Presencia y espectacularidad
Desde las bufonescas evoluciones de Arlequín y Colombina, dando inicio al espectáculo de elección de las reinas, hasta el mismo cierre, su desarrollo resultó ágil y estéticamente muy atractivo.
Todo el evento fue además enmarcado por el entusiasmo y alegría del público, punto alto de la noche del domingo en las canteras del Parque Rodó.
Los tres desfiles de las participantes en vestuarios diferentes fueron sumamente celebrados. Se apreciaron en las tribunas verdaderas barras de aliento para cada participante, según fuera el barrio al que representaba.
Todo el acompañamiento musical estuvo realizado a través de grabaciones de artistas nacionales con ritmos que se adecuaban a cada cuadro. Se destacaron los dos más importantes del carnaval, con raíces muy profundas en nuestra historia cultural: el candombe y la murga, ambas categorías representadas directamente en el escenario.
Nelson Mancebo, director artístico del evento, concibió la participación tanto de una como de otra con vestuarios totalmente blancos. Se destacaron en murgueros (y murgueras) los maquillajes tradicionales sobre sus rostros.
La primera actuación ambientando la presentación de las aspirantes a reinas del carnaval la realizó la murga femenina (con batería masculina) La Bolilla que Faltaba, que dio un toque muy atractivo al inicio mismo del espectáculo.
Como introductora a las candidatas a reinas de las Llamadas estuvo la cuerda de tambores de Yambo Kenia y junto a ella una pareja de Mama Vieja y Gramillero integrada por Esther Arrascaeta y Carlos Vilela. También alternaron en el escenario dos de las más espectaculares vedettes de nuestras comparsas, Lola Acosta y Tina Ferreira, que aportaron no solamente su belleza sino una gran cuota de entrega e histrionismo, para componer un cuadro de competencia «candombera» sumamente disfrutable.
Este cuadro, junto con la actuación de Yambo, se constituyó en uno de los puntos más destacados de la noche del Ramón Collazo. También lo fue la intervención de las dos baterías de murga, la de La Bolilla que Faltaba y de La Margarita, ambas con sus directores al frente que se prestaron sin reticencias y con gran nivel a jerarquizar el segundo desfile de las aspirantes a reinas del Carnaval.
Un cuerpo de bailarines ambienta el gran cierre en el que participan todas las chicas en vestuarios de noche, diferenciados solamente en el color según el cetro en disputa. Este «enredo» final a todo ritmo y luz permitió la deliberación de los jurados, lo que evitó las tradicionales tensas y tediosas esperas por el fallo, tan común en estos eventos.
Casi en simultáneo con el final de este cuadro, Alejandra Labraga, ataviada en concordancia con la fiesta que se celebraba, instalada ya en el escenario, fue dando a conocer con sobriedad, sin los habituales y exagerados toques de suspenso las diferentes ganadoras, mientras el público de pie saludó cada nominación.
Tanto la coronación como la posterior celebración colectiva mantuvieron la cuota de alegría y entusiasmo con que se inició. No faltó a la cita el entoldado de hermosos fuegos de artificio como culminación de una ceremonia de gran nivel que prestigia al Carnaval todo.
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