Momento de reflexión y autocrítica
La espesa niebla configura un paisaje casi kafkiano, confundiendo siluetas humanas y los vehículos que transitan a velocidad reducida por las calles céntricas y poco pobladas de Gorlero y adyacencias.
Se prevé, además, lluvia y, por lo tanto, la lógica de los turistas que han ido arribando en las últimas horas admitirá un rodaje sin mayor voltaje, aunque al que ya no le queda demasiado combustible es precisamente a este centro balneario.
Es una obviedad que los pasatiempos de este fin de semana serán para un tramo mayoritario de los jóvenes. Sin embargo, una de las mayores atracciones anunciadas quedó sin efecto, al suspenderse el recital de Natalia Oreiro, previsto para esta noche en el Hotel Conrad.
Otro grupo de gente, más familiar, aceptará la acogedora propuesta del Hotel San Rafael con su clásica cena-show de las 22 horas, que incluirá buffet froid, plato caliente, mesa de postres, bar free y atractivos números artísticos, como el cubanísimo Manolo Sánchez y el Trío Habana y la impecable intérprete Ethel Morales, quien practicará «covers» latinoamericanos con generosa expresividad.
Después la imagen de la masividad la brindarán, sucesivamente, los hipermercados y al mismo tiempo el Punta Shopping con su plaza de comidas, sus tiendas y su excelente complejo cinematográfico Hoyts General Cinema, donde se pueden ver filmes candidatos al Oscar como la irresistible «El tigre y el dragón», la menor pero muy bien actuada «Chocolate», la muy esperada y fortísima «Traffic» del doble candidato Steven Soderbergh (también lo es por «Erin Brockovich», la que ya se puede ver en video, al igual que la favorita «Gladiador», de Ridley Scott), aunque hay otros largometrajes que vienen al dedillo para espantar a la niebla: la comedia casi en tono bizarro del sorprendente Adam Sandler en «El hijo del diablo», el esfuerzo interpretativo titánico de Tom Hanks en «Náufrago» de Robert Zemeckis o el duelo actoral que mantienen Robert De Niro y Cuba Gooding Jr. en «Hombres de honor». Para los que quieran herirse las retinas con una comedia light y de deliberado touch simpático, seguramente optarán por la dupla de Mel Gibson y Helen Hunt en «Lo que ellas quieren».
También para aquellos que quieran escuchar tangos, boleros y melódico internacional, en fin, esa cuota de romanticismo algo anacrónico, la presentará hoy a las 21.30 en la Sala Teatral Nogaró el intérprete argentino Chico Novarro. El individuo, de buen timbre, sigue convocando público y en rigor un auditorio más bien maduro que conoce y reconoce su ya larga trayectoria como intérprete.
Pero más allá de estas propuestas de fin de semana, hay una sensación ya definitoria de clausura de la temporada estival. No hay marcha atrás y el tiempo, digamos el factor climático, le está colocando el sellado del no va más, aun cuando los operadores privados –principalmente los hoteleros y los dueños de tiendas y restaurantes– seguirán con sus tarifas reducidas con el objetivo marcadísimo de atraer gente durante todo este mes de marzo y así poder llegar en mejor forma a la Semana de Turismo.
Y esa sensación de cancelación de la temporada estival o alta no ha quebrado en primera instancia el modelo de destino turístico de «sol y playa», lo cual en este planeta globalizado ya es una dificultad.
Tampoco se ha colocado en el mercado de la mejor forma y no se compitió en el pasado año de la manera apropiada, elemento que habrá que estudiar con técnicos y no a partir de la tradicional cultura de la improvisación.
Si no, Punta del Este seguirá perdiendo competitividad en el marco de las ofertas turísticas regionales y público de gran poder adquisitivo, el que en las dos últimas temporadas veraniegas, por no decir tres.
Ahora es el momento de la reflexión y de la autocrítica. El que salga a decir públicamente que Punta del Este tuvo una buena temporada va a quedar mucho «más » que los niños metiendo los dedos en un enchufe.
La temporada trajo el público que marcó la estrategia publicitaria y los sistemas promocionales, lo que seguramente se reiterará en la próxima temporada.
Sin soslayar para nada la natural belleza puntaesteña, este centro balneario necesita renovar actores (gente con real imaginación y otro porte discursivo) y renovar sus atractivos en el rubro de eventos.
Basta de cháchara y de retórica. Está culminando la temporada estival y se requiere ser autocrítico, en todos los niveles de gestión, se hace imprescindible.
Hay que sincerarse, sin engañarse a sí mismo y esperar que el gobierno le otorgue a la industria turística el sitio que se merece.
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