su mochila en la cabeza. Pobre, la miré con tanto odio, pero no podía decirle que en realidad no era por ella. El sol me seguía friendo la cabeza será por eso que no me acordaba si dije Grand Father o Mother Patria o Mother Fucker.
Me quedé tan colgado del tema que capaz que la sigo mañana, con eso te digo todo.
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