El regreso a la normalidad
Se mantendrán los planes promocionales con el objetivo de seguir capturando turistas de weekend.
Como era previsible, luego del fin de semana largo por las festividades de Carnaval, Punta del Este redujo su capacidad de veraneantes en un número más que considerable y vaya si se podía percibir en el tránsito más sereno y en el poco público playero.
Al caer la tarde del ayer, por cierto, las imágenes atestadas de gente en tranco netamente familiar en la zona céntrica de Gorlero y alrededores, además de la insoslayable visita al Punta Shopping y también a las áreas más que atractivas del puerto puntaesteño, se diluyeron progresivamente hasta regresar a esa normalidad que marcó este oscilante mes de febrero.
Imágenes casi despobladas, imágenes sosegadas y distendidas prácticamente como clarísimo ejemplo de clausura de esta alta temporada que, como ya se ha dicho, en la mayoría de los casos ha dado –en términos de rentabilidad– porcentajes de empate, ganancias mínimas y de pérdidas. No hay punto de retorno ni vuelta de tuerca en este asunto que viene para ser discutido por todos los operadores privados con extrema severidad ya que, en la visión entre escéptica y realista de muchos de ellos, ya se tendría pérdida la próxima temporada estival –en una lectura de largo alcance, claro está– si se mantiene esta política promocional que se implementó para este verano con precios mucho más bajos con el solo propósito de arrimar fuego (muchos veraneantes, en particular uruguayos) a los calores, a las playas y eventos puntaesteños. Si la próxima temporada se vuelve a tener el mismo tipo de público, según la visión de los operadores privados, no se podrán sostener ciertos comercios. Es asunto delicado ya que no se sabe si en invierno podrán aguantar abiertos muchos de aquellos que habitualmente lo hacen. A todo esto súmese a este alarmante número: una treintena de comercios menos que, en la Avenida Gorlero, no abrieron sus puertas. Se insiste: es asunto delicado y habrá que ser riguroso entonces en el análisis y por encima del triunfalismo facilista de las cifras que se dieron en frío y como índice de mayor consumo.
Lo cierto es que, a la escritura de estas líneas, la capacidad hotelera en su globalidad ha reducido su ocupación prácticamente en un cincuenta por ciento. O sea que la masividad del fin de semana y el incesante ir y venir, la dinámica algo vertiginosa y de texturas coloridas y estridentes, ya fueron o ya era, como se dice en el argot cotidiano, porque los múltiples veraneantes uruguayos regresaron a casa, más concretamente a trabajar.
Los brasileños arribaron en cantidades menores a las estimadas por los operadores y, si bien se palpó su buen poder adquisitivo, fueron un suspiro por este centro balneario. Quedan algunos, poquísimos que concurren a las playas y a la noche al casino. Quedan, desde luego, argentinos que estirarán sus estadías hasta el próximo fin de semana. Pero, aquí y ahora, Punta del Este dispara imágenes tan ventosas como pálidas y sin el público que satisfaga las necesidades de la vasta red comercial.
Era de esperarse. El fin de semana pasado se lo vivenció a tope en diversos sitios de la península, de San Rafael, del puerto y hasta de la alicaída La Barra y se trabajó fuertemente en todas las áreas de la estructura que hace a este destino turístico pero ya pasó el minifrenesí, de modo que ahora persistirán los planes promocionales en el ámbito de la hotelería y los menúes turísticos en la red gastronómica, aunque la pulseada la siguen monitoreando a su antojo los hipermercados.
Esta relación de lógica en el andar turístico, de porcentajes y desde luego de proyecciones son prácticamente equivalentes para un centro balneario como lo es, evidentemente, Piriápolis. Según voceros de la Comisión Fomento y Turismo del balneario de Piria, los índices de consumo y de caudal turístico también treparon en relación a la temporada anterior, pero todo se debió a la política de adecuación tarifaria. Con lo que en términos de rentabilidad, el tema es casi un espejo de Punta del Este. Esto significa que la mayoría empataron y, los que ganaron, se cuentan con los dedos de la mano.
Este próximo fin de semana será capital en cuanto si realmente se clausura la temporada estival o se alargará en un mes de marzo que climáticamente será favorable para aquellos que tendrán licencia por esos días y deseen, entonces, largarse a vacacionar. Los planes promocionales, en efecto, continuarán en la tarea obvia de captura de turistas y se tratará de mantener una política de eventos que sea ganchera y todo siga hasta Semana Santa o Semana de Turismo, espera que desespera o al menos perturba a estos operadores privados que sembraron (bajaron los precios como solicitaron las autoridades nacionales y departamentales) pero no cosecharon como pretendían.
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