Tour mental interruptus

El ómnibus iba desplazándose con la lentitud habitual.

Yo comencé un tour por mi cerebro que arrancó a la misma velocidad del bondi.

Y me desconecté. La cara del guarda que silbaba una canción indescifrable. Fue la última imagen que vi del mundo real. Por suerte, pensé, ni el guarda ni el conductor eran de esos matones que insultan a la gente, especialmente si son mujeres y ancianas, como he visto que han denunciado varias veces en Cartas al Director. ¿Qué le pasa a esa gente? ¿Problemas hormonales? ¿Frustraciones gigantes?

De pronto «vi» a un guarda y a un conductor que le salían las frustraciones por todos los orificios del cuerpo como si fuera pasta de diente pero de unos colores flúo. En fin, torcí el timón de mis pensamientos hacia un lado menos comprometido que ese y pasé rozando el pequeñísimo lugar donde mantenía, en tránsito, algo de lo que leí en la mágica revista «Galería» que se entrega junto con «Búsqueda». Sin duda, un material fuera de concurso para los premios Frivolencios que entre sus recomendaciones para no-quedar-afuera-de-lo-que-se-usa nos dice que «ir a la estancia en turismo» está De Más, así como «casarse en una chacra y que el juez vaya hasta allí».

¿Te fijaste? Hasta a los tilingos les interesan las tareas del campo. No, no hablo de trabajar, sino de aquello de: «Me fascina el trabajo. Es recopado. Me pasaría horas mirando a la gente que trabaja.»

Apreté el pedal para seguir navegando, no sea cosa que me agarre un aire y me quede así, todo «Galeriado».

Hice una mala maniobra y casi me llevo por delante el espacio cerebral donde mantenía guardada la imagen de un niño de 12 años que imitando las peleas de catch que veía en la televisión le causó traumatismos y heridas mortales a una niña de 6 años. Esto sucedió en Miami y el niño pesaba 76 kilos y Tiffany, la niña, solamente 20.

Un forense dijo que las heridas de la niña eran comparables a las que podría haber sufrido cayéndose desde un tercer piso.

Parece que al niño lo juzgaran como adulto, aplicándole el cargo de homicidio en primer grado y por lo tanto puede pasarse el resto de su vida, cadena perpetua, en una cárcel para adultos.

El pasado 8 de febrero en ese mismo estado, Florida, John Silva de 15 años fue condenado de la misma manera por haber estrangulado a Jeery Alley de 12 años.

Los abogados defensores tratarán de lograr un indulto por parte del gobernador de Florida que no es otro que Jeb Bush, pariente del presidente. Apenas me pongo a pensar en los padres y hermanos de las víctimas y de los victimarios, cuando se acelera el tour mental y el propio presi de los EEUU se me viene encima para recordarme que siendo gobernador de Texas supo sustentar una gran cantidad de penas de muerte y hasta la propuesta de castración a los condenados por varios delitos sexuales. (En algún lugar de mi cuerpo, que no era el cerebro, sentí un frío cortante).

Me entero porque hoy hay al menos 15 condenados a varios años, en California, que quieren que los castren para así poder negociar su libertad. Ya que de esa manera demostrarían que no están dispuestos a reincidir.

Texas fue el primer estado en ofrecer este piadoso mecanismo.

En los últimos tres años dos hombres fueron liberados, después de haber aceptado la castración…

El guarda me tocó el hombro para avisarme que estaba llegando a mi parada habitual.

Me bajé y sentí como si adentro de mi cabeza hubiera gente discutiendo. Traté de no pensar en ello.

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