Turbonada afectó a la cuarta parte de los pobladores de Migues

El día después

A las 18.00 horas del sábado 27, los habitantes de Migues descansaban tras una agobiante jornada de calor. A esa hora se levantó viento y comenzó un fuerte temporal de escasa duración. Lluvias y rachas de más de cien kilómetros por hora recorrieron la pequeña localidad canaria, ubicada en las cercanías del límite con Lavalleja.

Diez minutos después, el noreste del pueblo estaba en ruinas. Los humildes barrios Silva y Porvenir experimentaron las graves consecuencias del tornado. A la mañana siguiente hubo una reunión entre las fuerzas vivas de la zona y el Comité Nacional de Crisis, que instrumentaron distintos planes de trabajo en los que participan representantes del Ministerio de Defensa, la Jefatura de Policía de Canelones, el gobierno departamental, UTE y Antel.

Según un informe elaborado por la Intendencia Municipal de Canelones, 550 personas –349 mayores y 201 menores– fueron perjudicadas. Hubo 154 viviendas afectadas, de las cuales 74 sufrieron voladuras totales de techos y 64 voladuras parciales, mientras que siete fincas resultaron totalmente derrumbadas. Migues, según el último censo, cuenta con 790 casas. Los servicios de luz, agua y teléfono estuvieron varias horas interrumpidos.

Los bomberos acordonaron el exterior de la parroquia Nuestra Señora del Carmen y prohibieron su entrada por «peligro de derrumbe». Desde ese día, y tras suspender la misa prevista, el sacerdote Miguel Angel lleva a cabo las celebraciones religiosas en el Colegio San José.

Pocas horas más tarde del siniestro, comerciantes, representantes de la comuna canaria e integrantes de las fuerzas vivas y de la Iglesia formaron una comisión con el objetivo de «coordinar esfuerzos tendientes a superar las consecuencias de la turbonada», según señala su primer comunicado.

Anoche, los miembros de dicha comisión se reunieron con los diputados frenteamplistas José Carlos Mahía y Edgar Bellomo, los dirigentes del Encuentro Progresista Víctor Vaillant y Víctor Semproni y los ediles Miguel Bengasi y Nelson Fontes, quienes comprometieron el apoyo de esa fuerza política a los vecinos movilizados para «restaurar» Migues.

En horas de la mañana, el ministro de Vivienda, Carlos Cat, recorrió la zona. Mientras tanto, el director de Vivienda, Bernardino Ayala, constituyó un despacho en la localidad junto a un equipo de técnicos, arquitectos y asistentes sociales, a los efectos de apoyar el trabajo de reconstruccion de las viviendas.

Panorama desolador

Viviendas destrozadas, chapas abrazadas a columnas y árboles caídos eran las imágenes que pautaban la pasada jornada. Hombres, mujeres y niños juntaban aquellas cosas que lograron salvar del temporal y miraban desconsolados los escombros de sus fincas, mientras que camionetas particulares recorrían las calles transportando alimentos y vestimentas.

En la junta local, el subdirector municipal de bienestar social, Gustavo Espinoza, y la edila del Foro Batllista, Ana de Armas, coordinaban junto a la secretaria de la oficina, Janet Cedrés, la recepción y entrega de donaciones. A la vuelta de la cuadra, la discoteca «La Cascada» oficiaba de comedor. Allí, efectivos de la Unidad de Artillería Antiaérea preparaban, con los alimentos aportados por la comuna, la cena para aquellas personas que quedaron sin casa.

En el barrio Silva, la sicóloga Rosario Cardoner anunció a LA REPUBLICA que el Centro de Atención a la Infancia y la Familia (Caif) de Migues «brindará asistencia sicológica y social a los niños que vivieron este fenómeno». «Los afectará y debemos ayudarlos», manifestó la profesional.

Testimonios

Marisel Rocha, vecina del barrio Silva y madre de seis hijos, relató a LA REPUBLICA la traumática experiencia de aquella tarde. «El niño volaba, y cuando miré hacia arriba el techo no estaba», señaló, destacando que su primera reacción fue empujar una pared de su precaria finca y escapar junto a los niños. Desde entonces, el matrimonio y los pequeños duermen en una casa cercana.

A pocos metros, el lugareño, Luis Caraballo aseguró que perdió todo. El viento tiró varias paredes, dejó en pie apenas una pequeña habitación que fue cubierta con chapas. «Estoy ahí, pero ni duermo», comentó.

Algunas cuadras más adelante, una señora anciana, Modesta González, recordó que a las 18.00 del pasado sábado estaba en su finca junto a sus tres nietos, esperando que su hija llegara de trabajar. «En determinado momentó sentí un estampido en la ventana y luego todo volaba», dijo mientras señalaba el techo de chapas de zinc y cielo raso de paja que permanecía dispersado en el frente.

Mientras tanto, Jacinta Calastretti, una mujer que vivía sola en una antigua casa, buscaba sus pertenencias entre los escombros. «No quedó absolutamente nada», indicó. La vecina afirmó que solicitó materiales en la Junta Local, pero al atardecer de ayer seguía esperando.

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